Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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miércoles, 16 de septiembre de 2026

Evangelio, Reflexión ( 16 de Septiembre)

 Vivimos en la era de los insatisfechos. Nada parece ser suficiente, nada nos acomoda por completo, y siempre tenemos una justificación a la mano para no dar el paso que sabemos que debemos dar.

​Piensa en ese conocido al que invitas a salir. Si lo llevas a un lugar sencillo, se queja de que es muy básico e informal. Si haces el esfuerzo y reservas en el sitio más elegante de la ciudad, te dice que el ambiente es estirado y pretencioso. El problema nunca fue el lugar ni la comida, el problema es su disposición interna.

​Todos nos hemos topado con alguien así, o siendo honestos, a veces nosotros mismos nos ponemos ese traje. Nos pasamos la vida pidiendo oportunidades, exigiendo que las cosas cambien, pero cuando la respuesta llega, le ponemos mil trabas. Nos negamos a aceptar la realidad simplemente porque no venía en el empaque exacto que habíamos imaginado en nuestra cabeza.

​A veces rechazamos una etapa de paz y silencio personal porque nos parece aburrida, pero también rechazamos los momentos de comunidad y fiesta porque los sentimos ruidosos. Nos volvemos verdaderos especialistas en juzgar las formas externas para evitar el trabajo interno de comprometernos con el fondo de las cosas.

​Hoy, por ejemplo, recordamos a los santos Cornelio y Cipriano, dos hombres que enfrentaron tiempos de crisis y división profunda. Ellos no se sentaron a esperar que las condiciones fueran ideales para actuar o amar. Entendieron que la verdad no existe para cumplir con nuestras comodidades, así que aceptaron su realidad con valentía y la transformaron desde adentro.

​Esa es exactamente la realidad a la que apunta el texto de Lucas 7, 31-35. Jesús hace un diagnóstico claro y compara a las personas con niños caprichosos en la plaza: si les tocan música alegre, no bailan; si les cantan canciones tristes, no lloran. Rechazaron a Juan el Bautista por ser un hombre estricto que ayunaba, y criticaron a Jesús por hacer todo lo contrario, sentándose a comer y compartir con la gente.

​Hoy te invito a soltar la lupa con la que buscas el defecto en cada situación que se te presenta. Deja de exigir que la vida toque siempre tu melodía favorita y atrévete a encontrar el sentido en la canción que está sonando justo ahora frente a ti.

Fuente:https://x.com/ElCaminoDeJesus

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