Hay un peligro espiritual que conviene mirar de frente: vivir tan pendiente de las formas ajenas que uno acaba perdiendo las propias.
Porque no basta con defender lo sagrado. Hay que hacerlo de un modo santo.
1️⃣ Amar la liturgia, la Eucaristía y la doctrina de la Iglesia es algo bueno, necesario y profundamente católico.
Pero ese amor, si pierde humildad, puede deformarse.
Entonces deja de ser adoración y se convierte en vigilancia.
2️⃣ Uno puede empezar defendiendo lo sagrado y acabar examinando a todo el mundo.
Quién comulga de una manera.
Quién comulga de otra.
Quién se arrodilla.
Quién no se arrodilla.
Quién se mueve.
Quién mira.
Quién canta.
Y mientras tanto, Cristo está en el altar.
3️⃣ La Misa no es una ronda de inspección.
Es el sacrificio de Cristo.
Es la Iglesia orando.
Es el cielo tocando la tierra.
No vamos a Misa para controlar a los demás, sino para dejarnos alcanzar por la gracia de Dios.
4️⃣ Hay una falsa piedad que vive siempre hacia fuera.
Siempre pendiente del error ajeno.
Siempre sospechando.
Siempre corrigiendo.
Siempre midiendo la fe de los demás.
Pero casi nunca se pregunta con sinceridad:
¿Cómo estoy yo delante de Dios?
5️⃣ El celo verdadero nace del amor.
Por eso adora, repara, acompaña y corrige con caridad cuando debe hacerlo.
El falso celo nace muchas veces del miedo, del orgullo o de la ideología.
Por eso no edifica: fiscaliza.
6️⃣ También hay formas de defender la Tradición que terminan traicionándola.
Porque la Tradición no es un refugio para sentirse superior.
Es la vida de la Iglesia recibida con gratitud, custodiada con obediencia y transmitida con caridad.
7️⃣ Cuando uno se cree más católico que la Iglesia, el problema ya no es litúrgico.
Es espiritual.
Porque ha dejado de recibir la fe como un don y ha empezado a fabricarse una iglesia a su medida.
Con sus normas, sus sospechas y sus condenas.
8️⃣ La ideologización religiosa suele empezar de forma sutil:
“Yo defiendo a Cristo”.
Pero poco a poco Cristo queda al servicio de mis enfados, mis filtros, mis batallas y mi necesidad de tener razón.
Y entonces ya no sigo a Cristo.
Uso a Cristo.
9️⃣ La Iglesia no necesita vigilantes aficionados de la gracia.
Necesita santos.
Personas que adoren más.
Que recen más.
Que se confiesen más.
Que amen más.
Que corrijan mejor, cuando toque, y que no confundan la firmeza con la mala educación.
🔟 Cuidar las formas es importante.
Pero también hay que cuidar las propias formas: la delicadeza, la prudencia, la humildad, el respeto, el silencio interior y la obediencia a la Iglesia.
Porque se puede defender una verdad de un modo tan torcido que se acabe oscureciendo la verdad que se quería defender.
1️⃣1️⃣ Quizá conviene volver a lo esencial:
mirar al Señor,
escuchar su Palabra,
recibir su gracia,
adorar con fe,
obedecer a la Iglesia,
y dejar que Cristo convierta primero aquello que en nosotros todavía no es suyo.
1️⃣2️⃣ El peligro no está solo en despreciar las formas.
También está en absolutizarlas hasta olvidar a Cristo.
Y cuando Cristo deja de estar en el centro, aunque hablemos mucho de liturgia, doctrina o tradición, algo se ha torcido.
Fuente:Sacerdos in æternum
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