El Espíritu Santo fecunda, santifica, invade, florece, inunda, da vida en plenitud. Qué bien lo supo María! Ella mejor que nadie lo vivió. Su ser estuvo santificado y lleno del Espíritu Santo desde el primer instante de su ser natural hasta su Gloriosa Asunción.
El Espíritu Santo siempre es fiel, sensible a nuestra llamada, constante en su trabajo. El hombre debería permanecer siempre dispuesto a llamarle, a invocarle, a ser fiel y dócil a sus soplos de Amor y Vida.
Pidamos a María la gracia de dejarnos transformar por Dios Espíritu Santo, para poder recibir en nuestra vida la fuerza restauradora y sanadora del Amor de Dios.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por dejar tu comentario, me alegra el alma