Cuando tomas el Rosario, el cielo escucha.
No es solo un conjunto de cuentas.
Es una oración que atraviesa el tiempo.
Es un susurro del corazón que llega directo al cielo.
Cada Ave María es una súplica.
Cada Padre Nuestro es un acto de confianza.
Cada misterio es una lección de amor, dolor, entrega y esperanza.
El Rosario es el arma del creyente cansado, el refugio del corazón herido, la fuerza silenciosa de quien no se rinde.
Cuando rezas el Rosario, María camina contigo.
Te toma de la mano y te conduce suavemente hacia su Hijo.
En el Rosario encuentras paz cuando todo duele.
Encuentras luz cuando no ves salida.
Encuentras consuelo cuando las palabras ya no alcanzan.
Hoy, toma tu Rosario. Aunque sea un solo misterio.
Aunque sea con distracciones. Aunque sea con lágrimas.
Dios no busca perfección…busca un corazón que confíe.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros.
Amén

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