De casi nadie se espera nada… y de la Iglesia se espera todo.
1️⃣ Porque la Iglesia no es una institución más. Es el Cuerpo de Cristo (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 787). Y eso, aunque muchos no lo formulen, lo perciben.
2️⃣ Por eso se exige más a sacerdotes, obispos y al Papa. No porque seamos mejores, sino porque representamos a Cristo. Y eso pesa.
3️⃣ Pero aquí hay una trampa: se exige santidad… sin contar con la gracia. Se pide perfección como si fuéramos solo una estructura humana.
4️⃣ La Iglesia enseña justo lo contrario: “Sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5). La santidad no es rendimiento, es gracia.
5️⃣ ¿Qué hace el demonio? No siempre niega la santidad. A veces la deforma: exige lo imposible para provocar caída o desánimo.
6️⃣ Y además mete un doble rasero: a otros se les disculpa todo “porque son humanos”. A la Iglesia, nada. Eso no es inocente.
7️⃣ Porque si cae un sacerdote, el daño no es solo suyo. Se hiere la fe de muchos. Y ahí es donde aprieta.
8️⃣ Así se genera un ambiente de exigencia constante, sospecha y desgaste. Y muchos colaboran sin darse cuenta.
9️⃣ Pero la verdad permanece: la Iglesia es santa por Cristo. Y nosotros caminamos hacia esa santidad sostenidos por su gracia.
🔟 Quizá la pregunta no es solo qué esperamos de la Iglesia… sino qué está esperando Dios de cada uno.
Al final, el problema no es que se espere mucho de la Iglesia… sino que se ha olvidado de dónde viene su fuerza.
Sin gracia, todo se vuelve exigencia.
Con gracia, todo es una llamada.
Fuente:Sacerdos in æternum
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