«En Cristo resucitado, la vida y el amor han triunfado para siempre».
Señor mío y Dios mío, Tú que conoces lo más profundo del corazón humano, acércate a quienes hoy sufren, a quienes lloran en silencio y a quienes apenas encuentran palabras para expresar su dolor.
Jesús misericordioso, Tú que lloraste ante la muerte de tu amigo Lázaro y abrazaste libremente el sufrimiento de la cruz, haz sentir tu cercanía a quienes atraviesan momentos de profunda tristeza. Que encuentren en Ti el consuelo que el mundo no puede dar y la esperanza que ni siquiera el dolor puede apagar.
Santísima Virgen María, Madre Dolorosa, Tú que permaneciste fiel junto a la cruz de tu Hijo, acompaña con tu ternura maternal a quienes tienen el corazón herido. Intercede por ellos para que, aun en medio de las lágrimas, no pierdan la confianza en las promesas de Dios.
San Juan Pablo II, testigo de la dignidad del sufrimiento vivido en unión con Cristo, ruega por quienes padecen en el cuerpo y en el alma. Santa Teresa de Calcuta, que reconociste el rostro de Jesús en los más necesitados, intercede para que nunca falten manos generosas que consuelen, acompañen y amen.
Padre eterno, cuando el dolor parezca más grande que nuestras fuerzas, recuérdanos que tu amor permanece fiel. Que nuestra fe no dependa de comprenderlo todo, sino de confiar en Aquel que ha vencido al pecado y a la muerte.
Y que, al contemplar la cruz de tu Hijo, jamás olvidemos que el sufrimiento no tiene la última palabra, porque en Cristo resucitado la vida y el amor han triunfado para siempre.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Fuente:FE y más FE.

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