El hombre que discutió con Dios porque se sentía incapaz, se enfrentó al faraón, atravesó el mar, recibió la Ley y condujo durante cuarenta años a un pueblo que consiguió poner a prueba hasta la paciencia de un santo.
1️⃣ Moisés había huido de Egipto. Había pasado de la corte del faraón al anonimato del desierto.
Y precisamente allí, cuando parecía que su historia importante había terminado, una zarza comenzó a arder sin consumirse.
«Moisés, Moisés».
Dios conocía su nombre.
2️⃣ «¿Quién soy yo para acudir al faraón?»
La respuesta de Dios no fue explicarle sus cualidades.
Fue mucho mejor:
«Yo estaré contigo».
Esta es una de las grandes lecciones de Moisés: cuando Dios llama, nuestra seguridad no está en nuestra capacidad, sino en su presencia.
3️⃣ Moisés vuelve a Egipto y se presenta ante el hombre más poderoso de su tiempo:
«Deja salir a mi pueblo».
No habla en nombre propio.
El pastor fugitivo puede plantarse ante el faraón porque detrás de su palabra está la autoridad del Dios vivo.
4️⃣ Después vendrán la Pascua y el mar Rojo.
Israel atraviesa las aguas y deja atrás la esclavitud.
Por eso la tradición cristiana vio en aquel paso una imagen del Bautismo: Dios libera a su pueblo y lo hace caminar hacia una vida nueva.
La historia del Éxodo apunta ya hacia Cristo.
5️⃣ Pero quizá el ministerio más hermoso de Moisés sea el de intercesor.
Cuando Israel peca, Moisés se coloca entre Dios y el pueblo.
Ruega. Suplica. Intercede.
Incluso llega a pedir que lo borren a él del libro antes que abandonar a su pueblo.
Así es el corazón del verdadero pastor.
6️⃣ En el Sinaí habla con Dios «cara a cara, como habla un hombre con su amigo».
Y cuando desciende del monte, su rostro resplandece.
Quien permanece ante Dios termina llevando algo de su luz, aunque muchas veces él mismo ni siquiera sea consciente de ello.
7️⃣ Moisés tampoco fue un hombre perfecto.
Conoció el cansancio, la ira, la incomprensión y la debilidad.
Después de cuarenta años conduciendo al pueblo contempló la Tierra Prometida desde lejos, pero no entró en ella.
Dios escribe la santidad también con nuestra pobreza.
8️⃣ Siglos después encontramos de nuevo a Moisés en un monte.
En el Tabor aparece junto a Elías conversando con Cristo transfigurado.
La Ley y los Profetas señalan finalmente a Jesús.
Todo aquello que comenzó con una zarza ardiente encuentra su plenitud en Él.
9️⃣ San Moisés nos recuerda que la vida de fe consiste muchas veces en ponerse en camino sin tener todas las respuestas.
Dios llama.
El hombre responde.
Y entre ambos se abre un camino incluso allí donde parecía no haberlo.
«Yo estaré contigo».
Quizá sea suficiente para empezar.
San Moisés, profeta, ruega por nosotros.
Fuente:https://x.com/SacerdosMariae
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por dejar tu comentario, me alegra el alma