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viernes, 20 de febrero de 2026

Cuaresma...ayuno y la abstinencia

 La Cuaresma nos vuelve a recordar algo que nunca pasa de moda: el ayuno y la abstinencia no son caprichos antiguos, son pedagogía de la Iglesia.


1️⃣ El viernes es día penitencial todo el año.

No solo en Cuaresma. El Código de Derecho Canónico lo dice con claridad: “Todos los viernes del año, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne” (c. 1251).

En España, fuera de Cuaresma, puede sustituirse por otra obra de penitencia, caridad o piedad. Pero el viernes sigue siendo viernes. No es un día neutro.

2️⃣ En Cuaresma la abstinencia no se sustituye.

Los viernes de Cuaresma la abstinencia obliga. No es opcional ni intercambiable. La Iglesia nos quiere unidos en un mismo gesto penitencial. No cada uno lo que le apetezca, sino todos lo mismo. Eso también educa.

3️⃣ ¿Y el ayuno?

El ayuno obliga el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo (c. 1251).

Ayuno significa una sola comida fuerte al día, con dos pequeñas colaciones si es necesario. Abstinencia significa no comer carne.

Es sencillo, nada dramático, nada heroico, pero sí real.

4️⃣ ¿Por qué el viernes?

Porque es el día de la Pasión del Señor. Cada viernes es memoria de la Cruz. No solo el Viernes Santo.

Por eso la Liturgia de las Horas nos pone el Miserere (Salmo 50): “Misericordia, Dios mío, por tu bondad”. Cada viernes la Iglesia reza con tono penitencial. No es casualidad.

5️⃣ El Evangelio de hoy lo explica.

En Mc 2,19-20, el Señor dice: “Llegarán días en que les arrebatarán al esposo; entonces ayunarán”.

El ayuno nace de la ausencia del Esposo. Es deseo, es espera, es amor herido que anhela la plenitud.

No es dieta, no es estética: es eclesial.

6️⃣ El ayuno nos une.

Cuando la Iglesia ayuna, no ayuno solo. Ayuna el Cuerpo de Cristo.

Hay algo profundamente cristiano en hacer lo mismo que millones de fieles hoy. La misma abstinencia, el mismo gesto, la misma súplica. Es comunión concreta.

7️⃣ El sentido verdadero.

Isaías 58 lo deja claro: el ayuno que agrada a Dios rompe cadenas, comparte el pan, convierte el corazón.

El Catecismo enseña: “Los días y tiempos penitenciales (…) son momentos fuertes de la práctica penitencial de la Iglesia” (n. 1438).

La penitencia no es tristeza, es libertad.

8️⃣ Una advertencia necesaria.

Reducir todo a “yo lo cambio por otra cosa” acaba vaciando el signo.

La Iglesia no nos propone penitencias extravagantes. Nos pide algo sencillo y común. Precisamente por eso es humilde, obediente y profundamente eclesial.

9️⃣ Hoy, viernes de Cuaresma.

La misa, las oraciones, el tono litúrgico, el Miserere… todo nos sitúa ante la Cruz.

Ayunar y abstenerse no es mirar al plato: es mirar al Crucificado.

Y esperar al Esposo.






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