“Tú no has querido. Yo, tu rey, tu Dios, yo sí quería! Pero tú no has querido. Cuán cobijado, cuán protegido está el pollito bajo las alas de la gallina; ella lo abriga, lo alimenta, lo defiende. Así quería protegerte yo a ti, cuidarte, defenderte contra toda adversidad. ¡Yo quería! ¡Tú no lo has querido!
Por eso llora Jesús, por eso llora este hombre fuerte, por eso llora Dios. Por la necedad, por la injusticia, por el crimen de no querer. Y por todo el mal que surge de esto, todo el mal que su sabiduría infinita ve venir, que su justicia debe permitir, cuando el hombre contrapone a los mandamientos de Dios, a las advertencias de su conciencia, a todas las invitaciones de su divino amigo, del mejor de los padres, su no–querer: “¡Si tú hubieras conocido hoy, en este día, lo que te ayuda a vivir en paz! ¡Pero no lo has querido!”. ¡Es espantoso, es algo increíblemente injusto y dañino que el hombre ponga su voluntad en contra de la de Dios! ¡Yo quería! ¡Tú no has querido! Por eso llora Jesús a la vista de Jerusalén”.
Cardenal Clemente Augusto Von Galen.
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