Señor mío y Dios mío, en este nuevo día nos ponemos en Tus manos con total confianza, sabiendo que Tú eres nuestra fortaleza y nuestro refugio, la muralla firme que nos salva.
Tú que eres nuestra defensa, dirígenos y guíanos por Tu santo Nombre, para que cada paso que demos esté sostenido por Tu voluntad y no por nuestras propias fuerzas.
En Tus manos encomendamos nuestro espíritu, nuestra vida, nuestras decisiones y todo lo que somos. Tu fidelidad es eterna, y sabemos que jamás abandonas a quienes confían en Ti.
Llénanos de la alegría que nace de Tu misericordia, incluso en medio de las dificultades, y haz que nuestro corazón permanezca firme y sereno en Tu presencia.
Vuelve, Señor, Tus ojos hacia nosotros, Tus siervos, y sálvanos por Tu infinito amor. Mantennos junto a Ti, protégennos de todo mal visible e invisible, y líbranos de las intrigas, de la ansiedad y de todo aquello que quiera apartarnos de Ti.
Que vivamos este día bajo Tu amparo, caminando con fe, con paz y con confianza plena en Tu providencia.
Permite, Señor, que todo lo que hagamos hoy sea para honrarte, y que nuestra vida entera esté en Tus manos, porque sabemos que en ellas encontramos descanso, dirección y salvación.
Y que toda nuestra vida sea testimonio de fidelidad y alabanza a Ti, para gloria Tuya, Señor mío y Dios mío
Amén.
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