en esta mañana quiero levantar mi voz
para darte gracias desde lo más profundo
de mi corazón. Gracias por todas las
oportunidades que has puesto en mi
camino, por abrir puertas cuando creí que
ya no habría más, por acompañarme en
cada etapa de mi vida y por ayudarme
a crecer como persona incluso cuando
yo mismo no sabía cómo hacerlo.
Hoy reconozco, Señor, que he fallado
muchas veces y aun así, jamás me
dejaste solo.
Siempre estuviste dispuesto a
perdonarme, a darme un nuevo inicio, a
recordarme que tu misericordia es más
grande que mis errores.
Nunca me reprochaste mis
faltas por equivocaciones, nunca
juzgaste mi pasado ni mis decisiones, ni
los planes que guardo para el futuro. Al
contrario, me has dado tu apoyo
incondicional, caminando conmigo paso
a paso, hablándome con suavidad,
guiándome incluso cuando mis oídos se
cerraban y mi corazón se distraía.
Sé que muchas veces he decidido no
escucharte, pero aún así sigues
hablándome. Lo haces porque no quieres
verme desviado, porque quieres evitar
que duela más de lo necesario, porque
deseas que aprenda sin quedar roto.
Te pido, Señor, que nunca dejes de
hacerlo. No dejes de enseñarme,
de guiarme, de corregirme con tu amor.
Forma mi corazón, hazme uno de tus
discípulos, para que pueda seguirte con
fidelidad y hablar de tus enseñanzas
con humildad y dignidad.
Que mi vida sea un testimonio sincero
de tu amor y de tu verdad.
Te alabo, te bendigo, mi Señor, por ser
mi guía, mi maestro, mi refugio y mi
fuerza. En tus manos pongo este día y
mi deseo de vivirlo según tu voluntad.
Amén
fuente:Louisa.gcia
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