Te presento mi oración de hoy, Señor. No la alejes de Tu presencia.
Acógela con Tu bondad, no porque sea perfecta, sino porque confío en Tu Misericordia.
Señor Dios mío,
al despertar en este nuevo día me acerco a Ti con lo que soy y con lo que llevo dentro. Tú conoces las heridas que deja la incomprensión, el cansancio de sentirse fuera de lugar, y el peso de las palabras que duelen sin justicia. Nada de esto te es ajeno.
En medio de esas situaciones, quiero recordar que mi vida está unida a Ti, aunque a veces no lo entienda. Si el desaliento me rodea o si el corazón se siente solo, sosténme con la certeza de que no soy olvidado por Tu mirada.
Te presento también mi oración de hoy, Señor.
No la alejes de Tu presencia. Acógela con Tu bondad, no porque sea perfecta, sino porque confío en Tu misericordia.
Responde a lo que no sé expresar, y vuelve hacia mí Tu ternura cuando más lo necesite.
Enséñame a no perder la esperanza cuando todo parezca oscuro. Haz que mi vida no se cierre en la queja ni en la tristeza, sino que aprenda a buscarte incluso en medio de la dificultad.
Que mi corazón no se endurezca, sino que permanezca vivo en la fe.
Que los humildes encuentren alegría en Ti, y que quienes te buscan no se rindan en el camino. Mira con amor a los que sufren, a los que están atados por cualquier carga, y hazles sentir que no están abandonados.
Y que todo lo creado reconozca Tu bondad: la tierra, el cielo y todo lo que en ellos existe. Que también mi vida, en lo cotidiano de este día, sea una respuesta silenciosa de confianza en Ti.
Señor, quédate conmigo, quédate con nosotros hoy y siempre. No permitas que nos apartemos de Tu presencia.
Y aunque el día traiga pruebas, que no falte en cada uno de nosotros, la certeza de que Tu gran bondad nos escucha.
Amén.
Fuente:FE y más FE.
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