Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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ACI prensa

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

martes, 26 de septiembre de 2017

JESÚS SE MUESTRA A SANTA GEMA GALGANI




El Jueves Santo por la tarde comencé a hacer la Hora santa, Pasé la hora entera rezando y llorando; hasta que, cansada como estaba, me senté. Poco después me sentí recogida. Noté que empezaban a faltarme las fuerzas y a duras penas pude levantarme para cerrar con llave la puerta de la habitación. ¿Dónde me encontré?
Me encontré delante de Jesús crucificado en ese mismo momento. Derramaba sangre por todas partes. Bajé enseguida los ojos... “Hija, me dijo, estas llagas las habías abierto tú con tus pecados*, pero ahora alégrate, porque todas las has cerrado con tu dolor. No me ofendas más. Ámame como yo siempre te he amado. Ámame”, me repitió muchas veces.

lunes, 25 de septiembre de 2017

Las tres cruces




En las tres cruces del Calvario, el Señor nos ha querido dejar una enseñanza sobre el modo de sufrir. 

Efectivamente en esas tres cruces estaban Jesús al centro, el Buen ladrón a la derecha del Señor, y el otro ladrón a su izquierda. Y los tres sufrían la misma pena, pero de diverso modo y con distinto resultado. 

Jesús sufría como santo, siendo inocente pagaba con el sufrimiento por todos los pecados de los demás. 

El buen ladrón sufría para saldar la deuda contraída por él mismo con la Justicia divina, pues había sido ladrón en su vida, y con su padecer pagaba y expiaba por sí mismo. 

En cambio el otro ladrón sufría pero en balde, pues no le sirvió el dolor para entrar en razón y aprovecharlo para reparar su mal obrar, sino que después de haber sufrido mucho en la tierra, maldiciendo e imprecando a Dios, se precipitó en el abismo infernal para continuar sufriendo terriblemente por toda la eternidad. 

Por eso es aquellas tres cruces del Gólgota, Dios nos ha querido decir cómo hay que sufrir, o mejor dicho, cuáles son las maneras de sufrir y de aceptar o no los sufrimientos. 

A veces tendremos que sufrir inocentemente. Hay muchas personas que padecen algún mal o enfermedad, y no es porque hayan sido culpables de pecado o hayan hecho alguna maldad. Y entonces así se asemejan al Salvador, que padeció por los pecadores y ganó un gran premio en el Cielo. 

Otras veces quizás tengamos que sufrir como justa consecuencia de nuestros propios pecados, y entonces tendremos que resignarnos, sabiendo que nuestros dolores nos obtienen el perdón de Dios y expiamos en este mundo lo que, de otro modo tendríamos que expiar por siglos en el Purgatorio. 

Pero atención a no sufrir en balde, porque si padecemos como el mal ladrón, que imprecaba y maldecía en su dolor, eso no nos servirá para ganar el Cielo, sino para hacernos más demonios, dignos del Infierno. 

¿Cómo tomamos el dolor que llega a nuestra puerta? Ojalá tratemos de ofrecer nuestros dolores como Jesús o el Buen ladrón, es decir, como pequeños redentores o como reparadores del mal cometido. De ese modo tendremos asegurado el Cielo y vislumbraremos que el sufrimiento da su fruto si lo sabemos llevar bien.


sábado, 23 de septiembre de 2017

Virgen y Señora de la Merced





Virgen y Señora de la Merced, a Ti suplicamos que, mediante tu maternal intercesión ante tu hijo Jesucristo, nos alcances la verdadera libertad de los hijos de Dios y nos hagas libres de cualquier esclavitud, de modo que experimentemos en nosotros la alegría de la salvación.
Amén




viernes, 22 de septiembre de 2017

DIOS NOS NECESITA




Saberse bajo la bendición de Dios hace bien desde lo profundo.
Dios nos asegura que va con nosotros, que confía en nosotros, que nos quiere bien.

Pero a la vez nos dice; sé Tú una bendición.
Te necesito.


Nos dice:

A través de ti quiero hacer llegar mi amor a muchas personas.
Por tí las cosas en este mundo habrán de hacerse un poco mas luminosas y hermosas, quiero obrar a través de ti.

La promesa de Dios vale especialmente ahora que no sabemos que hacer en medio de las preocupaciones y dificultades, lo que nos abruma, el sufrimiento por tanto desastre natural, todo puedo convertirlo en sacrificio, en una ofrenda para Dios.

¿Para quién quiero ser especialmente una bendición hoy?

Propósito:
Hoy examinaré mi vida para descubrir cuánto tengo que agradecer y que bendiciones tan grandes tengo a mi alrededor. Y dónde puedo yo ofrecer mis gracias y talentos.

Oración:
Dios mío, tu estás cerca de mi y me necesitas.
Te ofrezco mis talentos y mis debilidades.
Transfórmalo todo en bendición para muchos e infúndeme la alegría de poder servirte en este momento.
Amén.


NOS HICISTE, SEÑOR, PARA TI




En el ambiente profano de hoy, de cada adelanto de la ciencia se hace un arma contra la religión. La política cuenta entre sus fines principales, y en formas más o menos declaradas, descristianizar a los pueblos. El derecho y la moral, después de haber echado a Dios de su campo, buscan afanosos un clavo ardiendo a que agarrarse, algo que les pueda servir de cimiento, por deleznable que sea, para sustituir a Cristo. Así, ¿qué tiene de extraño que nada se tenga en pie, que todo se tambalee, que todo esté en crisis en los tiempos que corremos... ? Faltó la teología, faltó la fe, y faltó, consiguientemente, como el alma de la humanidad. La razón autónoma no pudo sostenerse. Se perdió el sentido de la vida y, naturalmente, el de la muerte. Y, al querer suprimir misterios, todo se convirtió en misterio; y el hombre no encuentra ni fuera ni dentro de sí, sino insolubles problemas. Y nuestra voluntad con ansias infinitas, ¿adonde se encaminará?... ¿Cerrar los ojos? ¿Dejar que la bestia impere...? Pero hay algo vivo siempre en nuestro interior que no se sacia, que no se puede saciar con lo que se sacian las bestias. «Hicístenos, Señor, para ti, decía San Agustín, y nuestro corazón no descansa mientras no descanse en ti».
Antonio Royo Marín (Teólogo)



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