Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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ACI prensa

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

domingo, 3 de septiembre de 2017

“Está allí, con su Carne y con su Sangre”





"Este es mi Cuerpo...", y Jesús se inmoló, ocultándose bajo las especies de pan. Ahora está allí, con su Carne y con su Sangre, con su Alma y con su Divinidad: lo mismo que el día en el que Tomás metió los dedos en sus Llagas gloriosas. Sin embargo, en tantas ocasiones, tú cruzas de largo, sin esbozar ni un breve saludo de simple cortesía, como haces con cualquier persona conocida que encuentras al paso. –¡Tienes bastante menos fe que Tomás! (Surco, 684)

El Creador se ha desbordado en cariño por sus criaturas. Nuestro Señor Jesucristo, como si aún no fueran suficientes todas las otras pruebas de su misericordia, instituye la Eucaristía para que podamos tenerle siempre cerca y ‑en lo que nos es posible entender‑ porque, movido por su Amor, quien no necesita nada, no quiere prescindir de nosotros. La Trinidad se ha enamorado del hombre, elevado al orden de la gracia y hecho a su imagen y semejanza; lo ha redimido del pecado ‑del pecado de Adán que sobre toda su descendencia recayó, y de los pecados personales de cada uno‑ y desea vivamente morar en el alma nuestra: el que me ama observará mi doctrina y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos mansión dentro de él.


Esta corriente trinitaria de amor por los hombres se perpetúa de manera sublime en la Eucaristía. Hace muchos años, aprendimos todos en el catecismo que la Sagrada Eucaristía puede ser considerada como Sacrificio y como Sacramento; y que el Sacramento se nos muestra como Comunión y como un tesoro en el altar: en el Sagrario. La Iglesia dedica otra fiesta al misterio eucarístico, al Cuerpo de Cristo ‑Corpus Christi‑ presente en todos los tabernáculos del mundo. (Es Cristo que pasa, nn. 84-85)


sábado, 2 de septiembre de 2017

María es la Educadora que Jesús me dio



En nuestra vida espiritual, quisiéramos dar lo mejor de nosotros mismos pero experimentamos nuestra debilidad…. Es ahí que el Dios Padre nos espera y nos manifiesta Su ternura. El episodio de las Bodas de Caná nos ayuda a comprenderlo.
En Caná, Jesús no obró solo. Dijo “llenen esas vasijas”. Todos pueden traer al menos unas cuantas gotas de agua. Al final Jesús transformó toda esa agua en vino delicioso. Mi agua, es todo lo que es mi propia vida, con sus cualidades y sus defectos. ¡Eso es lo que le interesa al Padre!
María, es mi Madre, Jesús permite que por ella el milagro de la transformación de esas cosas (el agua de nuestra vida) se pueda llevar a cabo. María es la Educadora que Jesús me dio para parecerme a Él. Ella me enseña: “Haz todo lo que él te diga”: Es obedeciéndola, aportando “mi agua” que Jesús me ordena llevar Su capital de gracias adquiridas por los méritos de su Pasión y de su Resurrección, que yo permito que se haga fructífera mi propia salvación y santificación.
Cada gota de agua es transformada en delicioso vino, símbolo de ¡fiesta y de alegría! Así cada uno de nosotros es llamado a ser transformado si se deja educar por María.



Equipo Nuestra Señora de Schoenstatt
Impulsions junio / julio 2017 para los grupos “He aquí tu Madre” de los santuarios de Nuestra Señora de Schoenstatt

 http://www.mariedenazareth.com/es/inicio/

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