Hay cosas por las que llevo mucho tiempo rezando y que todavía no han cambiado, pero un día descubrí algo: quizá el Rosario no estaba cambiando inmediatamente lo que sucedía a mi alrededor, pero sí estaba cambiando a la persona que tenía que enfrentarlo.
Durante mucho tiempo pensé que rezar era pedir hasta conseguir una respuesta; que si tenía suficiente fe, Dios quitaría aquello que me dolía, arreglaría lo que se había roto o abriría esa puerta que llevaba tanto tiempo cerrada. Con los años, María me enseñó algo diferente: hay oraciones que primero no cambian las circunstancias, te cambian a ti.
He rezado el Rosario con mucha fe, pero también cansado, distraído, con lágrimas y hasta preguntándole a Dios “por qué guarda silencio”. Y aún así, María se ha quedado. Nunca me pidió llegar fuerte ni tener el corazón en orden; simplemente me enseñó a seguir caminando… un Ave María a la vez.
Entonces comprendí que el Rosario no siempre evita que atravieses la tormenta; a veces hace algo igual de milagroso: evita que la tormenta destruya lo que llevas dentro. Hoy todavía tengo peticiones esperando respuesta, heridas que continúan sanando y nudos que no sé cómo se van a desatar: ¡Pero ya no los cargo igual!. Cuando algo supera mis fuerzas, tomo mi Rosario y le digo: “Madre, esto pesa demasiado, no sé qué va a pasar, pero no quiero cargarlo solo. Tómame de la mano y llévame a Jesús”.
Quizá tú también llevas mucho tiempo esperando. No sueltes el Rosario porque todavía no ves la respuesta. A veces el milagro comienza antes de que cambien las circunstancias: cuando recuperas la paz, vuelves a dormir tranquilo y aquello que antes te derrumbaba comienza a perder poder sobre ti.
Esta noche toma tu Rosario y entrégale a María ese nudo que nadie conoce… y si estás demasiado cansado para pedir por ti, déjame hacerlo: María, abraza a quien está leyendo esto; si aún no llega su respuesta, dale fuerzas para esperar; y si su fe está cansada, sostenla Tú hasta que pueda volver a creer.
Quizá mañana la batalla siga ahí, pero recuerda: ya no tienes que pelearla solo.
Fuente:Israel Mercado
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