“Si tú quieres, puedes curarme.”
La fe no exige, se abandona.
Y Jesús responde tocando lo que nadie toca,
acercándose a lo que el mundo excluye.
Señor Jesús,
toca nuestras heridas más escondidas,
límpianos del miedo y de la vergüenza,
y devuélvenos la alegría de sabernos amados.
Que tu compasión nos rehaga por dentro
y nos devuelva a la vida.
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