Señor, al iniciar este día pongo mi esperanza en Ti, porque Tu Reino no se sostiene en la fuerza sino en la justicia.
Concédeme un corazón que no oprima,
una mirada que reconozca al necesitado
y unas manos dispuestas a levantar al caído.
Que no me deje seducir por la soberbia ni por la comodidad, sino que sepa escuchar el clamor del pobre y del desvalido, como Tú lo escuchas.
Haz que mi vida sea fecunda como la lluvia que empapa la tierra y que, allí donde yo esté, florezcan la paz y la rectitud. Que el paso por este día no sea en vano, sino que lleve alivio, verdad y consuelo,
y que todo lo que haga conduzca a que Tu Nombre sea bendecido de mar a mar, hasta los confines de la tierra,
por los siglos de los siglos.
Amén.
FE y más FE.
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