Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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ACI prensa

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

martes, 24 de diciembre de 2019

Ven pronto Señor Jesús


Ven pronto Señor Jesús, mi corazón te ansía, no tardes más. Ven pronto Señor Jesús, sol que naces de lo alto, ven calienta mi corazón y al mundo que muere de frío por tanta indiferencia y desamor, ven abríganos con tu amor. Ven pronto Señor Jesús, disipa las tinieblas del pecado e ilumínanos con tu luz, danos la paz que sólo tu puedes dar. Ven pronto, Niño Jesús, enséñame a vivir la humildad, a hacerme pequeño y no querer aparentar. Ven Hermoso Niño, enséñame a amar, ven a salvarnos ven no tardes más. Ayúdame Dios, a preparar mi corazón como María y José, para recibir al Niño Jesús con amor, alegría y esperanza.
Amén.

Padre Sam
www.padresam.com

Falta poco...

Ya está por Nacer El Mesías! Nuestro Rey 👑! 

domingo, 22 de diciembre de 2019

“El amor se manifiesta con hechos”


Llégate a Belén, acércate al Niño, báilale, dile tantas cosas encendidas, apriétale contra el corazón... No hablo de niñadas: ¡hablo de amor! Y el amor se manifiesta con hechos: en la intimidad de tu alma, ¡bien le puedes abrazar! (Forja, 345)


Es preciso mirar al Niño, Amor nuestro, en la cuna. Hemos de mirarlo sabiendo que estamos delante de un misterio. Necesitamos aceptar el misterio por la fe y, también por la fe, ahondar en su contenido. Para esto, nos hacen falta las disposiciones humildes del alma cristiana: no querer reducir la grandeza de Dios a nuestros pobres conceptos, a nuestras explicaciones humanas, sino comprender que ese misterio, en su oscuridad, es una luz que guía la vida de los hombres.


He procurado siempre, al hablar delante del Belén, mirar a Cristo Señor nuestro de esta manera, envuelto en pañales, sobre la paja de un pesebre. Y cuando todavía es Niño y no dice nada, verlo como Doctor, como Maestro. Necesito considerarle de este modo: porque debo aprender de El. Y para aprender de El, hay que tratar de conocer su vida: leer el Santo Evangelio, meditar aquellas escenas que el Nuevo Testamento nos relata, con el fin de penetrar en el sentido divino del andar terreno de Jesús.
Porque hemos de reproducir, en la nuestra, la vida de Cristo, conociendo a Cristo: a fuerza de leer la Sagrada Escritura y de meditarla, a fuerza de hacer oración, como ahora, delante del pesebre.
Hay que entender las lecciones que nos da Jesús ya desde Niño, desde que está recién nacido, desde que sus ojos se abrieron a esta bendita tierra de los hombres. Jesús, creciendo y viviendo como uno de nosotros, nos revela que la existencia humana, el quehacer corriente y ordinario, tiene un sentido divino. (Es Cristo que pasa, nn. 13-14) 

Oración para el Evangelio de hoy.

Señor, me arrojo en tus brazos en este día clamando tu compasión para pedirte que aumentes en mí la fe, las fuerzas y el deseo de seguir adelante.

Tú nunca te mudas ni te apartas de mi lado, permaneces fiel a tus promesas, a tu alianza de amor, y en mi debilidad, haces brillar la fortaleza de tu Palabra.

Tú vienes en mi auxilio en mis momentos de soledad haciéndome sentir amado, y eso me da el impulso para dejar atrás todo miedo y toda tristeza.

En tu Nombre dejo atrás la frustración y las preocupaciones que me agobian para dar paso a tu amor que me santifica y me ilumina en mi camino de vida.

Ven Señor, acomoda la brújula de mis sentimientos y oriéntame hacia tu Reino de amor, en donde ni la dificultad ni el miedo gobiernan mis sentidos.

Envía tus ángeles sobre mí y hazme afianzar el propósito de triunfar por sobre todas mis angustias. Ya no temo, me guías, no abandonas mi corazón.

Vuelve tu rosto hacia mí y regálame tu mirada compasiva, esa mirada alentadora y siempre dispuesta a mostrarme la ruta de la felicidad.

Tú jamás rechazas mi oración humilde y perseverante, por eso, emprendo ahora, y más confiado, los caminos de bondad que me llevan a Ti.

 Amén


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