Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
gadgets para blogger

ACI prensa

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

jueves, 26 de junio de 2014

Guíame






Guíame, clara luz, a través de las tinieblas que me rodean, llévame cada vez más adelante. La noche está oscura y estoy lejos de casa, condúceme Tú cada vez más adelante.

Guía mis pasos: no te pido que me hagas ver desde ahora lo que me reservas para más adelante.
Un sólo paso más es bastante para mí, por el momento.
No siempre he sido así; ni tampoco he rezado siempre para que Tú me condujeras.
Me gustaba elegir mi propio camino; pero ahora te pido que me guíes Tú siempre más adelante.
Ansiaba los días de gloria y el orgullo dirigía mis pasos:
¡oh! no te acuerdes de esos años ya pasados.

Tu poder me ha bendecido largamente y sin duda ahora también sabrá conducirme por la estepa y los pantanos, por el pedregal y los abruptos torrentes, hasta que la noche haya pasado y sonría el amanecer.

Por la mañana, aquellos rostros de ángeles que había amado por largo tiempo y que durante una época perdía de vista, volverán a sonreír.

Guíame, clara Luz, llévame cada vez más adelante.

P. Ignacio Larrañaga

lunes, 23 de junio de 2014

Gratitud



En el Brasil un grupo de científicos visitó a una tribu indígena, en la selva.
Dialogaron con los indios sobre distintos temas y así hablaron sobre Dios:

- ¿Le rezan ustedes a Dios?
- Por supuesto que le rezamos a Dios.
- ¿Y qué le piden?
- Qué le vamos a pedir si Dios nos da todo.
- Entonces, ¿para qué le rezan a Dios?
- Le rezamos a Dios para darle gracias por lo mucho que nos da cada día.

¿Hago yo lo mismo todos los días?
¿Doy gracias sin cesar por tantos beneficios?
Ojalá esté afiliado al club de los agradecidos y no al club de los ingratos.

Ojalá el cálido aroma de la gratitud me acompañe siempre y sea consciente de que en la balanza de la vida el bien pesa mucho más que el mal.

Si el fardo de la aflicción amenaza con doblegarnos, debemos apreciar lo positivo y orar con un sentido reconocimiento y una perfecta alabanza.

Siempre he admirado a Roberto Carlos quien se olvida de la prótesis que lleva y canta jubiloso:

Por eso digo, te agradezco, Señor, un día más...te agradezco Señor, nuevamente agradezco Señor.
 
La gratitud es una puerta abierta al optimismo. Nada mejor que dar gracias sin cesar.

Es la mejor plegaria.

domingo, 22 de junio de 2014

PERDÓN SEÑOR


Sentido cristiano del sufrimiento

 El dolor está presente en el mundo animal. Pero solamente el hombre, cuando sufre, sabe que sufre, y se pregunta entonces por qué. Y sufre de una manera más profunda cuando no encuentra para ese dolor una respuesta satisfactoria. Es una pregunta difícil, casi universal, que ha acompañado al hombre a lo largo de su vida en todas las épocas y lugares, un enigma que se vincula de modo inmediato al del sentido del mal. ¿Por qué el mal? ¿Por qué el mal en el mundo? 
 
        En la Antigüedad era bastante corriente pensar que el sufrimiento se abatía sobre el hombre como consecuencia de sus propios malos actos, como castigo del propio pecado personal. Sin embargo, el mensaje cristiano afirma que el sufrimiento es una realidad que está vinculada al mal, y que este no puede separarse de la libertad humana, y, por ella, del pecado original, del trasfondo pecaminoso de las acciones personales de la historia del hombre.

        En el sufrimiento está como contenida una particular llamada a la virtud, a perseverar soportando lo que molesta y causa dolor. Haciendo esto, el hombre hace brotar la esperanza, que le mantiene en la convicción de que el sufrimiento no prevalecerá sobre él. Y a medida que busque y encuentre su sentido, hallará una respuesta. A veces se requiere mucho tiempo hasta que esta respuesta comience a ser interiormente perceptible, pero es cierto que el sufrimiento, más que cualquier otra cosa, abre el camino a la transformación de un alma. 

        En el sufrimiento bien asumido se esconde una particular fuerza que acerca interiormente al hombre a Dios, que le hace hallar como una nueva dimensión de su vida. Un descubrimiento que es, por otra parte, como una confirmación particular de la grandeza espiritual de una persona.
        El sufrimiento posee, a la luz de la fe, una elocuencia que no pueden captar quienes no creen. Es la elocuencia de la alegría que se deriva de verse libre de la sensación de inutilidad del dolor. La fe cristiana, además, lleva consigo la certeza interior de que el hombre que sufre completa lo que falta a los padecimientos de Cristo. Que sus sufrimientos sirven, como los de Cristo, para la salvación de los demás hombres y, por tanto, no solo son útiles a los demás, sino que incluso realiza con ello un servicio insustituible al resto de la humanidad. 

        —¿Y por qué unos parecen sufrir tanto, y otros tan poco? ¿No podría Dios hacer que cada uno sufriera proporcionalmente a su capacidad de soportar el dolor?

        Pienso que ya lo hace. Cada uno tiene el sufrimiento que es capaz de soportar. Y, por otra parte, ese dolor tiene mucho que enseñarle. Lo que sucede es que no todos lo aceptan igual. 

        El dolor es una escuela en donde se forman en la misericordia los corazones de los hombres. La familia, y todas las instituciones educativas, deberían esforzarse seriamente por despertar y encauzar esa sensibilidad hacia el prójimo, de modo que -como señala Juan Pablo II- todo hombre se detenga siempre junto al sufrimiento de otro hombre, y se conmueva ante su desgracia. 

        Es necesario cultivar esa sensibilidad del corazón, que testimonia la compasión hacia el que sufre. Una compasión que no será siempre pasiva, sino que procurará proporcionar una ayuda, de cualquier clase que sea y, en la medida de lo posible, eficaz. Una responsabilidad que no debe descargarse solo sobre las instituciones, puesto que, con ser muy importantes e incluso indispensables, ninguna de ellas puede de suyo sustituir a la compasión y la iniciativa humana personal. 

        La explicación cristiana al problema del mal tiene sus puntos de difícil comprensión, como sucede siempre con las realidades complejas, y la del mal ciertamente lo es. Sin embargo, las demás explicaciones -que intentan resolver el problema negando a Dios o presentando el absurdo de la vida- son como un círculo cerrado de retornos incesantes, en el que lo único que puede hacer el hombre es soñar con escapar a la pesadilla del tiempo, liberándose de esta cárcel que gira sin tregua, arrastrada por los deseos y dolores humanos. Como la ardilla que hace girar su jaula tanto más rápidamente cuanto más se agita para librarse de ella, el hombre que entiende así el mundo se pierde en el ciclo de la historia. Solo la revelación cristiana rompe el círculo, lo hiende de arriba abajo, lo transforma en una historia con sentido, en la que Dios está presente y conduce a los hombres a su salvación.

Alfonso Aguiló
www.interrogantes.net

sábado, 21 de junio de 2014

ORACIÓN PIDIENDO A MARÍA EL DON DE AMARLA




Reina del paraíso y Madre del santo amor,
ya que eres la criatura más amable,
la más amada de Dios, y quien más le ha amado,
acepta que te ame también un pecador,
el más ingrato y desdichado del mundo. 

Viéndome, gracias a ti, libre del infierno,
y tan favorecido por ti sin merecerlo,
me he prendado de tu bondad,
y en ti he puesto toda mi esperanza. 

Señora mía, te amo, y quisiera amarte,
más de lo que te han amado
los santos de ti más enamorados.
Quisiera, si en mí estuviese,
hacer conocer a todos los que te ignoran,
cuán digna eres de ser amada,
para que todos te amasen y venerasen. 

Quisiera morir por tu amor,
por defender tu virginidad,
tu dignidad de Madre de Dios,
tu Inmaculada Concepción,
si por defender estos privilegios,
fuera preciso dar la vida. 

Amada Madre mía, recibe mis afectos,
y no permitas que un siervo que te ama,
vaya a ser enemigo del Dios que tanto quieres.
Así fui yo que ofendí a mi Señor.
Pero entonces, María, no te amaba,
y poco me importaba ser amado de ti. 

Pero ahora, nada deseo tanto,
después de la gracia de Dios,
que amarte y ser por ti amado.
Sé, mi Señora, la más agradecida y benigna,
que no desdeñas amar a quien te ama,
a la vez que no te dejas ganar en el amor. 

Quiero amarte en el paraíso.
Allí, a tu lado, conoceré de veras,
cuán amable eres,
y cuánto has hecho por salvarme;
por eso te amaré con más fervor,
y mi amor será eterno,
sin temor de dejar nunca de quererte. 

María, yo confío salvarme por tu medio.
Ruega a Jesús por mí.
Yo nada más anhelo,
tú eres mi esperanza.
Por eso te cantaré siempre:

”María, esperanza mía,
tú me tienes que salvar”. 


(“Las Glorias de María” – San Alfonso María de Ligorio)

jueves, 19 de junio de 2014

Gracias Señor por la vida





Gracias Señor por la Vida que me das, por los momentos que me regalas, por tener un proyecto y un plan para mí: gracias Padre por tenerme en Ti.

Gracias por mis capacidades, por los talentos y dones, que me ayudan a ser puente entre Vos y los demás.

Gracias también por mis defectos, mis dudas, mis dificultades y mis límites; con ellos me enseñas que sólo soy y tengo sentido, en Tus Manos.

Gracias por mi soledad y también por mis afectos, porque de ese cruce entre los otros y yo, descubro nuevas experiencias de vida.

Gracias por darme nuevos sueños, nuevos proyectos y nueva luz, después que hubo tanta oscuridad por soltarme de tu mano.

Gracias por encontrarme, por cuidarme y protegerme, por llevarme siempre en tus brazos.

Gracias por venir a mí, siempre, aún cuando yo me he alejado de ti,

Gracias por amarme, como sólo me amas Vos; y por cambiar mi corazón, llenándolo de tu amor. 


Gracias Padre, Dios de la Vida, por un día más de vida.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...