Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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ACI prensa

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

viernes, 25 de septiembre de 2026

ORACIÓN DE LA MAÑANA


Señor, Tú eres nuestra roca y nuestra fortaleza; en nuestra pequeñez, enséñanos a vivir sostenidos por Ti.

(Cf. Salmo 143)
Viernes, 25 de septiembre de 2026

Señor mío y Dios mío:

Hoy queremos comenzar reconociendo de dónde viene nuestra verdadera fortaleza. No nace de nuestras propias fuerzas, ni de nuestras capacidades, ni de nuestras seguridades, todo lo hemos recibido de Ti, Señor, y es Tu gracia la que nos sostiene. Nuestra fortaleza está en Ti.

Tú eres nuestra roca firme, nuestro amigo fiel, nuestro refugio y el escudo bajo el cual podemos ampararnos. Cuando nos sintamos fuertes, no permitas que olvidemos que todo bien procede de Ti; y cuando sintamos que ya no podemos más, recuérdanos que podemos apoyarnos en Ti.

Prepáranos, Señor, para las luchas de cada día. No para combatir contra nuestros hermanos, sino para enfrentar aquello que verdaderamente amenaza nuestro corazón: el desaliento, el egoísmo, el orgullo, la desesperanza, la tentación de abandonar y todo aquello que pueda alejarnos de Ti.

Danos fortaleza para perseverar,
serenidad para afrontar las dificultades,
sabiduría para tomar decisiones,
paciencia para saber esperar,
humildad para reconocer nuestros errores
y fe para seguir caminando.

Pero hoy Tu Palabra también nos hace mirar nuestra pequeñez. ¿Qué somos nosotros, Señor, para que te fijes en nosotros? Nuestra vida pasa rápidamente; nuestros días son como una sombra que se desvanece y tantas cosas que hoy parecen importantes mañana habrán quedado atrás.

Y, sin embargo, Tú te fijas en nosotros. Conoces nuestro nombre, escuchas nuestra oración, te importan nuestras lágrimas, conoces nuestras luchas, acompañas nuestros pasos y permaneces cerca de nosotros.

Que esta certeza nos haga humildes y agradecidos. Que comprender la fragilidad de nuestra vida no nos lleve a la tristeza, sino que nos enseñe a vivir cada día con mayor profundidad: a amar mientras podamos amar, a perdonar mientras tengamos tiempo, a hacer el bien cuando tengamos la oportunidad y a no desperdiciar la vida lejos de Ti.

Ponemos bajo Tu amparo a nuestras familias, a quienes amamos y a todos aquellos que hoy necesitan fortaleza.

Sé roca para quien siente que todo se tambalea,
refugio para quien atraviesa una tormenta,
escudo para quien se siente indefenso
y esperanza para quien comienza a perderla.

Cuando nuestras fuerzas no alcancen, que sepamos refugiarnos en Ti; cuando nos sintamos pequeños, recuérdanos que nos miras con amor; cuando pensemos que estamos solos, haznos reconocer Tu presencia; y cuando olvidemos lo breve que es nuestra vida, enséñanos a vivirla contigo y para Ti.

Bendito seas, Señor, nuestra roca firme.
Bendito seas, nuestra fortaleza.
Bendito seas, nuestro refugio y nuestro amparo.

Que nuestra fragilidad nunca nos haga olvidar la grandeza de Aquel que nos sostiene.




Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?


¡Cristo! Siento la necesidad de anunciarlo, no puedo callarlo: «¡Desdichado de mí si no anuncio el Evangelio! (1C 9,16). Para esto he sido enviado; soy apóstol, soy testigo. Cuanto más lejos esta el objetivo más difícil es la misión, más me siento apremiado por el amor (2C 5,14). Debo proclamar su nombre: Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios vivo (Mt 16,16). Él es quien nos ha revelado al Dios invisible, el primer nacido de toda criatura, es el fundamento de toda cosa (Col 1,15s). Es el Señor de la humanidad y el Redentor: nació, murió y resucitó por nosotros; es el centro de la historia y del mundo. Él es el que nos conoce y nos ama; es el compañero y el amigo de nuestra vida. Es el hombre del dolor y de la esperanza; es el que ha de venir y un día será también nuestro juez, nosotros le esperamos, es la plenitud eterna de nuestra existencia, nuestra bienaventuranza.

Nunca acabaría de hablar de él: él es la luz, es la verdad; mucho más, es «el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14,6). Es el Pan, la Fuente de agua viva que sacian nuestra hambre y nuestra sed (Jn 6, 35; 7, 38); Es el Pastor, nuestro guía, nuestro ejemplo, nuestro consuelo, nuestro hermano. Igual que nosotros, y más que nosotros, ha sido pequeño, pobre, humillado, trabajador, desdichado y paciente. Para nosotros habló, hizo milagros, y fundó un Reino nuevo en el que los pobres serán dichosos, en el que la paz es el principio de la vida de todos juntos, en el que los que son puros de corazón y los que lloran serán exaltados y consolados, en el que los que suspiran por la justicia serán escuchados, en el que los pecadores pueden ser perdonados, en el que todos son hermanos.

Jesucristo: vosotros habéis oído hablar de él, e incluso la mayoría sois ya de los suyos, sois cristianos. ¡Pues bien! A vosotros cristianos os repito su nombre, a todos os lo anuncio: Jesucristo es «el principio y el fin, el alfa y la omega» (Ap 21,6). ¡Él es el rey del mundo nuevo; es el secreto de la historia, la llave de nuestro destino; es el Mediador, el puente entre la tierra y el cielo...; el Hijo del hombre, el Hijo de Dios..., el Hijo de María... Jesucristo! Acordaos: es el anuncio que hacemos para la eternidad, es la voz que hacemos resonar por toda la tierra (Rm 10,18) y por los siglos de los siglos.

 San Pablo VI

papa 1963-1978
Homilía en Manila, 29•11•1979.evangelizo.org

miércoles, 23 de septiembre de 2026

Les envió por primera vez


Ser apóstol ¿por medio de qué? Con aquellos que Dios pone a su disposición: los sacerdotes tienen sus superiores que les dicen lo que deben hacer. Los laicos deben ser apóstoles con aquellos a quienes pueden atender: sus prójimos y sus amigos, pero no sólo con ellos; la caridad no es estrecha, sino que abraza todo lo que abraza el corazón de Jesús.

¿Por medio de qué? Por los medios mejores, dándose a aquellos a los que se dirigen: con todos aquellos, sin excepción, con quienes están en relación a través de la bondad, la ternura, el afecto fraterno, el ejemplo de la virtud, por la humildad y la dulzura que siempre son atractivas y muy cristianas. Con algunos sin decirles jamás una palabra de Dios ni de religión, teniendo paciencia como Dios es paciente, siendo buenos como Dios es bueno, siendo un hermano tierno y orante. Con otros hablando de Dios en la medida en que ellos puedan soportar; desde que está en su pensamiento la búsqueda de la verdad por el estudio de la religión, procurando se relacionen con un sacerdote muy bien escogido y capaz de hacerles bien. Sobre todo ver en toda persona humana a un hermano.

 San Carlos de Foucauld (1858-1916) ermitaño y misionero en el Sahara

Carta a Joseph Hours, 3 de mayo de 1912.evangelizo.org

ORACIÓN A SAN JOSÉ, TERROR DE LOS DEMONIOS


«San José, terror de los demonios, lanza tu solemne mirada sobre el demonio y todos sus secuaces, y protégenos con tu poderosa vara. Huiste de noche para evitar los malvados planes del maligno; ahora, con el poder de Dios, ¡aniquila a los demonios que huyen de ti! Te suplicamos que protejas especialmente a los niños, a los padres, a las familias y a los moribundos. Por la gracia de Dios, ningún demonio se atreve a acercarse cuando tú estás cerca, y por eso te pedimos que ¡siempre estés junto a nosotros!»

Amén.





martes, 22 de septiembre de 2026

«Misa de sanación».


 Cada vez escucho con más frecuencia una expresión que me resulta problemática: «Misa de sanación».
¿Existe realmente en la liturgia católica una cosa llamada así?

1️⃣ Naturalmente que un cristiano puede pedir a Dios la curación. Y la Iglesia reza por los enfermos desde sus orígenes.

Tenemos la Unción de los enfermos, bendiciones propias, oraciones por ellos y hasta un formulario de Misa por los enfermos —Missa pro infirmis—.

2️⃣ También pueden ser perfectamente legítimos unos ejercicios o retiros orientados a la sanación espiritual.

Una persona puede necesitar trabajar heridas, adicciones, dificultades matrimoniales, duelos, perdón…
Eso pertenece al acompañamiento espiritual y pastoral.

3️⃣ Pero una cosa es un retiro de sanación y otra convertir la celebración eucarística en una supuesta modalidad llamada «Misa de sanación».

El Misal Romano conoce Misas votivas, rituales y Misas por diversas necesidades. No establece un género litúrgico denominado «Misa de sanación».

4️⃣ Y aquí la Iglesia ha hablado con bastante claridad.

La Congregación para la Doctrina de la Fe publicó en el año 2000 la Instrucción sobre las oraciones para obtener de Dios la curación.
No estamos, por tanto, ante una cuestión que haya quedado al gusto de cada sacerdote.

5️⃣ Su artículo 7 §1 establece que no deben introducirse oraciones de curación, litúrgicas o no litúrgicas, dentro de la celebración de la Santísima Eucaristía.

Sí pueden incluirse intenciones por la curación de los enfermos en la oración de los fieles.
La diferencia es importante.

6️⃣ Más aún: cuando se celebran encuentros específicos de oración por la curación, la misma Instrucción pide evitar cuidadosamente «el histerismo, la artificiosidad, la teatralidad o el sensacionalismo».

Difícil decirlo con mayor claridad.

7️⃣ Y existe una razón profundamente eucarística para todo esto.

La Santa Misa no necesita convertirse en «algo más».
No necesita añadidos para resultar más poderosa, más emocionante o aparentemente más eficaz.
La Eucaristía es Cristo mismo entregándose a su Iglesia.

8️⃣ En la Santa Misa celebramos sacramentalmente el único sacrificio de Cristo.

No otro sacrificio. No una repetición del Calvario.
El único sacrificio de Cristo se hace presente de modo incruento sobre el altar.
Eso ya es inmenso.

9️⃣ Por eso me preocupa cuando la expresión «Misa de sanación» termina transmitiendo la impresión de que existen Misas normales y otras Misas especialmente poderosas para curar.

No.

Toda Eucaristía contiene y comunica los frutos del único sacrificio redentor de Cristo.

🔟 Además existe un riesgo pastoral.

Cuando se promete, insinúa o escenifica constantemente la curación física, puede terminar midiéndose la acción de Dios por resultados extraordinarios.
Pero el cristianismo conoce también el misterio de la Cruz: «Te basta mi gracia» (2 Co 12,9).

1️⃣1️⃣ Recemos por los enfermos. Pidamos incluso su curación corporal. Celebremos, cuando corresponda, la Misa por los enfermos. Administremos la Unción según dispone la Iglesia. Organicemos encuentros de oración conforme a sus normas.

Pero no inventemos la liturgia.
Quizá el problema de las llamadas «Misas de sanación» no sea la palabra sanación, sino olvidar qué es la Misa.
La Eucaristía no necesita que nosotros la hagamos más extraordinaria.
Extraordinario es que Cristo haga presente su sacrificio en nuestros altares.

Y cuando la Iglesia ya nos ha dado sus ritos, sus sacramentos y sus oraciones, la verdadera pastoral no consiste en añadir ocurrencias, sino en celebrar con fe lo que hemos recibido.




Reflexión sobre el Evangelio de hoy

 Martes 22 de septiembre del 2026.


La sangre te da parientes, pero solo el propósito compartido te da una familia.

Piensa en un equipo de rescate frente a una emergencia. No importa quién es pariente de quién; el vínculo que los hace hermanos en ese instante es escuchar la misma instrucción y actuar juntos.

A diario vemos personas que presumen lazos de toda la vida o amistades eternas, pero a la hora de la verdad, simplemente desaparecen.

La vida nos demuestra que la afinidad profunda no es un estado estático. Es un verbo en movimiento. Tu verdadera tribu es la que se remanga la camisa y trabaja a tu lado.

En el crecimiento espiritual sucede exactamente lo mismo. No basta con memorizar buenos consejos, tener intenciones nobles o decirse parte de una comunidad.

Para que las convicciones echen raíz, necesitan manifestarse en lo cotidiano: en tu paciencia al manejar, en cómo tratas a quien no puede darte nada a cambio, en tu honestidad en el trabajo.

Jesús revolucionó esta idea de pertenencia en Lucas 8, 19-21. Frente a la multitud que le avisa que su familia biológica lo busca, Él cambia por completo la regla del parentesco: "Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica".

Deja de acumular solo buenas ideas en tu cabeza. Elige una sola enseñanza que te inspire y conviértela en una obra concreta para alguien más que le demuestre que el verdadero amor es siempre una acción.

Busca su rostro. Sí, tu rostro, Señor, es lo que busco(Sal 26,7-8)


Soy desvergonzado y temerario, oh tú, mi socorro y mi apoyo de siempre, tú que no me abandonas jamás. Mira, es el amor de tu amor el que me hace buscar tu rostro (Sal 26,8). Tú me ves y yo no puedo verte. Pero tú me has dado el deseo de verte y ver todo lo que te complace en mí. Tú perdonas al instante a este ciego que corre hacia ti. Tú le das la mano en cuanto tropieza.

En el fondo de mi alma resuena la voz de tu presencia y responde a mi deseo. El alma protesta y echa fuera todo lo que hay en mí y mis ojos interiores son deslumbrados por el fulgor de tu verdad. Me recuerda que el hombre no te puede ver y quedar con vida (Ex 33,20). Hundido en el pecado hasta el día de hoy, no he logrado morir a mí mismo para vivir únicamente para ti (2Cor 5, 15). No obstante, por tu palabra y por tu gracia, me quedo atento, aguardando sobre la roca de la fe, en el lugar que está junto a ti (Ex 33, 21). Apoyado en esta fe, espero paciente, según mis posibilidades y abrazo tu derecha que me sostiene y me guarda(Sab 5,16).

Alguna vez, cuando contemplo y miro por la espalda (Ex 33,23)a aquel que me ve, a Cristo tu Hijo, en su humildad como hombre, me paro a contemplar... Lo poco que he podido sentir y percibir de él atiza la llama de mi deseo interior. Con paciencia espero que tú retires tu mano (cf Ex 33,22) y que derrames en mí tu gracia iluminadora para que según la respuesta de tu verdad, muerto a mí mismo y vivo para ti, comience a contemplar tu rostro descubierto.

 Guillermo de San Teodorico (c. 1085-1148) monje benedictino y después cisterciense

La contemplación de Dios.evangelizo.org

domingo, 20 de septiembre de 2026

Dios sale

Hay una imagen hermosa en el Evangelio de este domingo: Dios sale.

Sale al amanecer. Sale a media mañana. Sale al mediodía. Sale por la tarde. Y cuando parece que ya no vale la pena salir, lo hace de nuevo.
Dios sigue buscando al hombre.

1️⃣ Algunos comenzaron a trabajar desde la primera hora. Otros llegaron cuando el día ya terminaba.

Pero todos fueron encontrados por el mismo Señor.
Nuestra vida cristiana siempre comienza ahí: Dios ha salido a buscarnos antes de que nosotros empezáramos a buscarlo a Él.

2️⃣ Hay una frase particularmente triste en la parábola:

"Nadie nos ha contratado".
Hay personas que pueden pasar gran parte de su vida sintiendo que nadie las espera, que no importan, que han llegado demasiado tarde.
Y es precisamente hacia ellas hacia donde el Señor sale de nuevo.

3️⃣ Quizás algunos también piensen que han llegado demasiado tarde a Dios.

Demasiados años lejos.
Demasiados pecados.
Demasiados errores.
Demasiadas oportunidades perdidas.
El Evangelio de hoy responde con una invitación:
"Id también vosotros a mi viña".

4️⃣ Mientras hay vida, hay tiempo para volver a Dios.

El Señor puede llamar al amanecer de una vida o cuando empieza a caer la tarde.
Por eso nunca debemos desesperar de nadie.
Ni siquiera de nosotros mismos.
Dios sigue saliendo.

5️⃣ El problema surge cuando empezamos a mirar cuánto han recibido los demás.

Los primeros trabajadores estaban contentos hasta que se compararon con los últimos.
La comparación puede convertir un don en motivo de tristeza.
Y eso también sucede en nuestra vida espiritual.

6️⃣ Entonces llega la pregunta del Señor:

"¿Tienes envidia porque yo soy bueno?"
La misericordia de Dios hacia otro no disminuye su amor por ti.
La gracia que recibe tu hermano no te quita nada a ti.
El corazón cristiano aprende a alegrarse también del bien de los demás.

7️⃣ Isaías nos recuerda que los caminos de Dios son más altos que nuestros caminos.

Nosotros contamos méritos, horarios, esfuerzos y recompensas.
Dios mira al hombre con misericordia. Y muchas veces Él tendrá que ensanchar nuestros corazones para que aprendamos a mirar como Él lo hace.

8️⃣ San Pablo nos da finalmente la clave:

«Para mí, la vida es Cristo».
Ahí está la verdadera paga.
Haber conocido a Cristo.
Poder vivir con Él.
Trabajar en su viña.
Saber que pertenecemos al Señor.
Eso ya es gracia.

9️⃣ Preguntémonos hoy:

¿Dónde me pide el Señor que trabaje en su viña?
¿A quién puedo ayudar a descubrir que Dios sigue buscándolo?
¿Sé alegrarme cuando la misericordia de Dios llega a los demás?
Todavía queda gran parte del día.

Y el Señor sigue saliendo a buscarnos.



Nuestro lugar en el Cielo.

Cada uno de nosotros tiene reservado un lugar en el Cielo, junto al Padre eterno. Ese lugar lo conquistamos cumpliendo la misión que tenemos aquí en la tierra. Todos los padecimientos que sufrimos aquí abajo, en este mundo oscuro, nos dan méritos para alcanzar ese puesto de felicidad eterna.


Debemos pensar todos los días en ese lugar que nos espera, para poder sobrellevar las pruebas de esta vida presente, sabiendo que al final del camino encontraremos unos brazos amorosos de Padre y el beso de una Madre Inmaculada.

Pensemos en la felicidad inimaginable de que gozaremos para siempre y que ya nadie nos la podrá quitar y caminemos con esperanza por este mundo que con sus trampas nos quiere hacer desesperar y desanimar.

Por eso recemos frecuentemente los misterios gloriosos del Santo Rosario y pongámonos en ellos como protagonistas del siguiente modo:

1) La resurrección de Jesús: Pensar cuando resucitemos el día del Juicio Final y con nuestro cuerpo abracemos a nuestra Madre la Virgen que tanto ha hecho por nosotros.

2) La Ascensión del Señor: recordemos que Jesús ha subido al Cielo para ir a prepararnos un lugar y que luego vendrá a buscarnos y llevarnos con Él.

3) La venida del Espíritu Santo: sepamos que si tenemos a María, Esposa del Espíritu, Él vendrá a nosotros en plenitud y nos dará las fuerzas necesarias para vivir esta vida valientemente.

4) La Asunción de María Santísima al Cielo: la Virgen también ha subido al Cielo para ir a prepararnos nuestro lugar. Es el mismo lugar que nos preparó Jesús, pero Ella le dará sus toques femeninos y de Madre y ¡qué maravilloso será cuando estemos allí!

5) La Coronación de María Santísima como Reina y Señora de todo lo creado: María es la Reina de todo, ¿qué debemos temer si Ella es nuestra Madre? Refugiémonos bajo su manto para que nos ayude a llegar al lugar predestinado desde toda la eternidad que nos aguarda en el Paraíso.

Vivamos esta vida con la mirada puesta en el Cielo que nos espera, para no perder la fe ni la esperanza.

Id también vosotros a mi viña




El Señor no cesa en ningún momento de enviar obreros para cultivar su viña...: por medio de los patriarcas, luego de los doctores de la Ley y los profetas, y por último, los apóstoles, trabajaba, en cierto modo, cultivando su viña por medio de sus trabajadores. Todos aquellos que, a una fe recta, se unen las buenas obras han sido los obreros de esta viña...

Los trabajadores del principio del día, de la tercera, de la sexta y de la novena hora representan, pues, el antiguo pueblo hebreo, que, se aplica... desde el comienzo del mundo, a dar culto a Dios con una fe recta, y por tanto, no ha cesado, por así decirlo, de trabajar en el cultivo de la vid. Pero a la 11ª hora, son llamados los paganos, y es a ellos a quienes se destinan estas palabras: "¿por qué habéis estado allí, toda la jornada, sin hacer nada? " pues a lo largo de mucho tiempo, los paganos se habían descuidado de trabajar para la vida eterna, y estaban ahí, en cierta forma, toda la jornada, sin hacer nada. Pero observad, hermanos, lo que responden a la pregunta que se les ha planteado: «porque nadie nos ha contratado». En efecto, ningún patriarca, ni ningún profeta habían llegado a ellos. Y ¿qué quiere decir: "nadie nos ha contratado para trabajar" sino: "nadie nos ha predicado el camino de la vida ?

Pero nosotros, ¿qué excusa pondremos, si no hacemos buenas obras? Recordemos que hemos recibido la fe, al salir del seno de nuestra madre, escuchado las palabras de vida desde nuestra cuna, y fueron las ubres de la santa Iglesia el alimento de la doctrina celestial al mismo tiempo que la leche materna.

 San Gregorio Magno (c. 540-604)

papa y doctor de la Iglesia
Homilías sobre el Evangelio n°19.evangelizo.org

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