Señor Dios Todopoderoso, Padre eterno, en el nombre de Tu Hijo Jesucristo y bajo la acción del Espíritu Santo, me acerco hoy a Ti con humildad para pedirte que purifiques mi corazón de todo orgullo, vanidad y apego desordenado a mi propio ego.
Hazme comprender que sin Ti nada soy y que toda gracia, talento y bien que poseo procede únicamente de Tu amor misericordioso.
Líbrame, Señor, de todo orgullo que oscurece el alma, de toda tentación de autosuficiencia que me aparta de Ti y de toda influencia del mal que busca sembrar soberbia en el corazón.
Concédeme también la luz interior para reconocer cuándo el orgullo comienza a crecer en mí: cuando busco ser exaltado, cuando me resisto a corregirme, cuando me cuesta servir en silencio o aceptar la verdad con humildad.
Jesús, manso y humilde de corazón, enséñame a vivir en la verdad, a reconocer mis límites, a servir sin buscar reconocimiento y a alegrarme cuando otros crecen, triunfan y avanzan.
Que mi vida no busque ser exaltada, sino que refleje Tu presencia y Tu bondad en cada pensamiento, palabra y acción.
Espíritu Santo, luz que ilumina el interior del alma, rompe en mí toda soberbia escondida, toda autosuficiencia y toda dureza de corazón, y concédeme la gracia de la sencillez, la docilidad y la verdadera humildad que agrada al Padre.
Santísima Virgen María, Madre humilde y obediente, intercede por mí para que aprenda a decir cada día “hágase en mí según Tu palabra”, y ayúdame a vivir sin buscar mi propia gloria, sino la gloria de Dios en todo momento.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
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