Oh Amor, estable, fuerte y siempre victorioso, que tu obrar me enseñe a amar a Jesús con constancia invencible y a servirlo con inquebrantable perseverancia. Despiértame, sacúdame, con el fin que esté siempre listo cuando el Señor llegará, en la primera o segunda vigilia. Que yo no esté aletargado ni adormecido cuando una fuerte voz se escuche a medianoche, sino que bajo tu impulso y tu guía, entre dignamente a las Bodas con el Cordero. Entonces, por gracia, haz que mi lámpara se encuentre plena del aceite de la caridad (Mt 25,4), plena del fuego del amor, plena de la luz espléndida de las obras producto de una fe viva, con el fin que yo pueda poseer las delicias de la vida eterna.
Mi dulcísimo Jesús, Esposo muy amado, despierta ahora en ti a mi espíritu adormecido, en tu muerte, otórgame una vida vivida sólo para ti. Otórgame una existencia que responda dignamente al precio de tu sangre. Dame un espíritu que te guste, un corazón que te sienta, un alma que comprenda tu voluntad, una virtud que cumpla tus deseos, la estabilidad para perseverar contigo. Y, por gracia, a la hora de mi muerte, ábreme sin tardar la puerta de tu bondadoso corazón. Que por ti merite penetrar sin obstáculos en la cámara nupcial de tu vivo amor, en la que gozaré de ti y te tendré a ti, verdadera alegría de mi corazón. Amen
Santa Gertrudis de Helfta (1256-1301)
monja benedictinaEjercicios Espirituales VII (SC 127. Œuvres spirituelles, Cerf, 1967), trad. sc©evangelizo.org
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