Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
gadgets para blogger

ACI prensa

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

martes, 29 de marzo de 2016

No tener miedo.


Es interesante ver que en las apariciones del Antiguo y Nuevo Testamento, y también en las apariciones marianas más modernas, el personaje que se aparece, dice siempre, o la mayoría de las veces al vidente: “No temas”, “No tengas miedo”. 
 

Y es que el miedo nos puede hacer perder grandes oportunidades en todos los aspectos de nuestra vida, e incluso podemos llegar a frustrar los planes de Dios para nosotros, porque no nos animamos a dar el paso necesario para hacer lo que Dios quiere, o lo que vemos que es un bien para nosotros y para muchos.
Es lógico que ante ciertas situaciones de la vida aparezca el miedo. Es natural. Lo que no debemos hacer es dejar que ese miedo nos paralice y nos estorbe para cumplir lo que tenemos que hacer. 

Si nos enteramos que un león se escapó del zoológico y anda por las calles del barrio, es lógico que tengamos miedo. Pero hay veces que nuestros miedos son injustificados y nos entorpecen el camino, e incluso llegan a amargarnos mucho la vida.
Hay que aprender a vencer los miedos, y eso se logra en parte acudiendo a Dios y confiando ciegamente en el Señor y en su Madre, y también teniendo un poco más de confianza en nosotros mismos.
Recordemos que en situaciones extremas suele ser cuando se manifiestan las grandes obras, porque los héroes suelen salir en momentos en que todo parece perdido. Así también nosotros, ante cosas que nos pueden dar miedo, debemos aprender a afrontar y vencer nuestros miedos, haciendo pasar todo por la razón, más que por los sentimientos.
Y lo más importante es que tengamos una grandísima, ilimitada confianza en Dios, que sabemos todo lo puede, y no nos dejará de su mano si lo invocamos y tenemos fe. 

¡Cuántas veces nos ha sucedido que teníamos temor ante algo que debíamos hacer, y luego que pasó el momento, nos dimos cuenta que lo sobrellevamos excelentemente, y que además nos hizo bien e hicimos mucho bien!
El demonio es el más interesado en que los hombres tengamos miedo. Es el diablo el que “mete miedo” en las almas, porque los mismos demonios viven en el miedo, tienen miedo de todo, e incluso tienen muchísimo miedo a las almas que viven en gracia de Dios, y que realmente tratan de ser fieles a Dios.
Así que cuando tengamos miedo por algo, detengámonos a pensar y a meditar si no será un miedo injustificado, y hagamos pasar la situación por el filtro de la razón. Entonces nos daremos cuenta que las mayoría de las veces los miedos que tenemos no son justificados. 

Y no proyectemos tanto para el futuro, porque eso a veces nos da miedo por lo que puede sobrevenir en el mundo o en nuestras vidas, y así elucubramos y nos hacemos problemas y tenemos miedo por fantasmas, por cosas y situaciones que quizás nunca lleguen a suceder, y así perdemos valiosos momentos del presente, que es el tiempo del que Dios nos pedirá cuentas.
Vivamos bien el presente, el día de hoy, el momento actual. Mañana… Dios proveerá. Ayer… ya pasó y lo dejamos en la Misericordia de Dios.
Y que lo que hemos hecho en el pasado, no sea condicionante para lo que debemos emprender hoy.

lunes, 28 de marzo de 2016

Entremos al sepulcro.

Entremos al sepulcro donde estuvo el cuerpo del Señor, para que nos demos cuenta, de una vez por todas, que Jesús no está allí, sino que resucitó y ahora vive para siempre. 
Nuestra vida suele ser como un peregrinar, y solemos llegar hasta la puerta del sepulcro, es decir, consideramos los dolores del Señor, pero no nos animamos a entrar, no acabamos de darnos cuenta de que el Señor está vivo entre nosotros, a nuestro lado. 
Pidamos al Espíritu Santo que nos dé el empujón para que entremos de una buena vez en el sepulcro y veamos con nuestros propios ojos que Jesús resucitó. 
Y que nuestra vida la vivamos de manera acorde a esta verdad que creemos, porque muchas veces vivimos la vida como si estuviéramos solos y todo dependiera de nosotros. Sin embargo Jesús está vivo a nuestro lado y nos conduce por el camino, como también conduce los destinos de los pueblos a realizar la Voluntad divina. 
Debemos aprovechar esta Pascua para reavivar nuestra fe en Jesús resucitado, y dar el salto de la fe, para empezar a vivir una vida nueva, quizás con las cosas de siempre, pero animados por la seguridad de que el Señor está vivo y con nosotros. 
Es una alegría que nadie nos podrá quitar, porque la Muerte ha sido vencida, y ya se ha abierto la puerta de la salvación para que entremos por ella con la buena voluntad.
No estamos solos, porque Jesús y María caminan a nuestro lado, nos protegen y de nosotros sólo exigen fe para actuar y obrar en nosotros, en nuestras vidas y en nuestros seres queridos y sus vidas. 
No queramos arreglar nuestras cosas solos, porque Cristo se ha querido quedar con nosotros para reconfortarnos, pues la delicia del Señor es estar con los hijos de los hombres, como dice la Sagrada Escritura. 
Vivamos con alegría esta Pascua. Que sea una Pascua realmente nueva, que empecemos una vida nueva. Que realmente pasemos de la muerte a la vida, de las tinieblas a la luz, de la desesperanza a una esperanza grande y fuerte. 

¡Feliz Pascua para todos!

¡Has resucitado, Señor!


 
Has gritado, con tu escandalosa muerte,
en medio de tanto ruido y, tu final,
ha podido más que la misma muerte.

¡Gracias, Señor! ¡Aleluya!
Has muerto, pero al morir,
nos has enseñado a mirar hacia el Padre,
a cumplir la voluntad de Dios y no la nuestra.
a buscar el bien de los demás y no el propio.

¡Has resucitado, Señor!
Se ha cumplido lo anunciado por los profetas,
hemos pasado de la tiniebla a la luz,
del pecado a la gracia,
de la falsedad a la gran Verdad,
de la tierra al mismo cielo,
de los interrogantes a tu VIDA como respuesta.

¡Has resucitado, Señor!
Lo eterno, en esta noche santa y divina,
se impone a lo efímero.
El sepulcro se convierte en simple y vago recuerdo,
la losa de la muerte se fragmenta en mil pedazos,
y tú, Cristo, sales caminando y victorioso.

¡Has resucitado, Señor!
En esta noche, oh Señor, no existe ya el fracaso,
ya no observaremos con temor al último día,
ni, mucho menos, teñiremos de negro,
los suelos por los que nuestros pies avanzan.

¡Has resucitado, Señor!
Has resucitado, y con tu resurrección,
nos das alas para soñar y volar en el cielo eterno,
para combatir dudas y soledades.
Nos das ojos grandes para ver el mañana,
frente al hoy que se nos impone.
Colocas nuestros pies en el camino de la fe,
para esperar ante la desesperanza,
para gozar con la gloria que nos aguarda,
para no alejarnos de ese surco que Dios,
traza entre esta tierra y el cielo en el que habita.

¡Has resucitado, Señor!
Y, porque has resucitado, te damos las gracias.
Contigo, seremos invencibles.
Contigo, llamados a la vida.
Contigo, empujados al Padre.
Contigo, sin temor ni temblor, hasta el final.
Movidos por la fe, con la fe y en la fe
¡Has resucitado, Señor… y nos basta!

P. Javier Leoz

 


domingo, 27 de marzo de 2016

DOMINGO DE RESURRECCIÓN (27 de Marzo)



UNA REFLEXIÓN PARA CADA DÍA DE LA SEMANA SANTA 2016



En cuanto se hace de día, tres mujeres van al sepulcro donde Jesús estaba enterrado y ven que no está su Cuerpo. Un Ángel les dice que ha resucitado. Van corriendo donde está la Virgen con los Apóstoles y les dan la gran noticia: ¡Ha resucitado! Pedro y Juan corren al sepulcro y ven las vendas en el suelo. Ahora entienden que Jesús es Dios. El desconsuelo que tenían, ayer, se transforma en una inmensa alegría. Y rápidamente lo transmiten a los demás Apóstoles y discípulos. Y todos permanecen con la Virgen esperando el momento de volver a encontrarse con el Señor.



Desde entonces, todos los cristianos podemos tratar al Señor, que está Vivo. Hoy estamos muy contentos y es momento de darle constantemente gracias a Dios.



Como Pedro y Juan, tú también tienes que preocuparte de que tus amigos sepan que Jesús ha resucitado, y le traten. Pídele esa preocupación.





¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...