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martes, 15 de septiembre de 2026

Hoy la Iglesia celebra a la Bienaventurada Virgen María de los Dolores.


No contemplamos simplemente a una madre que sufre. Contemplamos a María unida de manera singular a la Pasión de Cristo, permaneciendo junto a Él cuando casi todos habían huido.

1️⃣ El Evangelio la sitúa en el lugar decisivo:

«Junto a la cruz de Jesús estaba su madre».
María no puede evitar la Pasión. No puede bajar a su Hijo de la cruz.
Pero puede hacer algo inmenso: permanecer.
Y permanece.

2️⃣ La tradición cristiana ha contemplado especialmente los siete dolores de María:

La profecía de Simeón.
La huida a Egipto.
Jesús perdido en el templo.
El encuentro camino del Calvario.
La crucifixión y muerte de Jesús.
El descendimiento de la cruz.
Y la sepultura del Señor.

3️⃣ Ya Simeón había anunciado:

«A ti misma una espada te traspasará el alma».
Aquella espada no significaba falta de fe.
Precisamente porque María ama profundamente a Cristo, participa profundamente de su sufrimiento.
Cuanto más grande es el amor, más hondamente puede doler.

4️⃣ Por eso la Virgen de los Dolores no representa una espiritualidad triste.

Representa algo mucho más cristiano: el amor que permanece fiel también en el sufrimiento.
María no ama solamente al Jesús de Belén, de Nazaret o de los milagros.
Ama también al Cristo crucificado.

5️⃣ Y junto a la cruz recibe una misión nueva.

Jesús le dice:
«Mujer, ahí tienes a tu hijo».
Y al discípulo:
«Ahí tienes a tu madre».

En el momento en que pierde humanamente a su Hijo, María recibe una multitud de hijos.

6️⃣ Por eso los cristianos nunca estamos solos ante la cruz.

Cuando llega la enfermedad, la pérdida, la incomprensión o cualquier sufrimiento, podemos mirar a María.
Ella conoce el Calvario.
No nos ofrece explicaciones fáciles.
Nos enseña algo quizá más importante: cómo permanecer junto a Cristo.

7️⃣ El Stabat Mater lo expresa de manera bellísima:

«Hazme contigo llorar
y de veras lastimar
de sus penas mientras vivo».
No pide buscar el dolor.
Pide no ser indiferente ante el amor de Cristo crucificado.

8️⃣ La compasión de María conduce siempre a Cristo.

La verdadera devoción a la Virgen de los Dolores no termina en María.
Ella nos lleva a contemplar las llagas de su Hijo, el precio de nuestra redención y la inmensidad del amor de Dios.

9️⃣ También nos enseña a acompañar el sufrimiento ajeno.

Hay dolores que no podemos solucionar.
A veces no existen palabras adecuadas.
Entonces María nos recuerda que estar, acompañar, rezar y permanecer puede ser ya una extraordinaria obra de amor.

🔟 Hoy podemos decirle sencillamente:

Madre, enséñame a permanecer.

Cuando no entienda.
Cuando duela.
Cuando no pueda cambiar las cosas.
Cuando parezca que Dios guarda silencio.

Que no huya de la cruz y que, contigo, permanezca junto a Jesús.

La Virgen de los Dolores nos recuerda que la última palabra del Calvario no fue el dolor, sino el amor.

Y quien permanece con María junto a la Cruz aprende a esperar también la mañana de la Resurrección.

Nuestra Señora de los Dolores, ruega por nosotros.




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