¿Te has fijado en que es difícil entrar en una iglesia, un convento o una casa religiosa sin encontrar una imagen del Corazón de Cristo?
No es casualidad. Detrás hay una historia muy interesante.
1️⃣ La devoción al Corazón de Cristo no nació con santa Margarita María de Alacoque.
Mucho antes ya encontramos la contemplación del Corazón traspasado de Cristo en santos como san Buenaventura, santa Gertrudis, san Francisco de Sales o san Pedro Canisio.
La raíz está todavía más atrás: en el Evangelio.
«Mirarán al que traspasaron» (Jn 19,37).
2️⃣ Incluso antes de las grandes revelaciones de Paray-le-Monial, san Juan Eudes había impulsado litúrgicamente esta devoción.
En 1672 promovió una fiesta en honor del Corazón de Cristo.
Las grandes revelaciones a santa Margarita María comenzarían al año siguiente.
3️⃣ ¿Qué sucede entonces con santa Margarita María?
Entre 1673 y 1675, Cristo le manifestó repetidamente su Corazón y le mostró de manera extraordinaria su amor por los hombres.
Con ella la devoción recibió un impulso enorme.
Y quedaron especialmente subrayadas dos palabras:
amor y reparación.
4️⃣ Pero aquí conviene hacer una precisión importante.
Las revelaciones de santa Margarita María no se convirtieron en Magisterio.
La Iglesia distingue entre la Revelación pública, que culmina en Cristo y pertenece al depósito de la fe, y las revelaciones privadas.
Estas pueden ayudar a vivir mejor el Evangelio, pero no añaden una nueva verdad a la fe.
5️⃣ Lo verdaderamente impresionante es que la Iglesia comprendió que aquello que santa Margarita María había contemplado no era una devoción marginal.
Expresaba algo que estaba en el centro mismo del cristianismo:
Dios nos ha amado con un corazón humano.
El Corazón de Cristo es el Corazón del Verbo encarnado.
Es el amor de Dios hecho visible, humano, herido y traspasado por nosotros.
6️⃣ Hay además un dato muy significativo.
La Santa Sede aprobó la celebración litúrgica del Corazón de Cristo antes incluso de aprobar los escritos de santa Margarita María.
En 1765, Clemente XIII autorizó la fiesta para determinados lugares.
Es decir, Roma no se limitó a decir:
«Como hubo unas revelaciones privadas, aprobamos esta devoción».
La cuestión era mucho más profunda.
7️⃣ La Iglesia reconoció que el culto al Corazón de Cristo brotaba de la Escritura, de la Tradición, de la liturgia y de la doctrina sobre la Encarnación y la Redención.
Las revelaciones privadas ayudaron poderosamente a poner todo aquello ante los ojos del pueblo cristiano.
Pero no eran el fundamento último.
8️⃣ Después llegó la expansión definitiva.
En 1856, el beato Pío IX extendió la fiesta del Corazón de Cristo a toda la Iglesia.
Y desde entonces la devoción se difundió de manera extraordinaria por parroquias, conventos, seminarios, colegios y hogares católicos.
9️⃣ Más tarde, en 1899, León XIII consagró solemnemente el género humano al Corazón de Cristo.
A esas alturas, esta devoción había quedado profundamente incorporada a la vida espiritual de la Iglesia.
🔟 Por eso hay imágenes del Corazón de Cristo en todas partes.
No es simplemente una moda piadosa de los siglos XVIII o XIX.
Detrás hay Escritura, Tradición, santos, liturgia y un largo desarrollo del Magisterio pontificio.
Santa Margarita María no inventó el Corazón de Cristo.
Ayudó a la Iglesia a volver a mirarlo.
Y quizá por eso esta devoción no envejece.
Porque mientras el hombre necesite saber que Dios le ama, seguirá teniendo sentido mirar aquel Corazón abierto por la lanza.
No es sólo una imagen.
Es el Corazón verdadero de Jesucristo, Dios y hombre, que «me amó y se entregó por mí» (Gál 2,20).
Fuente:https://x.com/SacerdosMariae

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