Es Jesús, el Mesías, el Hijo de Dios y de María, el Rey del universo. Por Él, vale la pena dar la vida entera. Dios invisible se ha hecho visible en Jesucristo. Dios tiene rostro humano. Dios llora y ríe en un niño.
Venid, adorémosle.
Y abriendo sus tesoros le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra. Detengámonos un poco para entender este pasaje del Santo Evangelio. ¿Cómo es posible que nosotros, que nada somos y nada valemos, hagamos ofrendas a Dios? Dice la Escritura: toda dádiva y todo don perfecto de arriba viene. El hombre no acierta ni siquiera a descubrir enteramente la profundidad y la belleza de los regalos del Señor: ¡Si tú conocieras el don de Dios!, responde Jesús a la mujer samaritana. Jesucristo nos ha enseñado a esperarlo todo del Padre, a buscar, antes que nada, el reino de Dios y su justicia, porque todo lo demás se nos dará por añadidura, y bien sabe Él qué es lo que necesitamos.
En la economía de la salvación, Nuestro Padre cuida de cada alma con delicadeza amorosa: cada uno ha recibido de Dios su propio don, quien de una manera, quien de otra. Parecería inútil, por tanto, afanarse por presentar al Señor algo de lo que Él tuviera necesidad; desde nuestra situación de deudores que no tienen con qué pagar, nuestro dones se asemejarían a los de la Antigua Ley, que Dios ya no acepta: Tú no has querido, ni han sido de tu agrado, los sacrificios, las ofrendas y los holocaustos por el pecado, cosas todas que ofrecen según la Ley.
Pero el Señor sabe que dar es propio de enamorados, y Él mismo nos señala lo que desea de nosotros. No le importan las riquezas, ni los frutos ni los animales de la tierra, del mar o del aire, porque todo eso es suyo; quiere algo íntimo, que hemos de entregarle con libertad: dame, hijo mío, tu corazón. ¿Veis? No se satisface compartiendo: lo quiere todo. No anda buscando cosas nuestras, repito: nos quiere a nosotros mismos. De ahí, y sólo de ahí, arrancan todos los otros presentes que podemos ofrecer al Señor. (Es Cristo que pasa, 35)San Josemaría
Ven conmigo, pastorcillo,
que Jesús llorando está.
Yo le canto, tú le tocas
y él dormido quedará.
Ábreme la puerta, niño.
de tu Sagrado Corazón
que aquí afuera ya hace frío
y a tu lado hallo calor.
Vayamos a Belén
a encontrar a Dios,
A María y José.
4 de enero – Italia: Nuestra Señora de las Rosas (1418) – Santa Ángela de Foligno
Fr. Damián de Vegas
(S. XVI-XVII)
Recordemos que JESUS significa: Salvador
Y compartamos juntos en familia, este hermoso diálogo del Niño Jesús con San Jerónimo:
“¿JERÓNIMO, QUÉ ME VAS A REGALAR EN MI CUMPLEAÑOS?”...
El conmoverdor pedido del Niño Jesús a San Jerónimo
Cuenta la tradición que una noche de Navidad, luego de que los fieles se retiraran de la gruta de Belén, San Jerónimo se quedó allí rezando.
Se encontraba en plena oración cuando el Niño Jesús apareció súbitamente y le preguntó: “Jerónimo ¿Qué me vas a regalar en mi cumpleaños?“. El santo, sorprendido por el prodigio le contestó: Señor te regalo mi salud, mi fama, mi honor, para que dispongas de todo como mejor te parezca”. A lo que el Niño Jesús respondió: “¿Y ya no me regalas nada más?“.
Desconcertado, el ya anciano San Jerónimo le dijo: “Oh mi amado Salvador, exclamó el anciano, por Ti repartí ya mis bienes entre los pobres. Por Ti he dedicado mi tiempo a estudiar las Sagradas Escrituras… ¿Qué más te puedo regalar? Si quisieras, te daría mi cuerpo para que lo quemaras en una hoguera y así poder desgastarme todo por Ti”.
Entonces Jesús le respondió, “Jerónimo: regálame tus pecados para perdonártelos“. Al escuchar esto, San Jerónimo comenzó a llorar de emoción y le dijo: “¡Loco tienes que estar de amor, cuando me pides esto!”.
SANCTISSIMI NOMINIS IESU
«Jesús, bendiga yo tu santo Nombre;
Jesús, mi voluntad en Ti se emplee;
Jesús, mi alma siempre te desee;
Jesús, yo te confieso Dios y Hombre.
Jesús, lóete yo cuando te nombre;
Jesús, con viva fe por Ti pelee;
Jesús, con tu santa luz me recree.
Jesús, sea mi gloria tu renombre.
Jesús, contemple en Ti mi entendimiento;
Jesús, mi corazón en Ti se inflame;
Jesús, medite en Ti mi pensamiento.
Jesús, de mis entrañas, yo te ame;
Jesús, viva yo en Ti todo momento,
Jesús, óyeme Tú cuando te llame».
Baltasar del Alcázar (1530-1606)
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¿Cómo hablar dignamente de la madre que ha dado a luz a mi Señor y mi Dios? Por su fecundidad fui liberado de mi cautividad, por su parto fui rescatado de la muerte eterna, por su Hijo fui levantado de mi ruina y llevado del infortunio hacia la bienaventurada Patria. ¡Oh bendita entre todas las mujeres! Es el fruto bendito de tu seno (Lc 1,42) que me ha dado todo eso por el renacimiento del bautismo. Me lo ha dado en la realidad presente o en esperanza. Aunque fui yo mismo que me privé de todo por mi propio pecado, al punto de estar vacío y al límite de la desesperación. Siendo mis faltas perdonadas,¿ sería yo ingrato hacia la que tantos bienes me llegan gratuitamente? ¡Dios me guarde de agregar esta injusticia a mis iniquidades!
Dios ha dado su Hijo, fruto de su corazón, que es su igual y él ama como a sí mismo. Nos ha dado a María y del seno de María, nos ha dado su Hijo Único. Toda la creación es obra de Dios y Dios nació de María. ¡Dios ha creado todo y María ha dado a luz a Dios!...Dios es el Padre de todo lo creado, María la madre de todo lo recreado. Dios es el Padre de la creación universal, María la madre de la redención universal. Dios ha engendrado al que todo creó (Jn 1,1-3) y María dio a luz al que todo salvó (Jn 1,16-17).
San Anselmo (1033-1109)
benedictino, arzobispo de Canterbury, doctor de la Iglesia
Oración 7 (Lectures chrétiennes pour notre temps, Abbaye d'Orval, 1972), trad. sc©evangelizo.org
Ven, Espíritu Creador,
visita las almas de tus fieles
llena con tu divina gracia,
los corazones que creaste.
Tú, a quien llamamos Paráclito,
don de Dios Altísimo,
fuente viva, fuego,
caridad y espiritual unción.
Tú derramas sobre nosotros los siete dones;
Tú, dedo de la diestra del Padre;
Tú, fiel promesa del Padre;
que inspiras nuestras palabras.
Ilumina nuestros sentidos;
infunde tu amor en nuestros corazones;
y, con tu perpetuo auxilio,
fortalece la debilidad de nuestro cuerpo.
Aleja de nosotros al enemigo,
danos pronto la paz,
sé nuestro director y nuestro guía,
para que evitemos todo mal.
Por ti conozcamos al Padre,
al Hijo revélanos también;
Creamos en ti, su Espíritu,
por los siglos de los siglos.
Gloria a Dios Padre,
y al Hijo que resucitó,
y al Espíritu Consolador,
por los siglos de los siglos.
Amén
Señor; concédenos que en este año que estamos estrenando, podamos gozar de paz, abundemos en bienes de la tierra y seamos luz del mundo por la santidad de nuestras obras.
INDULGENCIA PLENARIA
31 de diciembre
Las condiciones habituales son:
- Confesión sacramental
- Comunión Eucarística
- Rezar por las intenciones del Santo Padre