Martes 20 de octubre del 2026.
Hay momentos que definen nuestra vida, no por lo que pasa, sino por cómo nos encuentran. La diferencia entre perder una oportunidad o abrazar un milagro radica en una sola cosa: estar despiertos.
Piensa en esa persona que aguarda en la terminal a un amor que no ve hace años. No está pasiva. Su cuerpo entero está atento, con los sentidos afilados, buscando ese rostro entre la multitud para correr a su encuentro.
Esa tensión vital es lo que da sentido a los días. Hoy caminamos adormecidos por la rutina, deslizando la pantalla del celular sin ver a quien tenemos enfrente. Se nos va el tiempo esperando situaciones ideales mientras ignoramos el presente.
La verdadera vigilancia no es ansiedad, es un amor atento. Es tener la luz encendida en el alma cuando escuchas a tu familia, cuando decides comprender en lugar de discutir, cuando haces bien tu trabajo aunque nadie te aplauda.
Ahí, en la normalidad de lo cotidiano, es donde ocurre lo más grande. Quien vive atento a su entorno, descubre que la gracia siempre está buscando entrar. Solo hace falta estar preparado para quitar el cerrojo.
Aquí cobra sentido el mensaje de Lucas 12, 35-38. Jesús nos pide estar listos, con la túnica puesta y las lámparas encendidas. La promesa es inmensa: a los que encuentre en vela, el mismo señor los hará sentarse y les servirá la mesa, llegue a la hora que llegue.
Hoy, sacúdete la inercia. Enciende tu nivel de atención y haz que tu próxima acción, por pequeña que sea, esté llena de propósito. Escucha de verdad a quien te hable hoy y mantente alerta para dar lo mejor de ti justo en el lugar donde estás.
Fuente:Seguidor de Jesús

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