Madre de mi Dios, Reina de los Ángeles,
Abogada de los pecadores,
Refugio y Consuelo de los afligidos y angustiados.
Oh Santa Virgen, preserva a esta pobre sierva tuya,
esta casa y sus habitantes,
de la plaga, el hambre, la guerra,
las tormentas y todos los peligros
y males que pueden afectarnos.
Concédenos que nos guíen en todos nuestros asuntos
espirituales y temporales;
libéranos de las tentaciones del diablo,
para que, siguiendo el camino de la virtud,
a través de las méritos de tu pura virginidad
y la preciosa Sangre de tu Hijo,
podamos ver,
amar y disfrutar de la gloria eterna
por los siglos.
Amén.

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