Madre María,
tú que abrazaste la Vida en tus brazos…
y también abrazaste la muerte sin soltar el amor,
enséñame a amar como tú.
Enséñame a no huir cuando duele,
a no rendirme cuando pesa,
a no abandonar cuando todo en mí quiere escapar.
Tú viste a tu Hijo crecer,
lo cuidaste, lo protegiste…
y aun así tuviste la valentía de entregarlo
cuando el mundo lo rechazó.
Madre,
¿cómo se ama así… sin romperse?
¿cómo se permanece… cuando el corazón se desgarra?
Enséñame a confiar en Dios
cuando no entiendo sus tiempos,
cuando sus caminos duelen,
cuando su voluntad me atraviesa el alma.
Dame un corazón como el tuyo:
fuerte en el silencio,
fiel en la oscuridad,
y capaz de quedarse… incluso al pie de la cruz.
Que no busque amar solo cuando es fácil,
sino también cuando implica sacrificio,
cuando implica entrega,
cuando implica perder.
Y si algún día me toca vivir mi propia cruz,
no permitas que suelte el amor,
no permitas que me aleje de Dios,
no permitas que mi fe se quiebre.
Madre,
abrázame en mis dolores,
sostén mis heridas,
y llévame de tu mano…
hasta aprender a amar
como tú amaste a Jesús.
Amén.
tú que abrazaste la Vida en tus brazos…
y también abrazaste la muerte sin soltar el amor,
enséñame a amar como tú.
Enséñame a no huir cuando duele,
a no rendirme cuando pesa,
a no abandonar cuando todo en mí quiere escapar.
Tú viste a tu Hijo crecer,
lo cuidaste, lo protegiste…
y aun así tuviste la valentía de entregarlo
cuando el mundo lo rechazó.
Madre,
¿cómo se ama así… sin romperse?
¿cómo se permanece… cuando el corazón se desgarra?
Enséñame a confiar en Dios
cuando no entiendo sus tiempos,
cuando sus caminos duelen,
cuando su voluntad me atraviesa el alma.
Dame un corazón como el tuyo:
fuerte en el silencio,
fiel en la oscuridad,
y capaz de quedarse… incluso al pie de la cruz.
Que no busque amar solo cuando es fácil,
sino también cuando implica sacrificio,
cuando implica entrega,
cuando implica perder.
Y si algún día me toca vivir mi propia cruz,
no permitas que suelte el amor,
no permitas que me aleje de Dios,
no permitas que mi fe se quiebre.
Madre,
abrázame en mis dolores,
sostén mis heridas,
y llévame de tu mano…
hasta aprender a amar
como tú amaste a Jesús.
Amén.
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