Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

martes, 5 de enero de 2016

Viniste al mundo, Señor





Acompáñanos en la hora de incertidumbre,
y que nunca desaparezca de nuestros labios
un canto de alabanza y gratitud por tu llegada.

Viniste al mundo, Señor.
Y, sin comprenderlo ni entenderlo muy bien,
sólo sabemos que ha merecido la pena,
que estamos menos solos que antes,
que nuestra soledad, es la tuya,
y que, nuestras inquietudes, ya desde pequeño,
van contigo en ese rostro que, hoy por amor,
y en el calvario con pasión,
mira al hombre desde el amor.

Viniste al mundo, Señor.
Y en el silencio, sigue hablando tu amor.
Y en la oscuridad, sigue brillando la estrella.
Y en el portal, sigues esperándonos.
Y en la humildad, sigues enseñándonos
el camino preferido para encontrar a Dios.

Viniste al mundo, Señor.
Para hacernos redescubrir el encanto de creer,
y el encanto de amor,
la ilusión de esperar y la alegría de vivir.

Viniste al mundo, Señor.
Y, por venir hasta nosotros,
nos sentimos afortunados y dichosos:
¡Nunca nos había ocurrido algo parecido!
¡No te vayas, Señor!
¡Quédate junto a nosotros, Señor!
¡Deja que sigamos adorando tu divinidad!
¡Permite que te dejemos los dones
de nuestra fe, esperanza y caridad!

Viniste al mundo, Señor.
Y, desde que has llegado,
este mundo ha encontrado una ventana
que nos abre de nuevo a la esperanza y a la paz.
Gracias, Señor
¡Has venido… y nos basta!

 P. Javier Leoz

 



domingo, 3 de enero de 2016

¡Hoy!




Hoy es el día que Dios nos concede para vivir. No es mañana, porque no sabemos si el día de mañana llegará. No es ayer, porque es día pasado que no se puede modificar y que debemos dejar en la Misericordia de Dios.
 
Entonces vivamos bien el hoy, porque es el tiempo presente que tenemos para aprovecharlo. No lo dejemos escapar como tantos otros días de nuestra vida, sino usémoslo para hacer el bien a todos y atesorar para el Cielo.
 
Porque nos puede pasar como al hombre rico del Evangelio, cuyas tierras habían producido mucho y se dijo a sí mismo que tenía ya muchos bienes para vivir tranquilo el futuro, dedicándose a los placeres y al descanso y a pasarla bien. Sin embargo esa misma noche era la noche de su muerte.
 
Por eso no debemos contar con el futuro, con el mañana, porque no lo tenemos en nuestro poder. Sólo tenemos el hoy, y ése sí es nuestro.

Entonces tomemos las decisiones oportunas hoy, y hagamos el bien hoy, y no dejemos para mañana lo que podemos hacer hoy, como bien dice el dicho popular.

Si estamos bien de salud, sepamos que lo estamos hoy, y no sabemos cómo estaremos mañana.

Si en cambio estamos enfermos, estamos enfermos hoy, y quizás mañana estemos sanos.

¿Quién puede saber lo que le sucederá mañana? ¡Cuántas vidas cambiaron rotundamente de un día para otro, de un momento a otro!
Que los golpes de la fortuna nos encuentre fuertes en la oración, porque es con la oración que alejamos las desgracias y podemos influir en todos los acontecimientos futuros, los de nuestra vida, como también de la vida de quienes amamos, y hasta de nuestra Patria y del mundo entero.

Por algo la Virgen no se cansa de pedir, en cada aparición, en cada mensaje:
¡oración, oración, oración!

Porque ¿quién está seguro en este mundo, que es cambiante, y que de la noche a la mañana trae la felicidad o el infortunio, la riqueza o la pobreza, la salud o la enfermedad?

Aprovechemos este tiempo de reflexión al final de este año, y comencemos el nuevo año tratando de aprovechar un día a la vez, cada día, el hoy. Vivamos circunscritos al hoy, que es el día que nos pertenece, y seremos felices, pues muchas veces estamos tristes y melancólicos porque nos hacemos problemas por lo que hemos vivido, o por lo que puede venir. Recordemos que Dios puede cambiarlo todo en un abrir y cerrar de ojos, ¿y para qué sufrir por anticipado por el futuro, si no sabemos si ese futuro lo viviremos y cómo lo viviremos?

Vivamos el hoy, con confianza plena en Dios y en su Madre, ya que el mismo Jesús nos ha enseñado en el Padrenuestro a pedir el pan cotidiano, cada día. Con ello nos quiere indicar que debemos vivir un día a la vez, sin hacer demasiados proyectos para el futuro, ni lamentarnos por el pasado.

En las sacristías suele estar escrito algo así como: “Sacerdote: celebra esta Misa como si fuera la primera, la última y la única Misa que celebres”.
Y nosotros, parafraseando esta hermosa amonestación, tratemos de vivir el día de hoy como si fuera nuestro primer día, nuestro último día y el único día.
Que Dios nos haga comprender la importancia de vivir bien el hoy.

viernes, 1 de enero de 2016

Año nuevo, vida nueva



Empezar un nuevo año, como si fuera cualquier cosa, es una enorme torpeza; un año de vida es un regalo demasiado grande para echarlo a perder.

¿Alguna vez has sentido en lo más hondo de tu ser ese deseo profundo y enorme de mejorar o de cambiar? Si es así, no dejes que el deseo se escape, porque no todos los días lo sentirás. Si hoy sientes esa llamada a querer ser otro, a ser distinto, atrápala con fuerza y hazla realidad.

El inicio de un nuevo año es el momento para reunir las fuerzas y toda la ilusión para comenzar el mejor año de la vida, porque el que se proponga convertir éste en su mejor año, lo puede lograr.

El año nuevo es una oportunidad más para transformar la vida, el hogar, el trabajo en algo distinto. «Quiero algo diferente, voy a comenzar bien; así será más fácil seguir bien y terminar bien. Quizá el año pasado no fue mi mejor año, me dejó un mal sabor de boca. Éste va a ser distinto, quiero que así sea; es un deseo, es un propósito, y no lo voy a echar a perder. Tengo otra oportunidad que no voy a desperdiciar, porque la vida es demasiado breve».

¿Quién es capaz de decir: «Desde hoy, desde este primer día, todo será distinto?
En mi hogar me voy a arrancar ese egoísmo que tantos males provoca; voy a estrenar un nuevo amor a mi cónyuge y a mi familia; seré mejor padre o madre.
Seré también distinto en mi trabajo, no porque vaya a cambiar de trabajo, sino de humor. En él incluso voy a desempolvar mi fe, esa fe arrumbada y llena de polvo; voy a poner un poco más de oración, de cielo azul, de aire puro en mi jornada diaria. Ya me harté de vivir como he vivido, de ser egoísta, tracalero, injusto. Otro estilo de vida, otra forma de ser. ¿Por qué no intentarlo?»

En los ratos más negros y amargos, llenos de culpa, piensas:
«Por qué no acabar con todo? Pero en esos mismos momentos se puede pensar otra cosa: ¿Por qué no comenzar de nuevo?»

Algunos ven que su vida pasada ha sido gris, vulgar y mediocre, y su gran argumento y razón para desesperarse es:
«He sido un Don Nadie, ¿qué puedo hacer ya?»
Pero otros sacan de ahí mismo el gran argumento, la gran razón para el cambio radical positivo:
«No me resigno a ser vulgar; quiero resucitar a una vida mejor, quiero luchar, voy a trabajar, quiero volver a empezar».

Un año recién salido de las manos del autor de la vida es un año que aún no estrenas. ¿Qué vas a hacer con él? El año pasado ¿no te gustó?, ¿no diste la medida? Con éste ¿qué vas a hacer? Un nuevo año recién iniciado: todo comienza, si tú quieres; todo vuelve a empezar...

Yo me uno a los grandes insatisfechos, a los que reniegan de la mediocridad, a los que, aún conscientes de sus debilidades, confían y luchan por una vida mejor.

Todos desean a los demás y a sí mismos un buen año, pero pocos luchan por obtenerlo. Prefiero ser de los segundos.

Padre Mariano de Blas, L.C.

 


FELIZ AÑO NUEVO AMIGOS!!!

P A Z   Y   B I E N 

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