Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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ACI prensa

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

miércoles, 2 de noviembre de 2016

MERECÉIS ALGO MÁS!




Algo más que un silencio por aquellas palabras que, estando vivos entre nosotros, fueron consuelo, fuerza y esperanza.
Palabras que, no sabemos cómo ni de qué manera, llenaron tantos espacios ahora muertos. Mucho más que una lágrima porque, las vuestras fueron llanto y ríos en abundancia cuando nuestros errores o decepciones no siempre estuvieron a la altura de lo que significabais. 

MERECÉIS ALGO MÁS!
Que caer en el olvido o en el absurdo cuando, sin quererlo o sin saber por qué, dejamos vuestros rostros esparcidos en bosques o playas, campos o mares, calles o plazas. Cuando, como Cristianos sabemos,que sois semilla destinada a descansar en tierra fértil.

MERECÉIS ALGO MÁS
Que un día con veinticuatro horas de recuerdos porque, vuestras pisadas en nuestros pasos, fueron aliento y entrega permanente cuando la Vida nos castigaba cruelmente en nuestro caminar.

MERECÉIS ALGO MÁS
Que una lagrima sin futuro o unas flores sin eternidad. Mucho más que una añoranza sin esperanza o un “gracias” sin apostar por el más allá. Mucho más que una legítima ausencia sin llorar previamente nuestro 
arrepentimiento. Arrepentimiento por las veces que, en el aquí y no en el allá, no os dimos el abrazo que ahora os daríamos, el beso que tal vez os negamos o el oído que, por falta de tiempo, os retiramos.

Qué fácil es amar cuando alguien se va, y qué difícil, el Señor nos lo pondrá; cuando tal vez nos pregunte:¿”Qué hiciste en vida con tu hermano, tu padre, tu madre, tu abuelo o tu Amigo?

Porque, no lo olvidemos, ellos son nuestros mientras viven junto a nosotros, pero son de Dios cuando marchan de éste Mundo ¡CUANTO OS MERECÉIS ¡
EL Señor os dará lo que nosotros no supimos… o no quisimos.
Descansad en paz.

Javier Leoz.

Sólo



¿Quieres ayudar? Ayúdate primero tú.

Sólo los amados, aman, hasta la medida de la gratuidad.

Sólo los libres, liberan.

Sólo son fuentes de paz, quienes están en paz consigo mismos.

Los que sufren, hacen sufrir.

Los fracasados, necesitan ver fracasar a otros, los triunfadores ayudan a crecer y a triunfar a los demás.

Los resentidos siembran violencia, los que perdonan siembran fraternidad.

Los envidiosos destruyen, los humildes y generosos edifican.

Los que tienen conflictos provocan conflictos a su alrededor.

Los que no se aceptan, no pueden aceptar a los demás.

Es tiempo perdido y utopía pura pretender dar lo que tú no tienes. Debes empezar por tí mismo.

Motivarás a realizarse a tus allegados en la medida en que tú estés realizado.

Amarás realmente al prójimo en la medida en que aceptes y ames serenamente tu persona y tu pasado.

Amarás al prójimo como a tí mismo, en la medida que te ames a ti mismo.

Para ser útil a otros, antes has de saberte útil.

Sé feliz tú y tu familia, tus hijos, tu círculo de amistades, tu centro de trabajo se llenará de tu felicidad.

Ser mejor padre, ser mejor madre, hijo, hija, maestro/a, esposo/a, profesional, abuelo/a, tío/a, novio/a, vecino/a, confidente, amigo/a, religioso/a, compañero/a, es... ser mejor persona.
Nuestras relaciones mejoran cuando con responsabilidad nos mejoramos nosotros mismos.


P  Ignacio Larrañaga



martes, 1 de noviembre de 2016

Fiesta de Todos los Santos




Celebramos a las personas que han llegado al cielo, conocidas y desconocidas. 1 de noviembre

Este día se celebran a todos los millones de personas que han llegado al cielo, aunque sean desconocidos para nosotros. Santo es aquel que ha llegado al cielo, algunos han sido canonizados y son por esto propuestos por la Iglesia como ejemplos de vida cristiana.

Comunión de los santos

La comunión de los santos, significa que ellos participan activamente en la vida de la Iglesia, por el testimonio de sus vidas, por la transmisión de sus escritos y por su oración. Contemplan a Dios, lo alaban y no dejan de cuidar de aquellos que han quedado en la tierra. La intercesión de los santos significa que ellos, al estar íntimamente unidos con Cristo, pueden interceder por nosotros ante el Padre. Esto ayuda mucho a nuestra debilidad humana.

Su intercesión es su más alto servicio al plan de Dios. Podemos y debemos rogarles que intercedan por nosotros y por el mundo entero.

Aunque todos los días deberíamos pedir la ayuda de los santos, es muy fácil que el ajetreo de la vida nos haga olvidarlos y perdamos la oportunidad de recibir todas las gracias que ellos pueden alcanzarnos. Por esto, la Iglesia ha querido que un día del año lo dediquemos especialmente a rezar a los santos para pedir su intercesión. Este día es el 1ro. de noviembre.

Este día es una oportunidad que la Iglesia nos da para recordar que Dios nos ha llamado a todos a la santidad. Que ser santo no es tener una aureola en la cabeza y hacer milagros, sino simplemente hacer las cosas ordinarias extraordinariamente bien, con amor y por amor a Dios. Que debemos luchar todos para conseguirla, estando conscientes de que se nos van a presentar algunos obstáculos como nuestra pasión dominante; el desánimo; el agobio del trabajo; el pesimismo; la rutina y las omisiones.
Se puede aprovechar esta celebración para hacer un plan para alcanzar la santidad y poner los medios para lograrlo:

¿Como alcanzar la santidad?

- Detectando el defecto dominante y planteando metas para combatirlo a corto y largo plazo.
- Orando humildemente, reconociendo que sin Dios no podemos hacer nada.
- Acercándonos a los sacramentos.

Un poco de historia

La primera noticia que se tiene del culto a los mártires es una carta que la comunidad de Esmirna escribió a la Iglesia de Filomelio, comunicándole la muerte de su santo obispo Policarpo, en el año156. Esta carta habla sobre Policarpo y de los mártires en general. Del contenido de este documento, se puede deducir que la comunidad cristiana veneraba a sus mártires, que celebraban su memoria el día del martirio con una celebración de la Eucaristía. Se reunían en el lugar donde estaban sus tumbas, haciendo patente la relación que existe entre el sacrificio de Cristo y el de los mártires

La veneración a los santos llevó a los cristianos a erigir sobre las tumbas de los mártires, grandes basílicas como la de San Pedro en la colina del Vaticano, la de San Pablo, la de San Lorenzo, la de San Sebastián, todos ellos en Roma.

Las historias de los mártires se escribieron en unos libros llamados Martirologios que sirvieron de base para redactar el Martirologio Romano, en el que se concentró toda la información de los santos oficialmente canonizados por la Iglesia.

Cuando cesaron las persecuciones, se unió a la memoria de los mártires el culto de otros cristianos que habían dado testimonio de Cristo con un amor admirable sin llegar al martirio, es decir, los santos confesores. En el año 258, San Cipriano, habla del asunto, narrando la historia de los santos que no habían alcanzado el martirio corporal, pero sí confesaron su fe ante los perseguidores y cumplieron condenas de cárcel por Cristo.

Más adelante, aumentaron el santoral con los mártires de corazón. Estas personas llevaban una vida virtuosa que daba testimonio de su amor a Cristo. Entre estos, están san Antonio (356) en Egipto y san Hilarión (371) en Palestina. Tiempo después, se incluyó en la santidad a las mujeres consagradas a Cristo.

Antes del siglo X, el obispo local era quien determinaba la autenticidad del santo y su culto público. Luego se hizo necesaria la intervención de los Sumos Pontífices, quienes fueron estableciendo una serie de reglas precisas para poder llevar a cabo un proceso de canonización, con el propósito de evitar errores y exageraciones.

El Concilio Vaticano II reestructuró el calendario del santoral:

Se disminuyeron las fiestas de devoción pues se sometieron a revisión crítica las noticias hagiográficas (se eliminaron algunos santos no porque no fueran santos sino por la carencia de datos históricos seguros); se seleccionaron los santos de mayor importancia (no por su grado de santidad, sino por el modelo de santidad que representan: sacerdotes, casados, obispos, profesionistas, etc.); se recuperó la fecha adecuada de las fiestas (esta es el día de su nacimiento al Cielo, es decir, al morir); se dio al calendario un carácter más universal (santos de todos los continentes y no sólo de algunos).

Categorías de culto católico

Los católicos distinguimos tres categorías de culto:
- Latría o Adoración: Latría viene del griego latreia, que quiere decir servicio a un amo, al señor soberano. El culto de adoración es el culto interno y externo que se rinde sólo a Dios.

- Dulía o Veneración: Dulía viene del griego doulos que quiere decir servidor, servidumbre. La veneración se tributa a los siervos de Dios, los ángeles y los bienaventurados, por razón de la gracia eminente que han recibido de Dios. Este es el culto que se tributa a los santos. Nos encomendamos a ellos porque creemos en la comunión y en la intercesión de los santos, pero jamás los adoramos como a Dios. Tratamos sus imágenes con respeto, al igual que lo haríamos con la fotografía de un ser querido. No veneramos a la imagen, sino a lo que representa.

- Hiperdulía o Veneración especial: Este culto lo reservamos para la Virgen María por ser superior respecto a los santos. Con esto, reconocemos su dignidad como Madre de Dios e intercesora nuestra. Manifestamos esta veneración con la oración e imitando sus virtudes, pero no con la adoración.

Por: Tere Fernández | Fuente: Catholic.net

¿Santo? ¿Es posible?





Marchasteis por la vida, orientados por la estrella de la fe y, cuando en medio de tempestades, la barca de vuestra vida era zarandeada, Dios siempre salió a vuestro encuentro, como la madre lo hace con su hijo en cada amanecer.

¡Sois  santos!
No sabemos exactamente cómo, en donde… ni cuándo.
Algunos sois familiares, cercanos e incluso os ponemos figura, semblante y hasta canciones.
Pero, a la gran mayoría, os elevamos en ese inmenso altar que no conoce más techo que el cielo.
Os tallamos en ese descomunal retablo que, sólo Dios, es capaz de  esculpir con su mano.

¡Sois  santos!
Y, ello, nos empuja en el sendero de nuestra existencia a intentar conquistar las mismas metas que, en vosotros, fueron motor y definición de vuestro vivir y sufrir.

¿Sois santos?
¿Cuántos? ¿Cómo? ¿De qué manera?
No preguntemos tanto.
La santidad se talla con el cincel que cada día nos ofrece la vida.
¿Cuántos?
Sólo interesa a Aquel que los forja: Dios.
¿De qué manera?
¡Qué gran torno y fábrica de santos las bienaventuranzas!
Demos gracias a Dios.
Nos ha dejado una hoja de ruta para llegar hasta el final
Ocho puntos, que son como  ocho soles para iluminar la santidad.
Ocho jugadas para hacerlo en  limpio, frente al intento de hacerlo  a traición.
Ocho consejos necios para el mundo, pero sabios para el Señor.
Ocho caminos que son servir a la grandeza de Dios: el amor.

¿Santos? ¿Es posible hoy? ¡Claro que sí!
Dicen que, el salmón, es tan rico porque nada contracorriente.
Por ello mismo, los santos, son tan enriquecedores para nuestra iglesia y para  nuestra fe.
Supieron decir “no” donde el mal decía “sí”.
Tuvieron agallas de señalar un “sí” donde el maligno gritaba “no”.
Ahora, no puede ser de otra  manera, en el cielo destellan multitud de los nuestros, por Toda una vida de fe, de confianza y de amor.
¿Seremos capaces de aspirarlo nosotros?

P. Javier Leoz

 

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