Hoy la Palabra nos pone delante dos caminos que en realidad son uno solo: fiarse de Dios cuando todo parece secarse, y vivir según el Evangelio cuando el mundo premia justo lo contrario.
1️⃣ Elías anuncia que no habrá lluvia. Pero no habla como quien presume de poder, sino como quien sirve: «Vive el Señor, Dios de Israel, ante quien sirvo».
El profeta verdadero no se sirve de Dios: sirve a Dios.
2️⃣ Después, el Señor no le da a Elías un palacio, ni seguridades humanas, ni aplausos.
Le manda esconderse junto a un torrente.
Dios muchas veces cuida en lo pequeño, en lo escondido, en lo que no parece suficiente.
3️⃣ Allí Elías bebe del torrente y recibe pan y carne por medio de unos cuervos.
La providencia de Dios no siempre llega por los caminos que uno esperaba.
Pero llega.
A veces Dios alimenta el alma con medios pobres, discretos, casi incómodos.
4️⃣ El salmo lo resume todo:
«El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra».
No del ambiente.
No del éxito.
No de tenerlo todo controlado.
No de la aprobación de todos.
Del Señor.
5️⃣ Y el Evangelio nos lleva al monte de las bienaventuranzas.
Jesús no llama felices a los satisfechos de sí mismos, sino a los pobres de espíritu, a los mansos, a los que lloran, a los limpios de corazón, a los perseguidos por la justicia.
6️⃣ Las bienaventuranzas no son frases bonitas para decorar una estampa.
Son el retrato de Cristo.
Él fue pobre, manso, limpio de corazón, misericordioso, perseguido y calumniado.
Y quien quiere seguirle no puede elegir otro camino distinto del suyo.
7️⃣ El mundo dice: feliz el que se impone.
Cristo dice: «Bienaventurados los mansos».
El mundo dice: feliz el que no necesita a nadie.
Cristo dice: «Bienaventurados los pobres en el espíritu».
El mundo dice: feliz el que devuelve golpe por golpe.
Cristo dice: «Bienaventurados los misericordiosos».
8️⃣ La vida cristiana no consiste en no sufrir.
Consiste en saber a quién pertenecemos cuando sufrimos.
Elías junto al torrente, los profetas perseguidos, los discípulos insultados por Cristo: todos viven de la misma certeza.
Dios no abandona a los suyos.
9️⃣ Por eso Jesús puede decir: «Alegraos y regocijaos».
No porque la persecución sea agradable. No lo es.
Sino porque quien permanece unido a Cristo ya ha empezado a vivir según el Reino de los cielos.
🔟 Hoy podemos pedir una gracia muy concreta: no buscar otra felicidad distinta de la que Cristo promete.
Que el Corazón de Jesús nos enseñe a fiarnos del Padre, incluso cuando se seca el torrente.
Porque nuestro auxilio viene del Señor.
Fuente:Sacerdos in æternum
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