Señor mío y Dios mío, hoy queremos caminar hacia Ti con alegría y con un corazón agradecido, porque grande es el gozo de quienes buscan Tu presencia y desean permanecer en Tu casa.
Así como Jerusalén era lugar de encuentro y de alabanza, haz también de nuestras vidas un templo vivo donde Tu amor habite siempre.
Que nunca perdamos el deseo de acercarnos a Ti, de bendecir Tu Nombre y de vivir unidos como hermanos en la paz que solo Tú puedes dar.
Te pedimos, Señor, que derrames Tus bendiciones sobre nuestras familias, sobre nuestros hermanos y sobre todos aquellos que necesitan consuelo, esperanza y fortaleza.
Que nuestros labios anuncien la paz y que nuestras obras reflejen Tu misericordia.
Permite que cada paso de este día nos acerque más a Tu voluntad y que toda nuestra vida sea testimonio de fidelidad y alabanza a Ti,
Señor mío y Dios mío.
FE y más FE
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