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Tomado del libro A la découverte d’un prince discret, Saint Joseph (Descubriendo a un príncipe discreto: san José”).
Enciclopedia Mariana
Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.
Al día siguiente de la solemnidad de Navidad, celebramos hoy la fiesta de san Esteban, diácono y primer mártir. A primera vista, unir el recuerdo del "protomártir" y el nacimiento del Redentor puede sorprender por el contraste entre la paz y la alegría de Belén y el drama de san Esteban... En realidad, esta aparente contraposición se supera si analizamos más a fondo el misterio de la Navidad. El Niño Jesús, que yace en la cueva, es el Hijo unigénito de Dios que se hizo hombre. Él salvará a la humanidad muriendo en la cruz. Ahora lo vemos en pañales en el pesebre; después de su crucifixión, será nuevamente envuelto con vendas y colocado en un sepulcro. No es casualidad que la iconografía navideña represente a veces al Niño divino recién nacido recostado en un pequeño sarcófago, para indicar que el Redentor nace para morir, nace para dar su vida como rescate por todos (cf. Mc 10,45).
San Esteban fue el primero en seguir los pasos de Cristo con el martirio; murió, como el divino Maestro, perdonando y orando por sus verdugos (cf. Hch 7, 60). En los primeros cuatro siglos del cristianismo todos los santos venerados por la Iglesia eran mártires. Se trata de una multitud innumerable, que la liturgia llama "el blanco ejército de los mártires"... Su muerte no era motivo de miedo y tristeza, sino de entusiasmo espiritual, que suscitaba siempre nuevos cristianos. Para los creyentes, el día de la muerte, y más aún el día del martirio, no es el fin de todo, sino más bien el "paso" a la vida inmortal, es el día del nacimiento definitivo, en latín, el <I>dies natalis</I>. Así se comprende el vínculo que existe entre el <I>dies natalis</I> de Cristo y el <I>dies natalis</I> de san Esteban. Si Jesús no hubiera nacido en la tierra, los hombres no habrían podido nacer para el cielo. Precisamente porque Cristo nació, nosotros podemos "renacer".
Benedicto XVI
papa 2005-2013
Ángelus del 26 de diciembre de 2006 (trad. © Libreria Editrice Vaticana)evangelizo.org
(25 de diciembre)
Ya se ha cumplido ese día en el que la tierra ha sentido la huella de Dios, en el que un Niño, entre los mortales, espera que el tiempo pase mientras Él vaya creciendo en edad y sabiduría hasta que abrace la Cruz, para cuyo encuentro nació.
Ahora está en los inicios de esa vida frágil, al amparo de la humana protección de María y José, abandonado a la caridad ajena; sólo así, humillándose hasta ese extremo, ha hecho posible que nuestros pequeños y míseros corazones sean capaces de acoger al mismísimo Dios, de tenerle entre nuestros brazos, de hablarle con esa intimidad, de tratarle con cariño, cercanía y ternura.
Hoy es ese día en el que corazones y almas cantan al unísono un "Laus Deo" porque el Omnipotente se ha hecho Niño.
Gracias, Jesús.
Gracias, Dios mío.
Oh, Madre de la dulce espera, que en silencio fecundo engendras en tu vientre virginal, La Vida que es Camino y Verdad; tómame hoy, aquí y ahora, llévame hasta tu vientre maternal, arrúllame, fecúndame de nuevo, dame de comer el alimento de la Palabra que se hizo carne en Ti, dame la gracia de sentirme amado, creado por el Espíritu Santo, como plan de amor de Dios.
Y si yo soy fruto de un momento de pasión pasajera, de una violencia, o si alguna vez, cuando estaba yo creciendo en el vientre de mi madre terrenal, me faltó amor, me faltó comida, no fui deseado, sufrí alguna otra carencia o situación, ámame con tu tierno amor de madre y llévame hasta tu vientre para que, al ladito de Jesús, Él mismo sane todas mis heridas y ahí, junto a Él, crezca y me forme yo en estos días, para nacer nuevo y sanado y libre con Él. Ven, Espíritu Santo, concíbeme de nuevo en el vientre de María, tu amadísima Esposa, ven, y hazme de nuevo, hazme un hombre nuevo para Dios, renuévame en este tiempo de espera, haz de él mi nuevo tiempo de gestación En tu vientre estoy, Mamita, junto a Jesús, dame tu bendición. Amen.
Vamos llegando al final del Adviento y la Navidad está a pocos días... María, la mujer del Sí, nos trae en su seno virginal a Jesús, el Santo de Dios.
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Dulce Jesús mío, mi Niño adorado, ven a nuestras almas, ¡Ven, no tardes tanto!