Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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ACI prensa

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

miércoles, 13 de enero de 2016

Dale tiempo a Dios





Si tienes un problema muy agobiante, una necesidad muy grande en tu vida; tal vez el problema es que monopolizas toda la plática con Dios y no le estás escuchando a Él para nada.

¡Deja de hablar tanto y toma tiempo para escuchar! Escucha la Palabra de Dios, quédate en silencio y deja que Él te hable. Cuando estés en silencio esperando en Él, escucharás un susurro, una suave voz.
Alguien llamó a eso “un impulso divino”, pues es una impresión en tu corazón indicándote que tienes que hacer algo en particular.
Él responderá

Algunos creen que orar significa seguir pidiendo y pidiendo, seguir hablando y rezando y rogándole al Señor con una gran palabrería y una gran insistencia para convencerlo de que nos conceda lo que queremos. Este tipo de oración no demuestra mucha fe, ni confianza en que Él va a responder. Todo lo contrario, demuestra tu falta de fe e incredulidad, pues dudas que Él ya te oyó y que la respuesta está en camino.

Cuando ores, no necesitas seguir pidiéndole lo mismo e insistir con tantas palabras tratando de expresar lo que quieres. Lo que en verdad necesitas es seguir “creyendo”, y “esperando con fe”. ¡Espera que Dios te responda! La respuesta está en camino… ¡Dios responderá!

¿Sabías que el sentido más sublime de la oración no es insistir o demandar a Dios? Es entrar en comunión con Él, remontando todo nuestro ser hacia los cielos y esperando con fe la respuesta divina.

A veces no oro con palabras. Tomo mi corazón en mis dos manos, y lo alzo hacia el Señor… yo se que Él me entiende.

A veces no oro con palabras. Mi espíritu se postra a Sus pies, y con Su mano sobre mi cabeza, nos comunicamos en dulce silencio.

A veces no oro con palabras. Pues estoy cansado y deseo reposar, y mi corazón encuentra todo lo que anhela, reposando sobre el gentil regazo de mi Salvador.

Si has orado mucho y aun no recibes la respuesta a tus peticiones y sientes como si los Cielos están cerrados y Él se ha hecho el sordo a tus ruegos y oraciones, recuerda esto:

Ninguna oración sincera a nuestro Padre Celestial ha sido ignorada o no ha sido respondida. Pero también es verdad que Dios tiene Su tiempo para el cumplimiento de Su propósito. Él sabe lo que es mejor para Sus hijos y a veces usa formas extrañas para disciplinarnos y enseñarnos y eso lleva tiempo.
¡Dale tiempo a Dios!


 
 


sábado, 9 de enero de 2016

ORACIÓN DEL PAPA FRANCISCO




Plaza España . 8 de diciembre de 2015

Virgen María, en este día de fiesta por tu Inmaculada Concepción vengo a presentarte el homenaje de fe y de amor del pueblo santo de Dios que vive en esta ciudad y diócesis.

Vengo en nombre de las familias, con sus alegrías y fatigas; de los niños y de los jóvenes, abiertos a la vida; de los ancianos, llenos de años y de experiencia; de modo especial vengo ante Ti de parte de los enfermos, de los encarcelados, de quienes sienten más difícil el camino.

Como Pastor vengo también en nombre de cuantos han llegado desde tierras lejanas en búsqueda de paz y de trabajo.

Bajo tu manto hay lugar para todos, porque Tú eres la Madre de la Misericordia.

Tu corazón está lleno de ternura hacia todos tus hijos: la ternura de Dios, que en Ti se ha encarnado y se ha hecho nuestro hermano, Jesús, Salvador de todo hombre y de toda mujer. 

Mirándote, Madre Inmaculada, reconocemos la victoria de la Divina Misericordia sobre el pecado y sobre todas sus consecuencias; y se enciende de nuevo en nosotros la esperanza de una vida mejor, libre de la esclavitud, rencores y miedos.

Hoy, aquí, en el corazón de Roma, sentimos tu voz de madre que llama a todos a ponerse en camino hacia esa Puerta, que representa a Cristo.

Tú dices a todos: «Venid, acercaos confiados; entrad y recibiréis el don de la Misericordia; no tengáis miedo, no sintáis vergüenza: el Padre os espera con los brazos abiertos para daros su perdón y acogeros en su casa.Venid todos a la fuente de la paz y de la alegría».

Te agradecemos, Madre Inmaculada, porque en este camino de reconciliación Tú no nos dejas caminar solos, sino que nos acompañas, estás cerca de nosotros y nos sostienes en toda dificultad.

Que Tú seas bendita, ahora y siempre, Madre. Amén.

 

miércoles, 6 de enero de 2016

¡Quien fuera rey en este día!




Y ante el REY DE REYES,
alabar y bendecir la grandeza
de un Dios, que sin necesidad de tanto,
tan en el  llano ha caído
Y, dejar detrás de mí, palacios e imperios,
tronos y vasallos, dominaciones y castillos,
para postrarme ante Aquel que sólo tiene
el amor como almena,
la pequeñez como defensa indefensa
y, como siervos y guardianes,
un José y María que, sólo saben mirar,
contemplar y emocionarse ante el Misterio.
Pastores que, sorprendidos por tal mensaje,
dejaron tierras y ganados y marcharon a adorarle.

¡Quien fuera Melchor!
Y decirte que, como Rey, mereces ya no sólo el oro
sino que toda rodilla se doble ante el AMOR.

¡Quien fuera Gaspar!
Y perfumar, con el incienso, al que siendo hombre,
es Dios y hombre a la vez,
o que, el aroma se desparramase por todos los valles
donde los hombres todavía desconocen
la noticia de tu Nacimiento.

¡Quien fuera Baltasar!
Para ofrendarte, además de cómo Rey y Dios,
la debilidad de lo que somos y que Tú compartes:
nuestra humanidad.
Te doy gracias, Señor,
porque –sin ser rey– he visto una estrella.
Una estrella que, en la noche oscura,
me ha invitado a seguirle, incluso en las horas amargas,
y, sus destellos, han hablado a mi corazón,
despertando mis sentimientos y mi curiosidad.
Una estrella que ha hecho posible el que yo,
hombre y débil, me postre ante Ti
con la misma fe y con la misma emoción
de aquellos Reyes Magos.
Haz Señor, que después de haberte contemplado y rezado.
Después de haberte ofrecido mi pobreza,
vuelva a mi hogar con la firme promesa
de que tu nombre sea conocido, amado y publicado,
por todos los confines de la tierra.
¡Gracias, Señor! ¡Gracias, mi Rey!

P. Javier Leoz

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