Lunes 28 de septiembre del 2026.
El ego nos convence de que el respeto se gana demostrando constantemente que somos mejores o más importantes que el resto.
Piensa en una carrera donde los competidores, en lugar de mirar hacia la meta, se dedican a meterse el pie unos a otros para asegurar el primer puesto. Al final, el triunfo pierde todo su sentido frente al desgaste de la rivalidad.
Esa dinámica de competencia diaria nos agota. En la oficina, en la familia o en nuestro entorno, muchas veces buscamos validación restando mérito a lo que hacen otros, sobre todo si no pertenecen a nuestro pequeño grupo de confianza.
Llegamos a creer que el bien tiene dueño. Nos volvemos jueces de los esfuerzos ajenos y cerramos la puerta a personas que, desde su propia historia y con sus propias herramientas, están aportando valor a nuestro alrededor.
Ahí es donde Lucas 9, 46-50 rompe nuestros esquemas. Ante unos discípulos obsesionados por los rangos y celosos de quienes actuaban fuera de su grupo, Jesús pone a un niño al centro: recordándonos que la autoridad real nace de la sencillez y que nadie tiene el monopolio de las buenas obras.
Hoy suelta la necesidad de ser el protagonista de todas las historias. Atrévete a aplaudir el logro de alguien que piensa distinto a ti y elige hacer el bien sin exigir los créditos.
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