Hay momentos en los que ya no sabes qué decir.
No tienes palabras, no tienes fuerzas, no tienes explicaciones.
Solo entras a la iglesia…
te arrodillas frente al Santísimo
y lo único que sale de ti son lágrimas.
Y aunque parezca que tocaste fondo,
en realidad estás en el lugar más seguro:
a los pies de Aquel que entiende lo que ni tú puedes expresar.
Porque cuando el corazón ya no puede orar con palabras,
Dios recibe las lágrimas como oración.
Si hoy te sientes así, no estás débil.
Estás siendo sostenida.
El Santísimo no se escandaliza de tu dolor.
Lo abraza.
Deja aquí tu intención. Hoy la ofrecemos ante Jesús Eucaristía.

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