Dios mío, Trinidad que adoro, ayúdame a olvidarme enteramente de mí
misma para establecerme en ti, inmóvil y apacible como si mi alma estuviera
ya en la eternidad; que nada pueda turbar mi paz, ni hacerme salir de ti, mi
inmutable, sino que cada minuto me lleve más lejos en la profundidad de tu Misterio.
Pacifica mi alma. Haz de ella tu cielo, tu morada
amada y el lugar de tu reposo. Que yo no te deje jamás solo en ella, sino que
yo esté allí enteramente, totalmente despierta en mi fe, en adoración,
entregada sin reservas a tu acción creadora. Amén.
domingo, 7 de junio de 2020
sábado, 6 de junio de 2020
MARIA
María, que de los mortales escuchas las oraciones, te pedimos tu
protección maternal.
Si la horrenda cadena de pecados nos aprieta, ven y libera los corazones oprimidos por las culpas.
Si el mundo nos adula con su falso esplendor, ilumina tú nuestras mentes para reencontrar el camino.
Y cuando en la vida nos encontrara el dolor, camina tú con nosotros para que lleguemos al cielo.
Estate cerca de tus hijos a la hora de la muerte: tu maternal curación sea prueba de salvación.
A Ti, Jesús, sea gloria, nacido de Virgen María, con el Padre y con el Espíritu en los siglos eternos.
Amén.
Si la horrenda cadena de pecados nos aprieta, ven y libera los corazones oprimidos por las culpas.
Si el mundo nos adula con su falso esplendor, ilumina tú nuestras mentes para reencontrar el camino.
Y cuando en la vida nos encontrara el dolor, camina tú con nosotros para que lleguemos al cielo.
Estate cerca de tus hijos a la hora de la muerte: tu maternal curación sea prueba de salvación.
A Ti, Jesús, sea gloria, nacido de Virgen María, con el Padre y con el Espíritu en los siglos eternos.
Amén.
viernes, 5 de junio de 2020
Dóciles al Espíritu Santo
Nuestro Señor Jesús lo quiere: es preciso seguirle de cerca. No hay
otro camino. Esta es la obra del Espíritu Santo en cada alma –en la tuya–, y
has de ser dócil, para no poner obstáculos a tu Dios. (Forja, 860)
Para concretar, aunque sea de una manera muy general, un estilo de
vida que nos impulse a tratar al Espíritu Santo ‑y, con El, al Padre y al Hijo‑
y a tener familiaridad con el Paráclito, podemos fijarnos en tres realidades
fundamentales: docilidad ‑repito‑, vida de oración, unión con la Cruz.
Docilidad, en primer lugar, porque el Espíritu Santo es quien, con
sus inspiraciones, va dando tono sobrenatural a nuestros pensamientos, deseos y
obras. El es quien nos empuja a adherirnos a la doctrina de Cristo y a
asimilarla con profundidad, quien nos da luz para tomar conciencia de nuestra
vocación personal y fuerza para realizar todo lo que Dios espera. Si somos dóciles
al Espíritu Santo, la imagen de Cristo se irá formando cada vez más en nosotros
e iremos así acercándonos cada día más a Dios Padre. Los que son llevados por
el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios.
Si nos dejamos guiar por ese principio de vida presente en
nosotros, que es el Espíritu Santo, nuestra vitalidad espiritual irá creciendo
y nos abandonaremos en las manos de nuestro Padre Dios, con la misma
espontaneidad y confianza con que un niño se arroja en los brazos de su padre. Si
no os hacéis semejantes a los niños, no entraréis en el reino de los cielos, ha
dicho el Señor. Viejo camino interior de infancia, siempre actual, que no es
blandenguería, ni falta de sazón humana: es madurez sobrenatural, que nos hace
profundizar en las maravillas del amor divino, reconocer nuestra pequeñez e
identificar plenamente nuestra voluntad con la de Dios. (Es Cristo que pasa,
135)
jueves, 4 de junio de 2020
Mi refugio, mi esperanza...
Corazón de Jesús, acudo a
Ti porque eres mi refugio, mi esperanza; el remedio de todos mis males, el
alivio de mis miserias, la reparación de todas mis faltas, la seguridad de
todas mis peticiones, la fuente inagotable para mí, y para todos la luz,
fuerza, constancia, paz y bendición. Estoy seguro que no te cansarás de mí y
que no cesarás de amarme, protegerme y ayudarme, porque me amáis con un amor
infinito. Ten piedad de mí, según tu gran misericordia, y haz de mí, por mí, y
en mí todo lo que quieras, porque yo me abandono a tu Corazón con la entera
confianza de que no me abandonarás jamás.
Así sea.
Fe Y Amor Católico
Corazón de Jesús
Muere
amando, porque vivió amando. Ese es el AMOR del CORAZÓN de JESÚS, un
amor apasionado y ardiente como no se había visto jamás en la tierra !
MMacia
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