Jesús, después de haber dicho “No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento”, insiste “Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice” (Mt 5,17-18).
Es lo mismo que si hubiera dicho: es imposible que la Ley no sea cumplida. Es necesario que ella sea observada hasta la mínima iota. Es lo que hizo Jesucristo, cumpliéndola perfectamente. Con razón hace alusión a la transformación del mundo. Así quiere elevar el espíritu de los auditores y hacerles comprender que los quiere hacer entrar en una vía más perfecta. Ya que toda la creación está destinada a ser transformada y el género humano está llamado a otra patria y a una vida sublime. (…)
Escuchen lo que sigue. “Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos” (Mt 5,20). (…) Esta abundancia de justicia de escribas y fariseos, consistía en no ponerse en cólera y no tener una mirada impura hacia una mujer. ¿Por qué Jesucristo recordaba esos pequeños preceptos, aunque fueran en realidad tan grandes y elevados? Porque él era el autor. Tal como se humillaba en todo y con gran modestia nunca hablaba de sí mismo, Jesucristo guardaba la misma conducta en cuanto a sus preceptos, para enseñarnos a ser modestos en todo. Además, para que no pensaran que establecía nuevas leyes, trataba de alejar esta sospecha con la humildad de sus palabras.
San Juan Crisóstomo (c. 345-407)
presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia
Homilía XVI (“Œuvres complètes”, Bar-le-Duc, L. Guérin & Cie,1856), trad. sc©evangelizo.org
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