Vivimos en la era de los insatisfechos. Nada parece ser suficiente, nada nos acomoda por completo, y siempre tenemos una justificación a la mano para no dar el paso que sabemos que debemos dar.
Piensa en ese conocido al que invitas a salir. Si lo llevas a un lugar sencillo, se queja de que es muy básico e informal. Si haces el esfuerzo y reservas en el sitio más elegante de la ciudad, te dice que el ambiente es estirado y pretencioso. El problema nunca fue el lugar ni la comida, el problema es su disposición interna.
Todos nos hemos topado con alguien así, o siendo honestos, a veces nosotros mismos nos ponemos ese traje. Nos pasamos la vida pidiendo oportunidades, exigiendo que las cosas cambien, pero cuando la respuesta llega, le ponemos mil trabas. Nos negamos a aceptar la realidad simplemente porque no venía en el empaque exacto que habíamos imaginado en nuestra cabeza.
A veces rechazamos una etapa de paz y silencio personal porque nos parece aburrida, pero también rechazamos los momentos de comunidad y fiesta porque los sentimos ruidosos. Nos volvemos verdaderos especialistas en juzgar las formas externas para evitar el trabajo interno de comprometernos con el fondo de las cosas.
Hoy, por ejemplo, recordamos a los santos Cornelio y Cipriano, dos hombres que enfrentaron tiempos de crisis y división profunda. Ellos no se sentaron a esperar que las condiciones fueran ideales para actuar o amar. Entendieron que la verdad no existe para cumplir con nuestras comodidades, así que aceptaron su realidad con valentía y la transformaron desde adentro.
Esa es exactamente la realidad a la que apunta el texto de Lucas 7, 31-35. Jesús hace un diagnóstico claro y compara a las personas con niños caprichosos en la plaza: si les tocan música alegre, no bailan; si les cantan canciones tristes, no lloran. Rechazaron a Juan el Bautista por ser un hombre estricto que ayunaba, y criticaron a Jesús por hacer todo lo contrario, sentándose a comer y compartir con la gente.
Hoy te invito a soltar la lupa con la que buscas el defecto en cada situación que se te presenta. Deja de exigir que la vida toque siempre tu melodía favorita y atrévete a encontrar el sentido en la canción que está sonando justo ahora frente a ti.
Fuente:https://x.com/ElCaminoDeJesus
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