Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

lunes, 12 de octubre de 2026

Reflexión del Evangelio de Hoy...

 Lunes 12 de octubre del 2026.


Buscamos milagros en el cielo mientras ignoramos las certezas que tenemos frente a nosotros. Vivimos exigiendo pruebas, pero somos ciegos a la grandeza de nuestro presente.

​Piensa en alguien que usa su teléfono para iluminar una habitación oscura mientras busca desesperadamente una linterna. Tiene la luz en sus propias manos, pero su obsesión por encontrar lo que cree necesitar le impide usar lo que ya posee.

​A menudo hacemos exactamente lo mismo con nuestras decisiones. Pedimos señales evidentes, fuegos artificiales o un mensaje espectacular que nos confirme que estamos en el camino correcto.

​Nos frustramos cuando todo parece guardar silencio. Pero el problema no es la falta de respuestas, sino nuestra necedad al no reconocerlas porque no vienen envueltas como nosotros exigimos.

​La vida nos habla todos los días. En la paz de una mañana, en el consejo de alguien que te quiere o en esa intuición que te pide cambiar el rumbo. Exigir luces de neón solo te distrae de la brújula que ya llevas dentro.

​Aquí radica la esencia del evangelio de Lucas 11, 29-32. Jesús observa a una multitud que le exige señales grandiosas para poder creer, ignorando por completo quién les está hablando en ese momento.

​Él les recuerda cómo civilizaciones pasadas cambiaron su vida escuchando a Jonás o admirando la sabiduría de Salomón, sin pedir pruebas mágicas. La multitud tiene a alguien infinitamente mayor frente a sus ojos, pero su terquedad los mantiene en la oscuridad.

​Deja de esperar el momento perfecto o una señal deslumbrante para dar ese paso necesario o valorar lo que tienes. Observa bien tu entorno, asume tu responsabilidad, porque la gracia que tanto buscas ya está caminando contigo.



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