Señor, ayúdame a esparcir Tú fragancia!
Al contemplarte clavado en la cruz, mi alma se estremece ante la inmensidad de tu amor.
No viniste a exigirnos, sino a entregarte por completo, cargando sobre tus hombros nuestras faltas y dolores. Tus brazos abiertos, extendidos en el madero, son el refugio mas seguro y el abrazo más tierno que un alma puede encontrar.
Señor, perdona mis debilidades y las veces que me he alejado de ti. Hoy me arrepiento de corazón de todo aquello que te ha lastimado. Te pido que imprimas en mí una fe inquebrantable, una esperanza firme y una caridad sincera para con mis hermanos.
Que el recuerdo de tu sacrificio no sea solo una devoción pasajera, sino la luz que guie cada uno de mis pasos. Enséñame a cargar mi propia cruz con paciencia, confiando en que después del dolor siempre viene tu luz y la vida nueva.
Gracias, Jesús, por derramar tu sangre preciosa para limpiarme y salvarme. En tus llagas encuentro sanación y en tu cruz, mi
verdadera libertad.
Que así sea
Fuente:Gabriela
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