Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

lunes, 6 de abril de 2015

¡Yo sí se, dónde te han puesto!




En la vida que triunfa sobre la muerte;
en los que apuestan por Ti,
cuando asomándose a tanto sepulcro abierto,
salen de él dispuestos a sembrarlo todo de alegría.
En la esperanza que cree contra toda desesperanza.
En aquellos que, desenrollando tanta venda que ata,
las dejan a un lado para que, la libertad,
sea posible para todo hombre que la busca.

¡Yo sí se, dónde te han puesto!
En todo aquel que lucha por la vida,
en los que indagan en tu historia y en tu muerte,
en los que desean que, Tú, seas razón y norte,
en los que, marchando hacia tu tumba,
saben que, fuera,  vives y reinas inmortal y glorioso.

¡Yo sí se, dónde te han puesto!
En el que sufre, pero se levanta.
En el que llora con los que sufren.
En los que no han alejado de sus corazones
sentimientos, misericordia e ilusiones.

¡Yo sí se, dónde te han puesto!
En aquellos que luchan sin desmayo.
En los que mirando hacia el cielo,
quieren hacerlo presente en la tierra.
En los que siendo crucificados en un madero,
son conscientes de que tu voz y tu mirada,
se transmiten a través de aquellos
que Tú empujas, defiendes y amas.

¡Yo sí se, dónde te han puesto!
En la PASCUA que no acaba.
En la PASCUA que nos anima.
En la PASCUA que nos ilumina.
En la PASCUA que nos lava.
En la PASCUA que nos eleva.
En la PASCUA que nos alegra.
En la PASCUA que nos vivifica.
En la PASCUA que nos regenera.
En la PASCUA que nos resucita.

¡Yo sí se, dónde te han puesto!
En la mañana de luz radiante
y llena de vida como ninguna.
¡Aleluya! ¡Aleluya!

P. Javier Leoz

domingo, 5 de abril de 2015

La Virgen tenía certeza absoluta de la Resurrección





"...Es legítimo pensar que verosímilmente Jesús Resucitado se apareció a su Madre en primer lugar. La ausencia de María del grupo de las mujeres que al alba se dirigieron al sepulcro (ver Mc 16,1; Mt 28,1), ¿no podría constituir un indicio del hecho de que Ella ya se había encontrado con Jesús? Esta deducción quedaría confirmada también por el dato de que las primeras testigos de la Resurrección, por Voluntad de Jesús, fueron las mujeres, las cuales permanecieron fieles al pie de la Cruz y, por tanto, más firmes en la fe..." (San Juan Pablo II. 21 de mayo de 1997)



La Virgen tenía certeza absoluta de la Resurrección de su Hijo pues El lo había predicho tan abiertamente, pero María ignoraba la hora ya que era indeterminada. Pasó pues la noche del Gran Sábado, que le pareció muy larga, a reflexionar sobre la hora posible de la resurrección.

Sabiendo que David más que los otros profetas habló de la Pasión de Cristo, recurrió el salterio, pero no encontró ninguna indicación sobre la hora. Sin embargo, en el Salmo 56, David, hablando de la persona del Padre a su Hijo, dice: “¡Despierta, alma mía! ¡Despierten, arpa y cítara!” Y el Hijo respondió: “Me despertaré a la aurora!”

Cuando María supo la hora de la Resurrección, pueden ustedes imaginar con cuanta prisa se puso de pie, para ver si la aurora se estaba acercando. Vio que no y acabó el salterio. Luego, quiso asegurarse si los otros Profetas no habían mencionado la hora de la Resurrección, y encontró en el capítulo seis de Oseas este texto: “Nos dará vida después de dos días; al tercer día nos resucitará, y viviremos delante de Él. Y conoceremos, y proseguiremos en conocer al Señor, como el alba está aparejada su salida.”
La Virgen se levantó y dijo: “Estos testigos de la hora en que mi Hijo debe resucitar me bastan…”, luego miró por la ventana y vio que la aurora empezaba a salir. Su alegría fue inmensa y exultó “¡Mi hijo resucitará!”. Después, arrodillándose, se puso a orar: “¡Despiértate, ven ante mí y mira, y Tú, Señor Dios Sabaoth levántate!”

Y de inmediato, Cristo le envió el ángel Gabriel diciendo: “Tú, que anunciaste a mi Madre la Encarnación del Verbo, anúnciale su Resurrección.” Enseguida, el Ángel se presentó ante la Virgen y le dijo: “Alégrate, Reina del cielo, porque el que mereciste llevar en tu seno ha resucitado, según predijo.” Y Cristo saludó a su Madre diciendo: “La paz esté contigo…”

Y María dijo a su Hijo: “¡Hijo mío! Hasta ahora rendía mi culto el sábado para honrar el santo descanso después de la creación del mundo; pero de ahora en adelante, será el domingo en memoria de tu resurrección, de tu descanso y de tu gloria”. Y Cristo lo aprobó.

San Vicente Ferrer. La Resurrección y la Trinidad

EL SEPULCRO VACÍO Y EL ENCUENTRO CON CRISTO RESUCITADO




"...La profesión de fe que hacemos en el Credo cuando proclamamos que Jesucristo 'al tercer día resucitó de entre los muertos', se basa en los textos evangélicos que, a su vez, nos transmiten y hacen conocer la primera predicación de los Apóstoles. De estas fuentes resulta que la fe en la Resurrección es, desde el comienzo, una convicción basada en un hecho, en un acontecimiento real, y no un mito o una 'concepción', una idea inventada por los Apóstoles o producida por la comunidad post-pascual reunida en torno a los Apóstoles en Jerusalén, para superar junto con ellos el sentido de desilusión consiguiente a la muerte de Cristo en Cruz. De los textos resulta todo lo contrario y por ello, como he dicho, tal hipótesis es también crítica e históricamente insostenible. 

Los Apóstoles y los discípulos no inventaron la Resurrección (y es fácil comprender que eran totalmente incapaces de una acción semejante). No hay rastros de una exaltación personal suya o de grupo, que les haya llevado a conjeturar un acontecimiento deseado y esperado y a proyectarlo en la opinión y en la creencia común como real, casi por contraste y como compensación de la desilusión padecida. No hay huella de un proceso creativo de orden psicológico-sociológico-literario ni siquiera en la comunidad primitiva o en los autores de los primeros siglos. 

Los Apóstoles fueron los primeros que creyeron, no sin fuertes resistencias, que Cristo había resucitado simplemente porque vivieron la Resurrección como un acontecimiento real del que pudieron convencerse personalmente al encontrarse varias veces con Cristo nuevamente vivo, a lo largo de cuarenta días. Las sucesivas generaciones cristianas aceptaron aquel testimonio, fiándose de los Apóstoles y de los demás discípulos como testigos creíbles. La fe cristiana en la Resurrección de Cristo está ligada, pues, a un hecho, que tiene una dimensión histórica precisa..." (San Juan Pablo II. Audiencia general. 1 de febrero de 1989)


 Feliz Pascua de Resurrección!
Tanti auguri di buona Pasqua!
Joyeuses Pâques!
Best Wishes for a Happy Easter!

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