Oh María Inmaculada Reina,
mira con bondad a este pobre mundo angustiado y doliente.
Tú conoces nuestra miseria y nuestra debilidad.
Oh tú que eres nuestra Madre, nuestra Reina y nuestro seguro refugio,
ten compasión de nosotros en estos días de gran y pesada prueba.
Jesús te ha confiado el tesoro de su gracia,
y a través de ti quiere concedernos perdón y misericordia.
En estas horas de angustia, por lo tanto, tus hijos acuden a ti como su esperanza.
Reconocemos tu Reinado y deseamos ardientemente tu triunfo.
Confiamos en tu poder como Reina del Cielo y de la tierra.
Te encomendamos nuestra patria, nuestras familias, nuestra Iglesia y a nosotros mismos.
Reina sobre nosotros, queridísima Madre,
y enséñanos a amar y servir a tu Divino Hijo, nuestro Rey, con todo nuestro corazón.
Ayúdanos a vivir como verdaderos hijos tuyos,
para que un día seamos dignos de contemplar tu gloria en el Cielo
y de reinar contigo y con tu Hijo por toda la eternidad.
Amén.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por dejar tu comentario, me alegra el alma