Jesús, no quiero abandonarte, antes bien, deseo dar testimonio de ti a los hombres. Quiero darte a conocer a quienes no han oído hablar de ti. Sé que no será fácil, porque el mundo odia los que te pertenecemos, pero “Tú has vencido al mundo”, y con esa confianza, quiero aventurarme en el anuncio de tu Persona. Catholic.net
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ACI prensa

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. http://la-oracion.com

sábado, 24 de octubre de 2020

Santísima Virgen de El Cisne

 


Santísima Virgen de El Cisne y Madre mía María, a ti que eres la Madre de mi Señor, la Reina del mundo, la Abogada, la Esperanza, el Refugio de los pecadores, recurro hoy, yo que soy el más miserable de todos, te venero, oh gran Reina y te agradezco por todas las gracias me has dado hasta ahora, especialmente haberme librado del infierno, tantas veces merecido por mí.

Yo te amo, Señora amabilísima, y por el amor que te tengo, prometo querer servirte siempre y hacer todo lo que pueda para que tú seas amada más por los demás.

Pongo en ti, después de Jesús, todas mis esperanzas, toda mi salud, acéptame como tu siervo, y acógeme bajo tu manto, tú, Madre de Misericordia.

Y ya que eres tan potente ante Dios, líbrame de todas las tentaciones o obténme la fuerza de vencerlas hasta la muerte.

A ti te pido el verdadero amor a Jesucristo, de ti espero hacer una buena muerte, Madre mía, por el amor que tienes a Dios, te ruego me ayudes siempre, pero más en el último momento de mi vida. No me abandones hasta no verme salvo en el cielo, bendiciéndote y cantando tus misericordias por toda la eternidad.

Amén.


jueves, 22 de octubre de 2020

San Juan Pablo II


 ¡Oh San Juan Pablo, desde la ventana del Cielo dónanos tu bendición!

Bendice a la Iglesia, que tú has amado, servido, y guiado, animándola a caminar con coraje por los senderos del mundo para llevar a Jesús a todos y a todos a Jesús.

Bendice a los jóvenes, que han sido tu gran pasión. Concédeles volver a soñar, volver a mirar hacia lo alto para encontrar la luz, que ilumina los caminos de la vida en la tierra.

Bendice las familias, ¡bendice cada familia!

Tú advertiste el asalto de satanás contra esta preciosa e indispensable chispita de Cielo, que Dios encendió sobre la tierra. San Juan Pablo, con tu oración protege las familias y cada vida que brota en la familia.

Ruega por el mundo entero, todavía marcado por tensiones, guerras e injusticias. Tú te opusiste a la guerra invocando el diálogo y sembrando el amor: ruega por nosotros, para que seamos incansables sembradores de paz.

Oh San Juan Pablo, desde la ventana del Cielo, donde te vemos junto a María, haz descender sobre todos nosotros la bendición de Dios. 

Amén.


https://www.facebook.com/1524183914/posts/10224497532895544/

Abrazados por un fuego de amor

Todo lo que hagamos, así fuera el acto más heroico que quebrara las bases del mal en esta tierra, sólo tendrá valor en la medida que esté de acuerdo con la voluntad de la Inmaculada y, a través de ella, con la voluntad de Dios…Es el amor en toda su profundidad (más allá de los sentimientos, aunque eso sea también bello) que debe transformarnos, a través de la Inmaculada, en Dios. Debe consumirnos y con nosotros poner fuego al mundo, destruir y quemar el mal que está en él. Es el fuego del que el Salvador dice: “Yo he venido a traer fuego sobre la tierra” (Lc 12,49).

Consumidos por ese fuego del amor divino, vamos a incendiar el mundo entero. Insisto, no se trata de dulces lágrimas ni de sentimientos sino de voluntad, mismo en medio de la aversión y antipatía. El amor no reposa jamás sino que se propaga como el fuego que quema todo. Nosotros los humanos, debemos tender a ser abrazados por ese fuego del amor y que él inflame a todas las almas que están y estarán en el mundo. Ese es el ideal hacia el que tenemos que tender. Recordemos la palabra de Jesús: “Yo he venido a traer fuego sobre la tierra” (Lc 12,49). Debemos hacer todo lo que podemos, para que este amor se alumbre cada vez más.

San Maximiliano Mª Kolbe (1894-1941)
franciscano, mártir
Conversaciones del 2/1932, 20/6/1937 y 22/10/1938 (Entretiens spirituels inédits, Lethielleux, 1974), trad. sc©evangelizo.org

miércoles, 21 de octubre de 2020

San José

 


Oh castísimo esposo de la Virgen María, mi amantísimo protector San José! Todo el que implora vuestra protección experimenta vuestro consuelo. Sed, pues, Vos mi amparo y mi guía. Pedid al Señor por mí; libradme del pecado, socorredme en las tentaciones y apartadme del mal y del pecado. 

Consoladme en las enfermedades y aflicciones. Sean mis pensamientos, palabras y obras fiel trasunto de cuanto os pueda ser acepto y agradable para merecer dignamente vuestro amparo en la vida y en la hora de la muerte. 

Amén.


https://www.solumverbumdei.com/

"Si has caído, levántate con más esperanza"

Si has caído, levántate con más esperanza... Sólo el amor propio no entiende que el error, cuando se rectifica, ayuda a conocerse y a humillarse. (Surco, 724)

¡Adelante, pase lo que pase! Bien cogido del brazo del Señor, considera que Dios no pierde batallas. Si te alejas de El por cualquier motivo, reacciona con la humildad de comenzar y recomenzar; de hacer de hijo pródigo todas las jornadas, incluso repetidamente en las veinticuatro horas del día; de ajustar tu corazón contrito en la Confesión, verdadero milagro del Amor de Dios. En este Sacramento maravilloso, el Señor limpia tu alma y te inunda de alegría y de fuerza para no desmayar en tu pelea, y para retornar sin cansancio a Dios, aun cuando todo te parezca oscuro. Además, la Madre de Dios, que es también Madre nuestra, te protege con su solicitud maternal, y te afianza en tus pisadas.

Advierte la Escritura Santa que hasta el justo cae siete veces. Siempre que he leído estas palabras, se ha estremecido mi alma con una fuerte sacudida de amor y de dolor. Una vez más viene el Señor a nuestro encuentro, con esa advertencia divina, para hablarnos de su misericordia, de su ternura, de su clemencia, que nunca se acaban. Estad seguros: Dios no quiere nuestras miserias, pero no las desconoce, y cuenta precisamente con esas debilidades para que nos hagamos santos (...)

Me postro ante Dios, y le expongo con claridad mi situación. Enseguida recibo la seguridad de su asistencia, y escucho en el fondo de mi corazón que El me repite despacio: meus es tu!; sabía -y sé- cómo eres, ¡adelante! (Amigos de Dios, nn. 214-215)

opusdei

 

Oración


Está en mi corazón el deseo de amarte.

Está en mi interior el deseo de buscarte.

Está en mis silencios el deseo de escucharte.

Pero no siempre amo,

no siempre te busco,

no logro silenciarme para escucharte.


Entonces Señor,

hazme dispuesto a amarte.

Por ello te pido

ayúdame a hallarte.


Entonces Jesús,

dispón de mi corazón para oír tu voz .

Puedo tenerlo todo pero sin ti no hay vida.

Puedo ocupar mi mente y evitar el buscarte pero Tú siempre me recuerdas tu fidelidad, que me amas a lo grande.

Es la nueva vida que cambia al más incrédulo en recibir tu amor y perdón…

Por este corazón que desea amarte

te pido nueva vida para ser

instrumento de amor en cada día. Amén y Amen. 

Cristopher Fiat

lunes, 19 de octubre de 2020

Almas del purgatorio


"Son por tanto espantosamente grandes las penas de las ánimas benditas del purgatorio, y además ellas no pueden valerse por sí mismas. Lo decía el Santo Job con aquellas palabras: Encadenadas están y amarradas con cuerdas de pobreza. Reinas son y destinadas al reino eterno, pero no podrán tomar posesión de él, y tendrán que gemir desterradas hasta que queden totalmente purificadas. Sostienen algunos teólogos que pueden ellas en parte mitigar sus tormentos con sus plegarias, pero de todos modos no podrán nunca hallar en sí mismas los recursos suficientes y tendrán que quedar entre aquellas cadenas hasta que no hayan pagado cumplidamente a la justicia divina. Así lo decía un fraile cisterciense, condenado al purgatorio, al hermano sacristán de su monasterio-. Ayúdame, le suplicaba, con tus oraciones, que yo por mí nada puedo. Y esto mismo parece repetir San Buenaventura con aquellas palabras: Tan pobres son aquellas benditas ánimas, que por sí mismas no pueden pagar sus deudas.  

    Lo que sí es cierto y dogma de fe es que podemos socorrer con nuestros sufragios y sobre todo con nuestras oraciones a aquellas almas santas. La Iglesia alaba estas plegarias y ella misma va delante con su ejemplo."

 

San Alfonso María de Ligorio

sábado, 17 de octubre de 2020

Amantísima Madre mía, María Santísima del Carmen!

 


¿A quién sino a Vos, que sois la salud de los enfermos, el consuelo de los afligidos y el amparo de los desvalidos, he de acudir en esta extrema necesidad en que me hallo?

Vos bien sabéis, Madre mía, que por la divina voluntad de Dios llevo padeciendo tanto tiempo con esta penosa enfermedad, sin que hasta ahora haya podido encontrar consuelo en los médicos de la tierra; antes, al contrario, mis sufrimientos van aumentando de día en día, mientras siento agotarse mis escasas fuerzas y me va faltando la necesaria paciencia para soportarlos.

Espero de vuestro bondadoso corazón ¡oh María!

que os compadeceréis de mí, y que me otorgaréis la salud de que carezco, pues no en balde cubro mi pecho con vuestro Sagrado Escapulario, que es prenda de vuestra amorosa protección y universal medicina en las enfermedades del espíritu y del cuerpo.

En retorno de esta gracia, que no me negaréis, yo os consagro mi alma con todas sus potencias, mi cuerpo con todos sus sentidos;

en una palabra, todo mi ser, para que Vos dispongáis de mí como cosa que os pertenece. Si Dios Nuestro Señor, en sus altos juicios, no quisiere darme la salud que por vuestra mediación le imploro, porque tal vez convenga para su gloria y mi propia salvación el que yo sufra y padezca con esta enfermedad, entonces os pido, Madre mía, que me alcancéis de Su Divina Majestad la virtud de la paciencia, para que con ella pueda sobrellevar mis padecimientos con la resignación propia de un buen cristiano, y por medio de ellos purificarme por completo de todos mis pecados a fin de conseguir la gloria eterna. 

Amén.

«El Espíritu Santo os enseñará lo que tenéis que decir»

Prendidos, pues, los santos citados, fueron presentados al prefecto de Roma, por nombre Rústico, que les preguntó:

- ¿Qué doctrina profesas?

Justino respondió:

- He procurado tener noticia de todo linaje de doctrinas; pero sólo me he adherido a las doctrinas de los cristianos...

El prefecto Rústico dijo:

- ¿Qué dogma es ése?

Justino respondió:

- El dogma que nos enseña a dar culto al Dios de los cristianos, al que tenemos por Dios único, el que desde el principio es hacedor y artífice de toda la creación, visible e invisible; y al Señor Jesucristo, por hijo de Dios, el que de antemano predicaron los profetas que había de venir al género humano, como pregonero de salvación y maestro de bellas enseñanzas.

Y yo, hombrecillo que soy, pienso que digo bien poca cosa para lo que merece la divinidad infinita, confesando que para hablar de ella fuera menester virtud profética, pues proféticamente fue predicho acerca de éste de quien acabo de decirte que es hijo de Dios. Porque has de saber que los profetas, divinamente inspirados, hablaron anticipadamente de la venida de Él entre los hombres.

El prefecto Rústico dijo:

- ¿Dónde os reunís? ¿Dime dónde os reunís, quiero decir, en qué lugar juntas a tus discípulos?

Justino respondió:

- Yo vivo junto a cierto Martín, en el baño de Timiolino, y ésa ha sido mi residencia todo el tiempo que he estado esta segunda vez en Roma. No conozco otro lugar de reuniones sino ése. Allí, si alguien quería venir a verme, yo le comunicaba las palabras de la verdad.

El prefecto Rústico dijo:

- Luego, en definitiva, ¿eres cristiano? 

Justino respondió:

- Sí, soy cristiano. 

El prefecto Rústico dijo a Caritón: 

- Di tú ahora, Caritón, ¿también tú eres cristiano?

Caritón respondió:

- Soy cristiano por impulso de Dios. 

El prefecto Rústico dijo a Caridad:

- ¿Tú qué dices, Caridad? 

Caridad respondió:

- Soy cristiana por don de Dios...

Peón se levantó y dijo: 

Yo también soy cristiano.

El prefecto Rústico dijo a Liberiano:

- ¿Y tú qué dices? ¿También tú eres cristiano? ¿Tampoco tú tienes religión? 

Liberiano respondió:

- También yo soy cristiano; en cuanto a mi religión, adoro al solo Dios verdadero.

El prefecto dijo a Justino:

- Escucha tú, que pasas por hombre culto y crees conocer las verdaderas doctrinas. Si después de azotado te mando cortar la cabeza, ¿estás cierto que has de subir al cielo? 

Justino respondió:

- Si sufro eso que tú dices, espero alcanzar los dones de Dios; y sé, además, que a todos los que hayan vivido rectamente, les espera la dádiva divina hasta la conflagración de todo el mundo. 

El prefecto Rústico dijo:

- Así, pues, en resumidas cuentas, te imaginas que has de subir a los cielos a recibir allí no sé qué buenas recompensas. 

Justino respondió:

- No me lo imagino, sino que lo sé a ciencia cierta, y de ello tengo plena certeza.

 

Actas del martirio de san Justino y compañeros (c.163)
(Trad. BAC 75, 311-316)

evangelizo.org

 

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