Protégeme, Señor mío y Dios mío, porque eres nuestro refugio y nuestra esperanza. Tú eres la herencia que nos has dado y nuestra vida está en Tus manos. Bendito seas, Señor, porque nos aconsejas y hasta en el silencio de la noche instruyes nuestro corazón.
Haz que vivamos siempre en Tu presencia, firmes y confiados, porque contigo a nuestro lado jamás tropezaremos. Alégranos el corazón y el alma, danos la paz de saber que nunca nos abandonas y que en Ti encontramos el verdadero camino de la vida.
Sácianos del gozo de Tu presencia y de la alegría perpetua de caminar junto a Ti cada día, y que toda mi vida sea testimonio de fidelidad y alabanza a Ti, para gloria Tuya, Señor mío y Dios mío.
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