El Adviento llega cada año como un regalo discreto: pequeño, silencioso, capaz de reorientar la vida si se abre un espacio a la venida del Señor.
1️⃣ Este tiempo no es una simple antesala de la Navidad. Es una llamada a despertar y a mirar la propia historia con la certeza de que Dios sigue viniendo.
2️⃣ La Iglesia lo vive con tres miradas: la venida histórica en Belén, la venida final en gloria y la venida diaria del Señor en lo oculto, donde solo entra quien permanece atento.
3️⃣ Isaías muestra el Adviento como una subida al monte del Señor. Subir exige esfuerzo, pero despeja la vista. Desde esa altura, la vida y Dios se ven con más claridad.
4️⃣ La liturgia repite la invitación a la vigilancia. No es vivir tensos, sino despiertos. La fe no es sueño profundo; es un corazón que late esperando a Cristo.
5️⃣ Mientras muchos viven diciembre corriendo, el Adviento propone detenerse: hacer silencio, discernir, preguntarse qué necesita el alma para recibir al Señor con verdad.
6️⃣ Este tiempo educa el deseo. Solo entiende la Navidad quien vuelve a desear: desear la paz, la conversión, la luz que Dios quiere dar a cada rincón oscuro.
7️⃣ La llamada es sencilla: “preparad el camino”. No se piden heroicidades, sino quitar obstáculos. A veces basta un perdón, una reconciliación, un gesto de oración sincero.
8️⃣ Dios no improvisa. Se acerca lentamente, con ternura, sin ruido. Y llega por donde menos se esperaba… pero siempre llega.
9️⃣ Si cuesta vivir el Adviento, no es un fracaso. Este tiempo no exige sentir, exige abrir. Basta una rendija para que la Luz empiece a entrar.
🔟 El propósito podría ser este: caminar con la luz que uno tenga, aunque sea poca. Lo importante no es la cantidad de luz, sino avanzar hacia Aquel que es la Luz.
Sacerdos in æternum
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