Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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ACI prensa

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

sábado, 27 de octubre de 2012

MARÍA, ESCLAVA DEL SEÑOR

LAS VIRTUDES DE MARÍA SANTÍSIMA

Es necesario considerar una vez más el acontecimiento fundamental en la economía de la salvación, o sea la encarnación del Verbo en la anunciación. Es significativo que María, reconociendo en la palabra del mensajero divino la voluntad del Altísimo y sometiéndose a su poder, diga: « He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra » (Lc 1, 3). El primer momento de la sumisión a la única mediación « entre Dios y los hombres » —la de Jesucristo— es la aceptación de la maternidad por parte de la Virgen de Nazaret. María da su consentimiento a la elección de Dios, para ser la Madre de su Hijo por obra del Espíritu Santo. Puede decirse que este consentimiento suyo para la maternidad es sobre todo fruto de la donación total a Dios en la virginidad. María aceptó la elección para Madre del Hijo de Dios, guiada por el amor esponsal, que « consagra » totalmente una persona humana a Dios. En virtud de este amor, María deseaba estar siempre y en todo « entregada a Dios », viviendo la virginidad. Las palabras « he aquí la esclava del Señor » expresan el hecho de que desde el principio ella acogió y entendió la propia maternidad como donación total de sí, de su persona, al servicio de los designios salvíficos del Altísimo. Y toda su participación materna en la vida de Jesucristo, su Hijo, la vivió hasta el final de acuerdo con su vocación a la virginidad.
La maternidad de María, impregnada profundamente por la actitud esponsal de « esclava del Señor », constituye la dimensión primera y fundamental de aquella mediación que la Iglesia confiesa y proclama respecto a ella,100 y continuamente « recomienda a la piedad de los fieles » porque confía mucho en esta mediación. En efecto, conviene reconocer que, antes que nadie, Dios mismo, el eterno Padre, se entregó a la Virgen de Nazaret, dándole su propio Hijo en el misterio de la Encarnación. Esta elección suya al sumo cometido y dignidad de Madre del Hijo de Dios, a nivel ontológico, se refiere a la realidad misma de la unión de las dos naturalezas en la persona del Verbo (unión hipostática). Este hecho fundamental de ser la Madre del Hijo de Dios supone, desde el principio, una apertura total a la persona de Cristo, a toda su obra y misión. Las palabras « he aquí la esclava del Señor » atestiguan esta apertura del espíritu de María, la cual, de manera perfecta, reúne en sí misma el amor propio de la virginidad y el amor característico de la maternidad, unidos y como fundidos juntamente.
Por tanto María ha llegado a ser no sólo la « madre-nodriza » del Hijo del hombre, sino también la « compañera singularmente generosa » del Mesías y Redentor. Ella —como ya he dicho— avanzaba en la peregrinación de la fe y en esta peregrinación suya hasta los pies de la Cruz se ha realizado, al mismo tiempo, su cooperación materna en toda la misión del Salvador mediante sus acciones y sufrimientos. A través de esta colaboración en la obra del Hijo Redentor, la maternidad misma de María conocía una transformación singular, colmándose cada vez más de « ardiente caridad » hacia todos aquellos a quienes estaba dirigida la misión de Cristo. Por medio de esta « ardiente caridad », orientada a realizar en unión con Cristo la restauración de la « vida sobrenatural de las almas », María entraba de manera muy personal en la única mediación « entre Dios y los hombres », que es la mediación del hombre Cristo Jesús. Si ella fue la primera en experimentar en sí misma los efectos sobrenaturales de esta única mediación —ya en la anunciación había sido saludada como « llena de gracia »— entonces es necesario decir, que por esta plenitud de gracia y de vida sobrenatural, estaba particularmente predispuesta a la cooperación con Cristo, único mediador de la salvación humana. Y tal cooperación es precisamente esta mediación subordinada a la mediación de Cristo.
En el caso de María se trata de una mediación especial y excepcional, basada sobre su « plenitud de gracia », que se traducirá en la plena disponibilidad de la « esclava del Señor ». Jesucristo, como respuesta a esta disponibilidad interior de su Madre, la preparaba cada vez más a ser para los hombres « madre en el orden de la gracia ». Esto indican, al menos de manera indirecta, algunos detalles anotados por los Sinópticos (cf. Lc 11, 28; 8, 20-21; Mc 3, 32-35; Mt 12, 47-50) y más aún por el Evangelio de Juan (cf. 2, 1-12; 19, 25-27), que ya he puesto de relieve. A este respecto, son particularmente elocuentes las palabras, pronunciadas por Jesús en la Cruz, relativas a María y a Juan.

Beato Juan Pablo II. Redemptoris Mater, 39
 http://www.santorosario.info/Virtudes.de.Maria.Santisima/

viernes, 26 de octubre de 2012

La lógica del amor y de la fe se parecen mucho

El otro día, con el grupo de universitarios, me vino un pensamiento envidiable. Yo mismo me sorprendí, y me admiré. No porque yo lo pensara, que estoy más o menos acostumbrado a hacerlo, y a darle vueltas a las cosas, sino por lo que significaba. Intuí que la lógica de la fe y del amor se parecían mucho.

1. Venimos al mundo capacitados para amar y para confiar. No son cosas que se enseñan, sino necesidades básicas de las personas, algo que demandamos, que ansiamos. Y comienzan en nosotros a desarrollarse en la medida en que somos vulnerables y necesitados. Necesitamos ser amados, cuando todavía no podemos amar siquiera, y necesitamos que nos ofrezcan confianza, cuando somos incapaces de ofrecer nada creíble ni sólido. Comienzan ambas recibiendo.

2. Son estructuras esenciales e innegables en las personas. Configuran ambas todo. Lo tocan todo, lo trastocan todo, tienen capacidad para transformar todo nuestro ser, pensar, hacer, vivir... lo que queramos. Nuestro trabajo y nuestra vida personal. Se mete hasta las junturas del ser. Su lógica no es una lógica particializable. Ni controlable. No tiene, por así decir, medida y toda persona se debe rendir ante esta evidencia. Una me va llevando a la otra, y así, como si fuera un tsunami, lo recoloca todo a su medida.

3. Buscan saciarse, como quien desea algo, ajeno a sí mismo, capaz de llenar un vacío. El deseo que nos impulsa a amar nos hace apasionarnos, disfrutar, gozar, alegrarnos cuando encontramos algo que creemos digno de amor, digno de nosotros mismos. En cuanto vemos que no es así, reina la decepción, y pasamos a otra cosa. Lo mismo en el ámbito de la confianza y de la libertad. Dicho de otro modo, es una potencia y fuerza que sabe que existe aquello que todavía, quizá, sea incapaz de ver, incluso quiera negar, o encuentre en imperfección y limitación.

4. Por qué tanto “cambio”, tanta “apuesta personal”. Porque no hay otro modo de vivir que arriesgando valientemente una y otra vez. No queremos el riesgo, la verdad. Todos desean, por mucho que lo nieguen, encontrar lo definitivo, aquello que les “ate” y les dé sentido para siempre. Cada momento se convierte entonces en una prueba para esta apertura del ser humano. Y así buscamos y buscamos, y caminamos de aquí para allí, y estamos con una persona, y con un grupo de personas, y experimentamos qué vivimos en este lugar, en este otro, en esta situación y en esta otra.

5. En el momento en el que encontramos lo que merece la pena, el resto pasa a un segundo nivel, tercer nivel y cuarto nivel si es necesario. Y todo pierde valor, en proporción al hallazgo, o se revaloriza, en función del tesoro encontrado. De modo que con una persona nos vale en el mundo, a quien poder entregarnos, de quien poder recibir amor. Y tan importante es encontrar quien me quiera bien, como aquella persona que me dignifique siendo capaz de recibir todo cuanto soy, con lo que eso significa.

En la lógica del amor y de la fe, sucede exactamente lo mismo. Quienes aman, porque han sido amados primero, lo saben y pueden decir si es o no cierto lo que digo. Pero yo, en la fe, puedo decir también que quien conoce a Jesucristo encuentra esa respuesta que andaba buscando. No quien encuentra “la idea de Jesús, o la idea de Dios”, o peor, “la idea de Jesús o de Dios de tal o cual persona”, sino quien se encuentra con Dios cara a cara, quien permite y se abre a semejante encuentro. Hasta entonces, confiará su corazón y su vida a otras cosas, que harán de dioses imperfectos, que le agotarán y le harán sentirse incluso más vacío. Pero quien encuentra a Jesucristo, en ese cara a cara, se siente llamado a entregar su propia vida. Igual que en el amor, igual que en la búsqueda de amor que hay en el corazón del hombre. Ambas lógicas, en sus semejanzas, nunca podrán ser negadas ni olvidadas, y buscan y desean y anhelan. Tensionan la humanidad hacia lo eterno y hacia lo infinito, hacia el más. Por eso también quien ha encontrado amor, quien ha recibido fe, sabe que no ha hecho nada más que empezar a descubrir cuál es el camino verdadero.


Autor: José Fernando Juan | Fuente: mambre.wordpress.com
Catholic.net


Dame fe, Señor



Dame fe, Señor.
Y que no me desangre
por las cosas estériles e inútiles
que no merecen la pena.

Dame fe, Señor.
Y que sienta el brotar de una nueva vida,
cuando te palpo por la oración y la Eucaristía.

Dame fe, Señor.
Y elévame cuando, postrado en mil problemas,
tengo la sensación de que se impondrán
a mis posibilidades de hacerles frente.

Dame fe, Señor.
Y que me levante para siempre escucharte,
y que me levante para nunca perderte.

Dame fe, Señor.
Para que, siendo débil como soy,
pueda ser enérgico como Tú quieres
que yo lo sea.

Dame fe, Señor.
Y cura y venda mis heridas,
por las que, en hemorragia continua,
siento que se malogra o se pierde mi vida.
  
Dame fe, Señor.
Y, cuando pases a mi lado en situaciones distintas,
yo sepa reconocerte y, con mi mano,
tocar y aprovechar la salud que irradia tu manto.

Dame fe, Señor.
Porque la fe, es ver lleno el vacío.
Porque la fe, es confiar en lo prometido.
Porque la fe, es levantarse aún
a riesgo de volver a caer.
Porque la fe, es poner a Dios
en el lugar que le corresponde.
Porque la fe, es atisbar luz donde algunos
se empeñan en clavar sombras.

Dame fe, Señor.
Y, cuando algunos me den por muerto o vencido,
grítame a lo más hondo de mi conciencia:
¡A ti te lo digo! ¡Levántate!
Para que, de esa manera, vean
que tu presencia invisible es más
poderosa que los eternamente visibles;
tu voz es autoridad y sana calmando las heridas;
tu paso no deja indiferente al que te mira
con amor y te acaricia con fe.
¡Gracias, amigo y Señor de la vida!

Javier Leoz
celebrandolavida.org

martes, 23 de octubre de 2012

Luz para la humanidad


 
Sí, Señor, así te vemos y así te sentimos.
Desde el día de tu llegada a nuestro mundo
alegraste la noche oscura del hombre.
Lo hiciste en silencio, sin ruido
pero, en Belén, fuiste luz en medio
de un impresionante firmamento estrellado.
 
Tú, Señor, eres la luz del mundo.
Entonces ¿qué somos nosotros, Señor?
Somos pequeñas luces, de tu inmensa luz
Somos pequeños ríos, de tu inmenso mar.
Somos pequeños destello, de tu inmenso sol.
Eres, Señor, luz de la humanidad.
 
Quien a Ti escucha, encuentra alivio.
Quien a Ti sigue, se siente protegido.
Quien a Ti bendice, queda engrandecido,
sobrecogido y enardecido por tu presencia, Señor.
 
Nunca, nuestra tierra,
cesará de darte gracias por tu Palabra.
Por poner esperanza a nuestro lado.
Por sembrar ilusiones en nuestros senderos.
Por levantarnos, con y por tu Palabra,
cuando nos sentimos decepcionados,
engañados o humillados,
por tanta palabra y bisutería que ofrece el mundo.
¡Gracias, Señor!
 
Sigues siendo luz de muchos pueblos.
Horizonte de muchas metas.
Vida de muchas vidas.
Orgullo de millones de hombres y mujeres
que, sintiendo la peligrosa noche,
saben que Tú sigues siendo… la LUZ.
Amén.
 
P. Javier Leoz
celebrandolavida.org

lunes, 22 de octubre de 2012

María, al P. Gobbi...


Mi Corazón Inmaculado, sobre todo en estos tiempos, se convierte en el camino seguro que os lleva a la comunión recíproca, a la comprensión, al rechazo del egoísmo y de toda división, de manera que se pueda realizar finalmente el mandamiento nuevo que os dio mi Hijo Jesús: “Amaos los unos a los otros como Yo os he amado”.

María al P. Gobbi, 13 de mayo de 1996.


 https://www.facebook.com/photo.php?fbid=3879954926397&set=a.1454343287622.2062284.1504522290&type=1&theater

domingo, 21 de octubre de 2012

La esperanza


Permite que la esperanza te anime
a poner manos a la obra.
No dejes que remplace a la acción.
 
Tener esperanza en tu corazón
es más que tan sólo desear.
Su fuerza proviene del esfuerzo
y el compromiso que inspira.
 
Puede darte una razón, cuando
ninguna otra razón parezca tener sentido.
Puede hacer que lo imposible se haga realidad.
 
Pero para que la esperanza trabaje
para ti, tú debes trabajar por ella.
La esperanza no es un viaje gratis,
sino que se trata de un camino
profundo y apremiante a recorrer.
 
Haz el esfuerzo, lidia con los desafíos
y la esperanza demostrará ser un aliado
indispensable. Agrega el fervor
de tu esperanza a la efectividad
de tus acciones y tendrás
una combinación de veras ganadora.
 
Enfoca tu esperanza en el más alto
nivel que puedas llegar a imaginar.
Luego pon lo mejor que tengas
para cuidar a fondo de ella.
 
Gabriel Sandler
celebrandolavida.org

sábado, 20 de octubre de 2012

Las Glorias de María


LAS VIRTUDES DE MARÍA SANTÍSIMA

"...El Concilio ofrece a los creyentes algunos criterios para vivir de manera auténtica su relación filial con María: «Los fieles, además, deben recordar que la verdadera devoción no consiste ni en un sentimiento pasajero y sin frutos ni en una credulidad vacía. Al contrario, procede de la verdadera fe, que nos lleva a reconocer la grandeza de la Madre de Dios y nos anima a amar como hijos a nuestra Madre y a imitar sus virtudes» (Lumen Gentium, 67).

Con estas palabras los padres conciliares ponen en guardia contra la «credulidad vacía» y el predomino del sentimiento. Y sobre todo quieren reafirmar que la devoción mariana auténtica, al proceder de la fe y del amoroso reconocimiento de la dignidad de María, impulsa al afecto filial hacia Ella y suscita el firme propósito de imitar sus virtudes..."
Beato Juan Pablo II. Audiencia 29 de octubre de 1997



¡DIOS TE SALVE, MARÍA!
 
Te saludamos con el Ángel: ¡Llena de gracia. El Señor está contigo!.
 
Te saludamos con Isabel: ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¡Feliz porque has creído a las promesas divinas!
Te saludamos con las palabras del Evangelio: Feliz porque has escuchado la Palabra de Dios y la has cumplido.

¡Tú eres la llena de gracia!
Te alabamos, Hija predilecta del Padre.
Te bendecimos, Madre del Verbo Divino.
Te veneramos, Sagrario del Espíritu Santo.
Te invocamos; Madre y Modelo de toda la Iglesia.
Te contemplamos, imagen realizada de las esperanzas de toda la humanidad.

¡El Señor está contigo!
Tú eres la Virgen de la Anunciación, el Sí de la humanidad al misterio de la salvación.
Tú eres la Hija de Sión y el Arca de la nueva Alianza en el misterio de la Visitación.
Tú eres la Madre de Jesús, la que lo mostraste a los pastores y a los sabios de Oriente.
Tú eres la Madre que ofrece a su Hijo en el templo, lo acompaña hasta Egipto y lo conduce a Nazaret.
Tú eres la Virgen de los caminos de Jesús, de la vida oculta y del milagro de Caná.
Tú eres la Madre Dolorosa del Calvario y Virgen gozosa de la Resurrección.
Tú eres la Madre de los discípulos de Jesús en la espera y en el gozo de Pentecostés.

¡Bendita Tú eres ...!
Porque creíste en la Palabra del Señor,
Porque esperaste en sus promesas,
Porque fuiste perfecta en el amor.
Por tu caridad premurosa con Isabel,
Por tu bondad materna en Belén,
Por tu fortaleza en la persecución,
Por tu perseverancia en la búsqueda de Jesús en el templo,
Por tu vida sencilla en Nazaret,
Por tu intercesión en Caná,
Por tu presencia maternal junto a la Cruz,
Por tu fidelidad en la espera de la Resurrección,
Por tu oración asidua en Pentecostés.
Por la gloria de tu Asunción a los cielos,
Por tu maternal protección sobre la Iglesia,
Por tu constante intercesión por toda la humanidad.

¡Santa María, Madre de Dios!   Queremos consagrarnos a Ti.
Porque eres Madre de Dios y Madre nuestra.
Porque tu Hijo Jesús nos confió a Ti.
Porque has querido ser Madre de la Iglesia.

¡Santa María, Madre de Dios!  Nos consagramos a Ti:
Los obispos, que a imitación del Buen Pastor velan por el Pueblo de Dios.
Los sacerdotes, que han sido ungidos por el Espíritu.
Los religiosos y religiosas, que ofrendan su vida por el Reino de Cristo.
Los seminaristas, que han acogido la llamada del Señor.
Los esposos cristianos en la unidad e indisolubilidad de su amor con sus familias.
Los seglares comprometidos en el apostolado.
Los jóvenes que anhelan una sociedad nueva.
Los niños que merecen un mundo más pacífico y humano.
Los enfermos, los pobres, los encarcelados, los perseguidos, los huérfanos, los desesperados, los moribundos.

¡Ruega por nosotros pecadores!
Madre de la Iglesia, bajo tu patrocinio nos acogemos y a tu inspiración nos encomendamos.
Te pedimos por la Iglesia, para que sea fiel en la pureza de la fe, en la firmeza de la esperanza, en el fuego de la caridad, en la disponibilidad apostólica y misionera, en el compromiso por promover la justicia y la paz entre los hijos de esta tierra bendita.
Te suplicamos que toda la Iglesia se mantenga siempre en perfecta comunión de fe y de amor, unida a la Sede de Pedro con estrechos vínculos de obediencia y de caridad.
Te encomendamos la fecundidad de la nueva evangelización, la fidelidad en el amor de preferencia por los pobres y la formación cristiana de los jóvenes, el aumento de las vocaciones sacerdotales y religiosas, la generosidad de los que se consagran a la misión, la unidad y la santidad de todas las familias.

¡Ahora y en la hora de nuestra muerte!
¡Virgen, Madre nuestra! Ruega por nosotros ahora. Concédenos el don inestimable de la paz, la superación de todos los odios y rencores, la reconciliación de todos los hermanos. Te lo pedimos a Ti, a quien invocamos como Reina de la Paz. Que cese la violencia y la guerrilla. Que progrese y se consolide el diálogo y se inaugure una convivencia pacífica. Que se abran nuevos caminos de justicia y de prosperidad.
Te encomendamos a todas las víctimas de la injusticia y de la violencia, a todos los que han muerto en las catástrofes naturales, a todos los que en la hora de la muerte acuden a Ti como Madre. Sé para todos nosotros Puerta del Cielo, vida, dulzura y esperanza, para que, juntos, podamos contigo glorificar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Amén!
 
ORACIÓN  EN EL SANTUARIO  DE CHIQUINQUIRÁ . COLOMBIA . 1986

Fuente:
 http://www.santorosario.info/Virtudes.de.Maria.Santisima/

lunes, 1 de octubre de 2012

Teresa del Niño Jesús, Santa


 Virgen y Doctora de la Iglesia

Martirologio Romano: Memoria de santa Teresa del Niño Jesús, virgen y doctora de la Iglesia, que entró aún muy joven en el monasterio de las Carmelitas Descalzas de Lisieux, llegando a ser maestra de santidad en Cristo por su inocencia y simplicidad. Enseñó el camino de la perfección cristiana por medio de la infancia espiritual, demostrando una mística solicitud en bien de las almas y del incremento de la Iglesia, y terminó su vida a los veinticinco años de edad, el día treinta de septiembre (1897)

La Iglesia le dedica este día para que la conozcamos y tratemos de imitar sus virtudes de delicadeza y pefección en las cosas pequeñas.
Leer más...



¿Has escuchado estas palabras?

"Nunca he dado a Dios más que amor, y Él me pagará con amor. Después de mi muerte dejaré caer una lluvia de rosas...Pasaré mi Cielo haciendo bien sobre la tierra...Mi caminito es el camino de la infancia espiritual, el camino de la confianza y de la entrega absoluta”.  
¡Seguramente!  Estas son las palabras de una de las santas más queridas de nuestra fe católica... 
 
 
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
 
¡Santa Teresita! Vengo a tus plantas lleno de confianza a pedirte favores. La cruz de la vida me pesa mucho, y no encuentro más que espinas entre sus brazos. ¡Florecita de Jesús! envía sobre mi alma una lluvia de flores de gracia y de virtud para que pueda subir el Calvario de la vida embriagado en sus perfumes. Mándame una sonrisa de tus labios de cielo y una mirada de tus hermosos ojos... Que valen más tus caricias que todas las alegrías que el mundo encierra. ¡Dios mío! Por intercesión de Santa Teresita dadme fuerza para cumplir exactamente con mi deber, y concededme la gracia que en esta novena le pido. Amén.
 
Quieres empezar la Novena a Santa Teresita?... haz clik en la imagen...




Novena día II
Novena día III
Novena día IV
Novena día V
Novena día VI
Novena día VII
Novena día VIII
Novena día IX


 Virgen María y Santa Teresita, ayúdame a tener más amor a Dios para servir mejor a los que me rodean.
 

¿Soy de los tuyos, Señor?

¿Pregono,  con la misma fuerza,
tu mensaje de salvación y de justicia?
Sí; Señor.
A  veces creo que no soy de los tuyos.
Que mis palabras, son sólo palabras mías.
Que mis obras, son construcción exclusiva.
Que mis iniciativas, de deben a mí.
 
¿Soy de los tuyos,  Señor?
Y es que, muchas veces Señor,
pienso más en mí que en Ti.
Mi corazón anda dividido,
y  volcado en muchos amores.
A veces, mi mirada, lejos de ser para Ti,
es para aquellos que caminan a mi lado.
 
¿Soy de los tuyos,  Señor?
Todo lo que digo ¿habla de Ti, Señor?
Todo lo que hago, ¿es por Ti, Señor?
Ayúdame, Señor, hoy más que nunca,
a  sentirme... más tuyo.
Siento que estoy lejos,
cada día más lejos de ser tuyo.
Por eso, en medio de tanta lucha,
combate, indecisión, debilidad,
desánimo o prueba… me pregunto:
¿Soy  de los tuyos, Señor?
Amén.
 
P. Javier Leoz
celebrandolavida.org
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