Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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ACI prensa

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

lunes, 7 de noviembre de 2016

Toma mi mano




Rompe los velos del silencio,
y despoja las nostalgias que recuerdas con desaire.
No sientas que el mundo te deprime,
mira todas las maravillas que están a tu alrededor,
todo fue creado para ti.
Ven, toma mi mano,
mi deseo es compartirla contigo.
No dejes que el vendaval de hoy derrumbe tu vida.
 
Quiero llevarte a los sueños de esperanza eterna,
aquellos donde no existe espacio ni tiempo,
y su gama de colores iluminarán tu vida...
 
Déjate llevar por mis promesas.
Cree en Mí...
Yo soy la llave de salvación.
Clama en silencio con certeza,
en público contestaré tus peticiones,
mi suave brisa te elevará al cielo
y sentirás fortaleza en tu interior...

Ven, avanza en línea recta
Yo estoy en cada espacio de tu vida,
olvida aquellas palabras que te ofendieron,
palabras egoístas que rompieron tu corazón,
mas en cada sentido guarda el deseo delicado
y la fragancia sigilosa para creer en Mí,
no importa si en el ayer creías en algo más...

Desde hoy
teje las mejores madejas de sonrisas en tu rostro,
y abre tu abanico rebosante de alegría
desafía las dimensiones que te tienen cautivo,
y reposa en mi hombro tu dolor,
en mi sutil mirar encontrarás el deseo de vivir,
mas deja el temor a oscuras,
ya no habrá porque repose en tu corazón,
sabrás que aún hay cabida para otra nueva oportunidad...

Hoy, las estrellas en su cristalino brillo
levantarán cada deseo mudo,
la pausa del tiempo,
dejará de ser prisión para tus anhelos,
aquellos deseos vehementes
que hoy frustrarán tu vida,
serán hoy fortalecidos en positivas actitudes.
Tu fe, engrandecerá en tu corazón,
entrégame el dolor que hoy embarga tu cuerpo
porque Yo soy El Camino, La Verdad y La Vida,
tu médico y tu abogado...

No permitas que nada te aparte de mi camino
adorna tu rostro con la mejor sonrisa y confía en Mi...
Soy la llave de la eternidad
La medicina para el dolor...
 
Si en algún momento se nubla tu mirada,
no mires los frutos que cultivan tu pesar.
El sacrificio hecho con mi sangre,
ha lavado cada una de tus imperfecciones
y en la cruz, cargué todos tus pesares.
 
Refúgiate en mi verdad
y serás fuerte en tus emociones y debilidades.
Las dudas e inseguridades ya no serán tuyas
Yo, gobernaré tú vida
reafírmate tú mismo
porque eres una persona maravillosa,
Y Yo, el Hijo de Dios Altísimo...
 
Tu Amigo: Jesús, el Hijo de Dios


 


sábado, 5 de noviembre de 2016

Retrato de la Virgen María




“Su figura y conducta era así: respetable en todo, hablaba poco, obedecía con prontitud, era afable y muy modesta con los varones, seria y sosegada, fervorosa en la oración, reverente, cortés y respetuosa con los hombres, de tal manera que todos admiraban su inteligencia y sus palabras.

Era de mediana estatura, pero algunos dicen que de algo más que mediana. Era de color trigueño, de cabellos rubios, de ojos claros y mirada suave, con cejas oscuras y nariz fina y proporcionada. 

Era también fina en sus manos y dedos, rostro alargado, llena de lozanía y de gracia divina. Sin ningún orgullo, opuesta a la fastuosidad y a la molicie. Poseía una extraordinaria humildad y, por eso, Dios puso en Ella sus ojos, como dijo Ella misma glorificando al Señor. Prefería llevar vestidos sin teñir, como lo atestigua su sagrado velo.

Hilaba lana, de la que se destinaba para el templo del Señor, en el que Ella se sustentaba, siendo constante en las plegarias, la lectura, el ayuno., el trabajo manual y todas las virtudes, de modo que María, realmente santa, vino a ser maestra de muchas mujeres, por su estado de vida y variedad de labores.

Era la más consumada expresión de la divina gracia en consorcio con la belleza humana; todos los Santos Padres confiesan a porfía y unánimes esta tan admirable hermosura de la Virgen. Pero el encanto de la belleza de la Virgen no era debido al cúmulo de perfecciones naturales: emanaba de otra fuente superior.

Esto lo comprendió bien San Ambrosio, cuando dijo que tan atractivo exterior no constituía sino una gracia, a través de la cual se transparentaban todas las virtudes de su interior; y que su alma - la más noble, la más pura que jamás existió, después de la de Jesucristo- se revelaba enteramente en su mirada. La hermosura natural de María era solo un lejano reflejo de sus bellezas espirituales e imperecederas.

Entre todas las mujeres era la más bella, porque era la más casta y la más santa. En todos los modales de la Virgen reinaba la más encantadora modestia; era buena, afable, compasiva, y nunca mostraba enfado alguno contra los afligidos, al oír sus largas quejas. Hablaba poco, siempre al caso, y nunca mancilló sus labios con la mentira. Su voz era dulce y penetrante; y sus palabras tenían un no sé qué de bondad y consuelo, que infundían paz en las almas.

Siempre la primera en velar, la más exacta en el cumplimiento de la ley divina, la más humilde; en fin, la más perfecta en todas las virtudes. Ni una sola vez se la vio airada; nunca ofendió, ni causó pena, ni reprochó a nadie. Era enemiga de toda ostentación, sencilla en su vestir, sencilla en sus modales.

Ni por asomo le vino el deseo de exhibir su hermosura ni su antiguo y noble abolengo, ni los tesoros que enriquecían su mente y su corazón. Su misma presencia parecía santificar a cuantos la rodeaban, y su sola vista bastaba para desterrar todo pensamiento terreno.

Su cortesía no era simple fórmula compuesta de palabras vanas, era expresión de la universal benevolencia que brotaba de su alma. En fin, todo en Ella reflejaba a la Madre de Misericordia".

San Epifanio de Chipre (315-403), Obispo, nos ha dejado un espléndido retrato de la Virgen María que recogió de la tradición.

 

viernes, 4 de noviembre de 2016

Tu dulce mirada Jesús, lo cambia todo.






Trato  de llamar tu atención Señor, y no lo consigo. Es como si te hubieses olvidado de mí.  Hago de todo como esos niños a los que les da una rabieta y aún así no me miras. No me escuchas.

Qué terrible es tu ausencia Señor.

De pronto respondes: “Yo siempre estoy contigo. Eres tú quien no me ve ni escucha mi voz. Te has distraído con las cosas del mundo. Y no me percibes.”

“No me gustan las noches oscuras Señor. Andar a ciegas. Sentir que no te tengo en mi vida, que te he perdido”.

He pensado: “Cuántas veces con nuestros pecados golpeamos los clavos que atraviesan tus manos. Y Tú, en silencio nos miras, con esa dulce mirada de amor”.

Una mirada que perdona, es compasiva y lo cambia todo.

“¿Qué habrá sentido Pedro cuando lo miraste?”

“Pasada como una hora, otro aseguraba: “Cierto que éste también estaba con él, pues además es galileo.” Le dijo Pedro: “¡Hombre, no sé de qué hablas!” Y en aquel momento, estando aun hablando, cantó un gallo, y el Señor se volvió y miró a Pedro, y recordó Pedro las palabras del Señor, cuando le dijo: “Antes que cante hoy el gallo, me habrás negado tres veces.” (Lc 22, 59 -61)

¿Qué le dijiste Jesús con esa mirada? El mundo le habrá caído encima a Pedro. ¿Acaso comprendió su grave pecado?

Sabemos esto:

“Y, saliendo fuera, rompió a llorar amargamente”. (Lc 22, 62)

Yo también la he sentido en muchas ocasiones… Tu mirada Jesús.  La mirada de quien ama desde una eternidad y no es correspondido.

He visto el dolor que te causamos cuando tanto amor no es correspondido.
Qué equivocados estamos.  Lo lamento tanto Señor. 

Sufres por nosotros. Y nos miras siempre con esa mirada de compasión y amor.

No te basta el sacrificio de tu vida. Nunca es suficiente para ti. Lo das todo por nosotros.

Perdóname buen Jesús. Ahora sé que soy yo el que se ha alejado de ti. 

Como el padre amoroso del hijo pródigo cada tarde sales a mi encuentro, con la ilusión de verme regresar.

Quiero quedarme a Tu lado ¿Qué debo hacer Señor?

De pronto, en el fondo del alma, escucho unas  palabras conocidas, que me golpean muy hondo y me abren los ojos a mis errores.

“Ama… A todos”.


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