Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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ACI prensa

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

domingo, 2 de febrero de 2020

Por voluntad divina, María da Jesús a los hombres



En el episodio de la Presentación, uno puede percibir el encuentro de la esperanza de Israel con el Mesías. También puede verse como un signo profético del encuentro del hombre con Cristo. El Espíritu Santo lo hace posible, al despertar en el corazón humano el deseo de este encuentro salvífico y permitir su realización. 

No podemos ignorar el papel de María, que le da el Niño al anciano y santo Simeón. Por voluntad divina, es su Madre quien da a Jesús a los hombres. Al revelar el futuro del Salvador, Simeón se refiere a la profecía del "Siervo" enviado al Pueblo Elegido y a las naciones. El Señor le dijo: “Te he llamado para cumplir mi justicia, te he formado y tomado de la mano, te he destinado para que unas a mi pueblo y seas luz para todas las naciones” (Is 42, 6). Y también: “No vale la pena que seas mi servidor únicamente para restablecer a las tribus de Jacob, o traer sus sobrevivientes a su patria. Tú serás, además, una luz para las naciones, para que mi salvación llegue hasta el último extremo de la tierra” (Is 49, 6). 

En su cántico, Simeón invierte la perspectiva, haciendo hincapié en la universalidad de la misión de Jesús: porque mis ojos han visto tu salvación, que has preparado en presencia de todos los pueblos, luz para iluminar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel (Lc 2, 30-32). ¿Cómo no maravillarse ante tales palabras? Su padre y su madre estaban asombrados de lo que se decía sobre Él (Lc 2, 33). Pero José y María, gracias a esta experiencia, entienden más claramente la importancia de su gesto de ofrenda en el Templo de Jerusalén. Presentan a Aquel que, siendo la gloria de su pueblo, es también la salvación de toda la humanidad


Papa san Juan Pablo II: Catequesis sobre el Credo, 11 de diciembre 1996.





sábado, 1 de febrero de 2020

El Rosario, una oración que facilita el discernimiento

El Santo Rosario es una oración muy útil cuando nos preguntamos si Dios nos llama a ser solteros, casados, religiosos o sacerdotes. 

Las encuestas anuales de los sacerdotes recién ordenados informan regularmente que antes de ingresar al seminario, más del 70% de ellos rezaba regularmente el Rosario. 

Si parto de mi experiencia personal, puedo pensar en al menos tres razones para rezarlo: 

1. En tiempos de duelo o crisis, a la cabecera de un ser querido que está muriendo o mientras conduzco bajo una tormenta de nieve, es difícil rezar y concentrarse. El Rosario nos permite aferrarnos, literal y figurativamente, a algo divino. Sostener un rosario en las manos y deslizarlo entre los dedos mientras uno recita las oraciones puede ayudar a reducir la ansiedad y tener un efecto calmante, como un niño que se esconde y aferra a las faldas de su madre. 

2. Oramos para pedir lo que necesitamos y le rezamos a Quien puede librarnos. A veces le pedimos a María que interceda ante Dios por nosotros que somos pecadores, diciendo, por ejemplo: “Ofrecemos este Rosario para pedir más vocaciones sacerdotales para nuestra diócesis”.
En este sentido, la fiesta de Nuestra Señora del Rosario (7 de octubre) se estableció en agradecimiento a María por su poderosa intercesión que permitió la victoria en la Batalla de Lepanto. 

3. El corazón del Rosario es meditar en los misterios de la vida de Jesús y María. Cuando rezamos así el Rosario, no pensamos demasiado en las palabras de las oraciones. Las decimos a un ritmo más lento y regular. Se ha demostrado, incluso científicamente, que este tipo de recitación calma y mejora la concentración. Esta disposición interior, por tanto, facilita la reflexión sobre los misterios del Rosario, para poder imitar lo que contienen y obtener lo que prometen. 

Por estas razones, lo más importante es rezar el Rosario, ya sea a solas o con otros, en la iglesia o en otro lugar. Ese Rosario cuyo mensaje esencial es en última instancia decir "sí” a la voluntad de Dios.

Monseñor Michael Owen Jackels, arzobispo de Dubuque (Iowa, USA), 13 de noviembre de 2019
https://www.mariedenazareth.com/ 



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