Fue un mártir.
Antes de flores, chocolates y tarjetas, hubo un hombre real: un sacerdote cristiano del siglo III, en una Roma donde amar como Cristo costaba la vida.
San Valentín vivió en tiempos del emperador Claudio II, cuando el poder decidió que los soldados no debían casarse. El amor fiel estorbaba. El matrimonio era visto como debilidad.
Y ahí, en silencio y con valentía, Valentín hizo algo profundamente revolucionario: defendió el amor cristiano.
Casaba a los enamorados en secreto.
Protegía el sacramento del matrimonio.
Recordaba que el amor no es uso ni conveniencia, sino entrega, fidelidad y promesa.
Por eso fue arrestado.
Por eso fue condenado.
Y por eso murió el 14 de febrero.
No murió por romanticismo.
Murió por amar a Cristo y por creer que el amor verdadero vale más que el miedo.
Con el paso del tiempo, la Iglesia conservó su memoria. Y el mundo, poco a poco, fue olvidando el martirio… pero no pudo borrar el nombre.
Así nació el “Día de los Enamorados”, que en su origen no celebraba emociones pasajeras, sino un amor que se da hasta el final.
Hoy san Valentín nos hace una pregunta incómoda y hermosa:
¿Qué tipo de amor estamos viviendo?
Porque amar, según Cristo, no es solo sentir.
Es cuidar.
Es respetar.
Es ser fiel cuando cuesta.
Es entregarse sin usar al otro.
Que este día no pase vacío.
Que vuelva a tener alma.
Que san Valentín nos enseñe a amar como se ama en el Evangelio.
San Valentín, enséñanos a amar con verdad, con fidelidad y con un corazón capaz de darse por completo.
Si este mensaje te tocó, compártelo.
Tal vez alguien necesite recordar qué es amar de verdad.
Fuente: Vivir Como Santos
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por dejar tu comentario, me alegra el alma